La Jornada 29 de junio de 1996

``Nadie'' conoce a los Lupercio en su tierra

Mireya Cuéllar, enviada, y Gerardo Rico, corresponsal /III, Guadalajara, Jal. Ť Más allá del sonido de las balas y la furia de los ajustes de cuentas, la mafia del narcotráfico es un mundo de silencios, de puertas que se cierran y voces temblorosas que aseguran no saber ``nada''.

Así es Ahualulco del Mercado. Un pueblo silencioso, limpio, de parque adoquinado. El palacio municipal, la iglesia, la cantina, todo alrededor de la plaza principal. Es el pueblo de los hermanos Lupercio Serratos, de Pedro y Filiberto. De Sergio, ejecutado el año pasado.


Pedro Lupercio Serratos, el presunto nuevo
jefe del
cártel de Ciudad Juárez

Casi toda su vida la pasaron aquí. Pero casualmente hoy nadie los conoce. Ni el paletero, ni el cantinero, ni algunos representantes de la autoridad. Vaya, ni el diputado local del PAN por el XVII distrito de Ahualulco, Efraín Gerardo Miramontes, quien trabajó en una carnicería propiedad de los Lupercio Serratos.

El legislador se ve obligado a esbozar algo más que un simple ``no sé nada''. Fue compañero de Sergio Lupercio en la secundaria. Años después, a finales de 1994, se encontraron en la plaza principal del pueblo y Sergio le propuso hacerse cargo de la venta de ``cortes finos'' en una carnicería de Guadalajara.

``Me sorprende que estén tan gruesos como dicen en asuntos de narcotráfico. A mí, la verdad, me gustaba la hermana de Sergio; Cuquis, le decían'', comenta el diputado panista, quien no puede controlar su risa nerviosa.

``Tienen sus ranchos, iban de vez en cuando y ayudaban a la gente pobre; también prestaban su ganado para los jaripeos, cooperaban siempre con la iglesia... por las apariencias eran ricos, pero también parecía haber gente más rica que ellos en el pueblo''.

Al diputado Miramontes se le escapa una cifra precisa, cuando se le pregunta: ¿cuántos hermanos son?. Contesta que 13, pero inmediatamente rectifica: ``Bueno, no estoy seguro, porque yo no los conocía bien, pero son más de 10''.

¿Quiénes son los Lupercio Serratos?

No sólo el diputado del PAN se pone nervioso cuando escucha esos apellidos ligados a su nombre. Hoy, ningún político local los conoce y si los conoció, ni se acuerda.

También Saúl Tapia Contreras, el ex oficial mayor del gobierno a quien se acusa de ser el administrador de los Lupercio, parece haber salido de la nada. Del PAN no era militante, aunque controlaba el gasto corriente de la administración panista, y del PRI menos, aunque haya manejado las finanzas en la campaña a la alcaldía de Guadalajara de Ismael Orozco Loreto.

Nadie le reconoce cercanía, tan sólo Ivonne Aguilar, la contadora de los ``negocios lícitos'' de los Lupercio Serratos, quien lo identifica como el administrador con quien ella veía todo lo relacionado con los dineros de la carnicería, la estética y la agencia de viajes cuya contabilidad manejaba.

Pocos ciudadanos de a pie habían reparado en los hermanos Lupercio Serratos. Pero los últimos días se repitieron sus nombres con naturalidad, sus apellidos se escucharon por la radio cuando menos una vez al día y casi todos saben que son el grupo de narcotraficantes con que se liga a Saúl Tapia Contreras, el ex oficial mayor del gobierno que nadie sabe bien a bien dónde está, y a la secretaria del procurador de Justicia, Anaceli Velasco Palomera, situación que por añadidura ha puesto bajo sospecha al secretario de Gobierno y al procurador.

El delegado de la PGR en el estado, Jorge Antonio Mirón Reyes, dice que él supo de la existencia de los Lupercio recientemente; Pedro Lupercio, ``se dice'', es ya el nuevo jefe del cártel de Juárez o cuando menos está en plena disputa con Amado Carrillo, El señor de los cielos, por el control del tráfico de drogas en esa región del país.

Un informe ``confidencial'' de la V Región Militar, con copia para la Secretaría de la Defensa Nacional, fechado el 29 de septiembre del año pasado, dice que a Pedro Lupercio Serratos se le conoce también con los nombres de Valentín Parra o Alberto Valencia, y con los alias de El Titiritero, El Cacharro y El Rápido. ``Se desempeña en el ámbito del narcotráfico en el área de Tala, Ahualulco del Mercado, Etzatlán y Antonio Escobedo, en el estado de Jalisco'', dice el informe recabado por personal rural perteneciente al pelotón de Ojo de Agua, en Ahualulco.

Del padre, Filiberto Lupercio, el informe señala que ``usufructúa una finca muy grande ubicada en Ahualulco, en donde ha hecho grandes fiestas con músicos y artistas reconocidos, llegando muchos carros elegantes de distintas partes. Se dice que es suegro de un Caro Quintero, un familiar cercano de Rafael. El y sus hijos controlan la siembra desde el municipio de Antonio Escobedo hasta Mascota, Jalisco. Al parecer, todos se dedican al narcotráfico de mariguana y cocaína''.

En los cuerpos policiacos locales el comentario es que Pedro Lupercio era hasta hace no mucho un productor de mariguana, pero sobre todo un intermediario.

Un hombre de unos 40 años de edad, que gusta vestir ropa deportiva o pantalones vaqueros, que era visto con frecuencia en la región comprando mariguana a los pequeños productores.

Pero en los últimos tiempos se ha dado un reacomodo en la esfera del narcotráfico nacional. Se detuvo a Héctor El Güero Palma y al Chapo Guzmán, y en Ciudad Juárez, Chihuahua, el vocero de la PGR, Hugo Valles, declaró el pasado 24 de enero que existen versiones de que Amado Carrillo había dejado el estado debido al acoso de los militares que se concentraron ahí para combatir el narcotráfico, y perseguido por la DEA.

Al parecer, dijo el mismo vocero, un nuevo capo de nombre Pedro Lupercio, ocupa el cargo de máximo jefe.

Vieja relación con los Arellano

En Guadalajara se habla de una vieja relación entre la banda de los Arellano Félix y los Lupercio Serratos. No sólo por los negocios, pues se supone que los Lupercio eran surtidores de los Arellano, sino también de tipo familiar. Un hermano de Manuel Salcido Azueta, El Cochiloco, estaba casado con una hermana de los Lupercio, Arcelia. El Cochiloco fue, hasta el día que murió asesinado, uno de los hombres más poderosos del cártel que encabezan los Arellano Félix.

Hijos de un ex presidente municipal del PRI --Filiberto Lupercio fue alcalde de Antonio Escobedo, cercano a Ahualulco--, los Lupercio llamaron la atención por primera vez el 29 de enero de 1993. En las avenidas Patria y Pablo Neruda, varios de sus gatilleros intentaron asesinar a Tomás Colsa McGregor.

Este sujeto, un vendedor de joyas a quien Pedro Lupercio le debía una fuerte suma de dinero en diamantes y esmeraldas, escapó ileso del atentado y narró a la Procuraduría de Justicia del estado --en la averiguación previa 2588/ 93-- que su cliente se dedicaba al narcotráfico y que contaba con muchos amigos en la PGR que ``le daban pitazos'', por lo que nunca tenía problemas con la ley.

Durante el atentado contra Colsa McGregor, se detuvo a uno de los agresores de nombre Miguel Angel Azueta Ontiveros El Mickey, sobrino del Cochiloco, quien según consta en la averiguación previa 2588/93, manifestó que sus amigos El Güero Jaibo, El Tiroloco, El Negro, El Chino, El Chucky y El Ulises, lo ``invitaron'' para que fueran a buscar un tipo al que querían matar.

Platicó también que los había conocido en Sinaloa y por el tiempo que convivió con ellos se dio cuenta que pertenecían al grupo de Humberto Bañuelos Rodríguez La Rana, el más temido gatillero de los hermanos Arellano Félix.

Según Colsa McGregor, Pedro Lupercio contrató a La Rana para que lo matara.

Los sobrenombres de algunos miembros de la banda de La Rana que participaron en el atentado a Colsa McGregor, se volvieron a escuchar tiempo después, durante las investigaciones del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Según el informe de la Fiscalía Especial, los presuntos asesinos materiales del prelado fueron El Güero Jaibo y/o Güero Camarón, Francisco Murillo Díaz, y El Negro, José Luis N.

A Pedro Lupercio se le giró una orden de aprehensión porque en el atentado contra Colsa McGregor murió un acompañante del joyero y varios policías resultaron heridos, pero se amparó y no se volvió a saber de él hasta el 24 de marzo de 1995, cuando varios gatilleros trataron de asesinarlo en esta ciudad y no lo lograron. Fue lesionado a la altura del cuello con un balazo en ``sedal''. Pero nada más.

Dos meses después, el 23 de mayo, Sergio Lupercio Serratos fue asesinado en el cruce de las avenidas Patria y Tepeyac. Tenía 26 años y murió dentro de su camioneta pickup, de ocho impactos en la cabeza que le dispararon desde un auto en movimiento con un AK-47.

El último incidente, el que más ha llamado la atención, ocurrió el 29 de mayo de este año. El Ejército encontró cinco cadáveres en una granja del poblado de San Agustín, municipio de Tlajomulco de Zúñiga, y detuvo a diez presuntos miembros de una banda de narcotraficantes.

Sus declaraciones ministeriales apuntan hacia un ajuste de cuentas entre miembros de un mismo grupo, por el autorrobo de un tráiler con 460 kilos de cocaína.

El Ejército dice que la droga era de Juan López y Federico (a) Fredy, dos sujetos que viven en California y que en México se coordinan para obtenerla con los Lupercio Serratos y con Iván Taborda Maya, este último encargado del transporte.

Al ser detenido, Taborda Maya y varios miembros de su grupo implicaron al ex oficial mayor del gobierno del estado, Saúl Tapia Contreras, y a la secretaria del procurador de Justicia, Anaceli Velasco Palomera.

Jorge Iván Taborda Maya es, según el Ejército, la conexión del cártel de Cali, Colombia, con los hermanos Lupercio Serratos. Y en el caso Jalisco, es la punta de la madeja en la que están enredados Saúl Tapia Contreras y Anaceli Velasco Palomera, ex oficial mayor del gobierno del estado y la secretaria del procurador de Justicia, respectivamente

Tiene la vehemencia de un defensor de los derechos humanos, manda a los reporteros a preguntar al Ejército sobre sus métodos para obtener testimonios y se desdice de las declaraciones hechas ante el Ministerio Público Militar.

Entrevistado en en el penal de Puente Grande, Jalisco, dice que fue detenido por los militares 12 días antes de que lo entregaran a la Procuraduría. En ese lapso ``fui torturado y humillado; me detuvieron aquí en Guadalajara y me llevaron a Tuxtla Gutiérrez, a mi rancho, donde durante dos días me tuvieron desnudo amarrado a un árbol y golpearon a todos mis trabajadores. Después me trajeron de regreso y en el camino abrieron las puertas del avión y decían que si no declaraba todo lo que ellos querían, me iban a lanzar desde el aire''.

``Si usted me pregunta, yo no conozco a nadie'', repite Taborda, cuando se le interroga sobre la versión de una supuesta entrega de 300 mil pesos al procurador para que lo ayudara a encontrar la droga, y asegura nunca haberlo visto. Tampoco conoce a Saúl Tapia Contreras.

A quien sí reconoce es a Anaceli Velasco Palomera, la secretaria del procurador. Su relación era de tipo familiar, se encontraban en los bautizos, los 15 años... pero pretende rectificar: ``Hace como dos meses que la conozco y alguien me platicó que tiene una hermana con novio colombiano''.

Taborda dice también que ella le consiguió y prestó la casa de Niños Héroes, donde fueron encontrados los cinco cadáveres, pero que él a su vez se la prestó a un tipo de nombre Demetrio (asegura no recordar sus apellidos), que llegó a Guadalajara enviado por los dueños de la cocaína robada con la misión de encontrar a los autores del robo y, por supuesto, recuperar la droga.