Carlos Gershenson*
Nuestro futuro genético y la medicina

Aunque ya planeen sus vacaciones del 2014 en Parque Jurásico, es justo pensar en avances más concretos. Los desarrollos en el campo de la ingeniería genética que se esperan para los próximos años nos plantean muchos temas a discutir.

La manipulación del material genético descubre posibilidades como la cura de enfermedades, la clonación, la longevidad y otras más frívolas como la alteración de estructuras y pigmentos del cuerpo. En los animales y vegetales también tiene varias aplicaciones, sobre todo para mejorar enormemente las actividades ganaderas y agrícolas.

La razón más importante, y mayor impulsora de la ingeniería genética, es la cura de enfermedades como el cáncer, ya que es la más común. La cura para este mal, a través de mutaciones, ha sido fuente de proyectos desde hace décadas y, probablemente, para principios del siguiente milenio se alcance el objetivo. No sólo para el cáncer, sino para todas las malformaciones y enfermedades genéticas. Esto se haría al corregir el código genético por medio de reacciones químicas y biológicas dentro de las células.

Otro avance cercano a realizarse es la clonación humana. Por un método similar al que usaron para clonar a la oveja Dolly, los genes de una célula cualquiera se apagan y se vuelven a prender con un programa nuevo de desarrollo. Por ese mismo método se podrían alterar los genes de una célula y transformarla en otra. Por ejemplo, se modificarían células adiposas (grasa) en tejido hepático (hígado), ahorrando un transplante. Pero por el momento está prohibido cualquier tipo de clonación humana, mientras se estudian todas las implicaciones que ello pueda tener. Pero en un futuro cercano tal vez se acepten algunos experimentos en ese campo.

Según los fisiólogos Edward y Carol Diener, de la Universidad de Illinois en Urbana, la felicidad es determinada genéticamente. Esto fue reafirmado por los psicólogos Lykken y Tellegen. Al hacer un estudio en varios gemelos de Minnesota, concluyeron que la felicidad no depende del medio ambiente y existe igual probabilidad de poseer el mismo grado de felicidad independientemente de la educación, los ingresos, el estado marital o profesional, o cualquier otro aspecto que se pudiese pensar que afecta el estado anímico. Ello implica que, como con la estatura, no importa cuándo intente uno ser feliz; si no está predispuesto genéticamente para la felicidad, no alcanzará el nivel que desea. Eso también nos hace pensar que muchas otras características de nuestra personalidad están determinadas en parte por nuestros genes, como la violencia, la esquizofrenia, el alcoholismo, la depresión, etc. (Quién sabe qué tan sano sería anular nuestra violencia.)

También se entrevén otras manipulaciones genéticas para controlar características como el envejecimiento o la obesidad. Incluso, podemos asegurar que la ingeniería genética tendrá usos estéticos.

Múltiples combinaciones se imaginan, hechos que revolucionarán la medicina. Por ejemplo, recientemente se clonó un renacuajo sin cabeza, con sus demás órganos sanos. La gente que hizo eso propone que se utilice esa técnica para clonar humanos sin cabeza y así tener bancos de órganos. Ello seguramente no le parecerá ético o correcto a muchos, ya sea por ideas religiosas o sociales. Ese método para obtener órganos, como todos los avances que traerá la ingeniería genética en los próximos años, sugiere un dedicado estudio a sus implicaciones en nuestra forma de vida.

También es necesario divulgar esa información, para que no sea víctima de la ignorancia (trabajo costó desarrollarla). Los médicos deben conocer todas las técnicas y avances, y tenerlos a su alcance para que adquieran una utilidad efectiva. A fin de cuentas, todos los avances son bien recibidos en el ámbito de la medicina, pues significan un gran paso para la humanidad.

Integrante del proyecto Genia, dirigido por el doctor Jaime Lagunes en el Instituto de Química de la UNAM