Tres alternativas científicas para lograr la soberanía alimentaria

Aprovechamiento de los recursos

Patricia Vega Ť Desde una perspectiva científica, la investigación agropecuaria se ha traducido en muchas aportaciones a la producción de alimentos; es decir, la aplicación de sus hallazgos puede incidir en el mejoramiento de las condiciones de vida de un grupo humano.

Las asignaturas pendientes para los especialistas en este campo son muchas: van desde el desarrollo de técnicas de bioseguridad del sistema que culminen con la prohibición de plaguicidas nocivos para el ser humano, hasta la solución de problemas sanitarios y de economía campesina, por mencionar sólo algunas.

En esta ocasión la pregunta es: ¿cómo podríamos sostener una política de soberanía alimentaria, ser autosuficientes en la producción de maíz y frijol, en un país que en el 2050 contará con el doble de habitantes que existen ahora?

Tres científicos nos dicen cómo aprovechar mejor nuestros recursos.

Antonio Turrent: irrigación, factor para volver productivo el sur-sureste

En esa región, cada año durante el ciclo primavera-verano (de junio a diciembre) se siembran 2.5 millones de hectáreas de maíz de temporal, y de diciembre a mayo las tierras están prácticamente ociosas a pesar de que existe un clima que permitiría seguir produciendo. Paradójicamente, las dos terceras partes del agua del país están precisamente allí, en el sureste.

¿Y qué le faltaría a la tierra del sur-sureste para volverse un factor de producción? Responde el doctor Turrent: ``La irrigación''. El problema radica en que, en términos generales, se piensa que el recurso agua debería usarse específicamente para generar energía eléctrica y regular las inundaciones, pero no para el riego. Ese es el pensamiento que ha impedido entrar más y más al trópico, a pesar de que se tiene la tierra y el agua necesarias para la producción agrícola.

Pero en opinión de Turrent, esas 2.5 millones de hectáreas podrían sembrarse de nuevo en el ciclo otoño-invierno utilizando el riego. ``Un proyecto que manejamos un grupo de colegas en el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales y Agropecuarias (Inifap) es que la próxima colonización del sur-sureste debe orientarse al ciclo otoño-invierno, con una tecnología muy avanzada de riego presurizado -un pivote central, es decir, un brazo de 400 metros de largo que describe un círculo perfecto y riega 90 hectáreas-. Con ese sistema, en el periodo que no llueve se pueden obtener cosechas tan altas como las que hay en Sinaloa. Ya empezamos a ver a los primeros norteños de Zacatecas, Chihuahua y Sinaloa que, en el sureste, comienzan a tomar esa oportunidad en el otoño-invierno.

``En esa zona tenemos un millón de hectáreas que se podrían sembrar de maíz; ya tenemos la tecnología para producir 8 toneladas por hectárea y, entonces, en un millón de hectáreas tendríamos 8 millones de toneladas, que es lo que el país requiere en los próximos 15 años para ser autosuficiente en maíz.

``No se trata de abrir nuevas tierras a cultivo, son los mismos predios de labor que ya existen, pero dotándolas con un tipo de infraestructura que no tiene que ser cara. El sistema que acabo de describir tiene un costo de 700 pesos por hectárea -ni siquiera el precio de una tonelada de maíz por hectárea- para ser amortizado en un periodo de 10 años, así que es una propuesta perfectamente rentable.

``Ahí quiero dejar la propuesta. Todavía tenemos que hacer más investigación encaminada a la rotación de cultivos para evitar el agotamiento de la tierra y la invasión fitosanitaria; hay que orientar la investigación -más tecnológica que básica- para demostrar que es algo que se puede hacer. Existen esos recursos, y con esa estrategia de soberanía alimentaria podemos, dentro de 30 años, enfrentarnos a un país con el doble de habitantes de los que actualmente tiene.''

Ernesto Moreno: almacenamiento de granos, talón de Aquiles

Especializado en el área de cosecha de granos, el doctor Ernesto Moreno Martínez considera que la investigación agrícola del país ha producido grandes avances en tecnología para la producción de granos como trigo, maíz, frijol, pero es muy común el perder esas cosechas por carecer de sistemas que permitan preservar y mantener la calidad de esos productos.

``El sistema poscosecha del país está relegado y se ha vuelto obsoleto. Las bodegas, los sistemas de acondicionamiento, limpieza, aireación y los desecados son deficientes; hay grandes pérdidas que se podrían evitar. Siempre se ha dicho en el discurso oficial que hay que producir más, pero poco de la necesidad de conservar.

``Siempre han existido tres sistemas de almacenamiento: en el medio rural, en el sector oficial -que ya está desapareciendo- y en el privado. Y en los tres las carencias son tremendas, pero el más afectado es el rural: las trojes prácticamente han desaparecido y la gente guarda los granos en cuartos o como puede; no hay estructura adecuada ni asistencia técnica o apoyo económico.

``Los sectores oficial y privado también padecen deficiencias en la capacidad de almacenamiento de granos, y además se están importando granos que no se producen en el país y tienen que conservarse de alguna forma, pero no tenemos la infraestructura adecuada para ello.''

Everardo González: la leche, punto crítico y clave de la soberanía

No hay duda: garantizar la producción de leche suficiente es clave para la soberanía alimentaria del país. Para el doctor Everardo González Padilla, un punto crítico es el bajo consumo de leche entre la población indígena.

``Los programas de fomento al consumo de leche difícilmente se han orientado hacia la producción en comunidades indígenas, y no falta quien diga que si la consumen les da diarrea. Es cierto que cuando un adulto deja de tomar leche durante mucho tiempo las enzimas que intervienen en la digestión de la lactosa se deprimen, pero no es algo genético -los niños se alimentan de leche materna- y pueden ser inducibles nuevamente. Es imprescindible que en los primeros años de vida lleguemos a esas poblaciones con leche suficiente; eso garantizaría un arranque mucho mejor, particularmente en el desarrollo del cerebro y el sistema nervioso central.''

González Padilla considera que aunque la tendencia mundial es bajar el número de cabezas de ganado y aumentar los volúmenes de producción de leche, en México los sistemas familiares a mediana y pequeña escalas aportan la mayor cantidad del producto en el país, sobre todo en climas templados y semiáridos; su potencial es enorme para mantener la autosuficiencia: ``Si lográramos simplemente incrementar esos sistemas en un millón de vacas -100 litros de leche por animal al año-, nos tomaría cuando mucho un lustro reducir el déficit que tenemos.

``No podemos ir contra una lógica industrial y económica que nos dice que no hay mejor leche que la guardada en sacos, en polvo, y en cualquier momento puede utilizarse, a diferencia de la leche fluida que es perecedera; pero de lo que hablo es de garantizar el suministro de leche fluida para las grandes mayorías.

``Sin ser economista y sin ser una propuesta que tenga que ver mucho con la ciencia, uno piensa que tenemos que ir sustituyendo la leche importada para los programas de consumo social, y que ese dinero circule en el país, aunque nos den subsidios para traerla del extranjero.''