Letra S, 7 de mayo de 1998


En defensa de los derechos sexuales

Manuel Zozaya

A finales de este siglo la batalla por los cuerpos y los sexos ha entrado en su fase más álgida. En México, los espacios de esparcimiento sexual como los clubs de swingers, bares gay, table dance, servicios de masaje, shows travestis, live shows, cines porno, y sex shops proliferan tanto como los grupos de estudios de género, feministas y de educación sexual, y no sólo en la capital de la república sino también en las ciudades del interior del país. En el extremo opuesto, las voces del conservadurismo moral encuentran en el cardenal Norberto Rivera a su vocero ideal cuanto afirma sin vacilaciones: "Las feministas, los homosexuales, los tercermundistas y los neoliberales, los pacifistas y liberacionistas, representantes de todas las minorías, contestatarios y descontentos de cualquier ralea, conservadores a ultranza y sectas que nacieron ayer, quieren presentar a la iglesia católica como la causante de los males de 20 siglos y la anuncian como una amenaza para el milenio en puerta."

La polarización de las posturas ante los usos y costumbres sexuales se manifiesta en programas de debate televisivo donde Pro Vida exhibe que ignorancia e intolerancia no sólo riman, sino que, además, van de la mano, mientras que los expertos en la materia (algunos reales, otros autonombrados) externan sus opiniones ante un público ávido del conocimiento que durante largo tiempo le ha sido escamoteado: ¿Existe el derecho a ejercer las prácticas sexuales con libertad o deben estar sujetas a todo tipo de restricciones? ¿Tienen las mujeres el derecho a decidir en materia de anticoncepción, maternidad e interrupción del embarazo? ¿Cómo garantizar que los y las adolescentes ejerzan su derecho a la información sobre la sexualidad?

¿Una justificación histórica?

En el siglo I A.C. se incorporó a la Biblia la frase "Creced y multiplicaos", veinte siglos después, las consecuencias demográficas de esta sentencia están a la vista.

Es comprensible que el pueblo judío practicara el pronatalismo después de los múltiples acosos sufridos en su historia. La interdicción de toda práctica sexual sin consecuencias reproductivas era parte de su lógica de supervivencia. Así se prohibieron el coito anal (todavía denominado sodomía en algunos textos y leyes de los países anglosajones), la masturbación y el coito interrumpido (onanismo), la homosexualidad e incluso el coito en los días infértiles de las mujeres.

El cristianismo retomó la moral de la ley o Tora judía y la utilizó como un instrumento de control ideológico (controla el cuerpo y controlarás las almas) vigente hasta la fecha tanto en la religión como en algunas creencias médicas que sólo retomaron dicha moral y le dieron una apariencia científica que se extendió por todo el mundo occidental. Leer los manuales de confesión o las listas de supuestas patologías acuñadas por el catolicismo, la medicina y la psiquiatría podría mover a risa de no ser por el cúmulo de sufrimiento y las innumerables tragedias ocasionados a lo largo de siglos de predominio de la ideología cristiana.

Por fortuna, estas ideas no monopolizan ya las conciencias de nuestras sociedades. La sexología y otras ciencias han ido derrumbando gran parte de los tabúes heredados del pasado. La píldora anticonceptiva revolucionó la relación de las mujeres con sus cuerpos y separó la práctica sexual del embarazo indeseado. Los antibióticos nos liberaron de la mayoría de las enfermedades sexualmente transmisibles conocidas hasta antes del sida. El terreno era fértil y la revuelta sexual estalló. Entre "el verano del amor" (1967) y los disturbios de Stonewall en Nueva York (que marcan el inicio del movimiento de liberación gay en 1969), no mediaron más de tres años. El feminismo se extendió por el mundo y las reivindicaciones de las mujeres por la autonomía de sus cuerpos inspiraron al movimiento homosexual y de lesbianas que ha ido brotando aquí y allá hasta convertirse en un fenómeno global.

México no permaneció al margen, sobre todo su capital, de esta transformación acelerada de las costumbres sexuales. Las últimas tres décadas han visto surgir, ante el estupor de las buenas conciencias, movimientos feministas y gays que, aunque desarticulados, han impactado profundamente a la parte más progresista de la sociedad.

Los derechos sexuales y la reivindicación del placer

En México, la discusión sobre los derechos sexuales se ha delineado más claramente a partir de la Declaración de Principios de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología A.C. (Femess). (Ver Letra S núm. 13, 7 de agosto de 1997.) Multiplicidad y diversidad de formas de expresión sexual, distinción entre sexualidad y función reproductora, libertad en la construcción de las sexualidades, la Declaración señala como legítimo lo que los conservadores siguen llamando desviación, aberración, depravación, e incluso crimen, como en el caso del aborto.

Para David Barrios, presidente del consejo directivo de la Sociedad de Sexología Humanista Integral (Someshi) y secretario de la mesa directiva de Femess, "los derechos sexuales forman parte inalienable de los derechos humanos, y su conceptualización parte de luchas sociales encabezadas por las minorías sexuales y las mujeres". David Barrios relata que la Declaración de Principios de Femess surgió de "la necesidad de plasmar en un documento muy sencillo, accesible para todos los grupos de la población y no sólo para especialistas, estos derechos inalienables e insustituibles, que no son una concesión, sino que se obtienen por la simple circunstancia de ser personas".

En el centro del debate sobre los derechos sexuales está el derecho a la información y a la educación sobre sexualidad. Para la gran mayoría de las personas preocupadas por las cuestiones sexuales, tanto desde el punto de vista conservador como desde el libertario, la solución a la problemática que hoy nos plantea la sexualidad radica en la educación sexual. Sin embargo, las discrepancias empiezan cuando se plantea la orientación de dicha educación. Los conservadores pugnan por el retorno a los valores tradicionales de la religión y la familia, mientras que en el campo opuesto se plantea la objetividad científica y la tolerancia como base para educar en el terreno de la sexualidad. Para David Barrios, "la educación sexual debe apoyarse en cuatro pilares básicos: el respeto a la diversidad sexoerótica, la reivindicación del derecho al placer, la limitación del modelo médico como criterio para clasificar los comportamientos sexuales, y una matización de lo que son los factores de reproducción biológica en la sexualidad". Y explica: "el derecho al placer, tan socavado, tan soterrado, forma parte del bienestar humano y de la salud sexual integral. Reivindicamos el derecho al placer porque éste es por sí mismo válido cuando se ejerce con respeto a la propia persona y a los demás. Una educación sexual integral tendría que considerar este respeto a la diversidad sexoerótica y este acceso libre e informado al placer. El Estado tiene el deber de instrumentar programas bien documentados, bien fundamentados, basados en el espíritu de los artículos tercero y cuarto de la Constitución Mexicana para dotar de esa información libre de prejuicios, de servidumbres, de mentiras a la población, y que por lo tanto sea objetiva, científica, humanizada, respetuosa y de libre acceso".

Al elaborar esta Declaración, informa Barrios, se recurrió a varios documentos imprescindibles y de amplio reconocimiento, sobre todo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a la misma Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, a algunos principios emanados de la Ley General de Salud, de la de Educación e incluso de una serie de compromisos que el gobierno mexicano ha firmado a nivel internacional como el Programa de Acción de la IV Conferencia Internacional de Población y Desarrollo, y más adelante la Conferencia Internacional de la Mujer. "Sin embargo --continúa Barrios--, hace falta difundirlos entre la población, hacer que se conozcan y discutan en las escuelas, en las oficinas, en las comunidades, en los medios de comunicación. Este es el primer paso para responsabilizarse, exigirlos, reclamarlos e incorporarlos a la vida social y pública, a fin de que no sean letra muerta."

Hacia la equidad de género

Uno de los componentes principales en la definición de los derechos sexuales es la perspectiva de género (igualdad de derechos y oportunidades para hombres y mujeres). Al respecto, tres legisladoras de distintas formaciones políticas externan sus puntos de vista. Para la diputada sonorense por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), Alma Vucovich, presidenta en turno de la Comisión de Equidad y Género de la Cámara de Diputados, uno de los mayores obstáculos para alcanzar la equidad de género es la culpabilización de la mujer en casos de violencia sexual en los que ella es claramente la víctima, como el que se presenta en Chihuahua, donde el gobierno panista de Ciudad Juárez ha respondido a la violencia criminal, que en seis años ha dado muerte a más de 80 mujeres, culpabilizando a las víctimas: "Las autoridades han hecho una campaña enfocada a la mujer para que no se vista de manera `inadecuada' y no ande en centros nocturnos, es decir que se vistan de manera recatada y no anden a altas horas de la noche fuera de sus hogares. Es absurdo querer atacar esta ola de violencia confinando a las mujeres en sus casas. Es urgente crear agencias del ministerio público especializadas en estos casos".

A su vez, Patricia Espinoza Torres diputada por el Partido Acción Nacional (PAN), menciona la inequidad de género en la representatividad política y señala la necesidad de acciones afirmativas: "Las mujeres no somos un grupo minoritario en la población, pero sí en relación con las prestaciones, actividades y representación, por eso una de las acciones afirmativas son las cuotas. Por ejemplo, en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) se dice que no debe haber más de un setenta por ciento de las candidaturas de un solo sexo". La discriminación a las mujeres en el campo laboral es otro tema que preocupa a la diputada Espinoza: "Queremos reformar la Ley Federal del Trabajo para que no se les exija a las mujeres el certificado de no embarazo, para acabar con el hostigamiento sexual sancionándolo, y que a igual trabajo corresponda igual salario, y haya también corresponsabilidad de la pareja en la atención a la familia". Además celebra que ya se haya aprobado la ley contra la violencia intrafamiliar, "porque aún existe la creencia de que en la pareja, el hombre es dueño de la mujer y puede someterla sexualmente a lo que desee. Tenemos el artículo 265 bis, donde se considera la violación entre cónyuges con penas entre 8 y 14 años de prisión. Sin embargo, sigue pesando mucho el machismo que también ha sido apoyado por las mujeres. Estas son concepciones que hay que erradicar."

Por parte del Partido Revolucionario Institucional (PRI), la diputada María Elena Chapa Hernández, presidenta de Mujeres para el Cambio, quien reunió más de 100 mil firmas a nivel nacional contra la violencia hacia las mujeres, y más de 80 mil contra la exigencia que se les hace de un certificado de no gravidez, opina que "aún hace falta lograr una imagen equitativa en los medios de comunicación y equidad en los derechos humanos, entre otros".

Orientación sexual y derecho a la información

Otra perspectiva en el debate acerca de las cuestiones de género es la que proporciona el antropólogo Eduardo Liendro, director del Comité para las Relaciones Igualitarias, A.C. (Coriac), al afirmar que generalmente "se habla de los privilegios de los hombres en una sociedad machista por el simple hecho de ser hombres, pero hay también una serie de pérdidas que lamentar en el proceso de endurecimiento de los machos. Al tener la necesidad de anestesiar los sentimientos, se recurre al alcoholismo; se ahogan las emociones porque no se nos ha enseñado a reconocerlas y a validar que se pueden expresar. Todo esto tiene costos sobre la salud masculina que van desde la cirrosis y el sida hasta las muertes por accidente o violencia. Se nos educa en una cultura del no cuidado. Además, la represión de las emociones es también una causa importante de violencia intrafamiliar".

Para Eduardo Liendro todo esto tiene que ver con una jerarquización social donde lo masculino se valora más que lo femenino, lo heterosexual más que lo homosexual, donde ser blanco te ubica en ventaja sobre quien es moreno, indígena o negro. Según el antropólogo, "la jerarquía que se establece entre los hombres mismos tiene mucho que ver con la homofobia (que entiendo en un sentido muy amplio como el miedo a ser percibido como débil). La homosexualidad se ha asumido como algo cercano a las mujeres, entonces la homofobia no sólo está relacionada con el miedo a tener sexo con otro hombre, sino con el miedo a mostrar cualquier expresión considerada como femenina."

Eduardo Liendro concluye expresando la necesidad de enfrentar este sistema de valoración jerárquica para que la diferencia entre hombres y mujeres (y la de unos hombres frente a otros hombres) no se traduzca en inequidad.

El avance creciente de una conciencia de los derechos sexuales, condujo a la creación de la Comisión de Equidad y Género impulsada por las diputadas perredistas Patria Jiménez e Itzel Castillo. Esta Comisión tiene el propósito, según Patria Jiménez, primera legisladora abiertamente lesbiana, de elaborar un análisis profundo de las desigualdades de género: "El sólo hecho de que en la Cámara de Diputados sólo 16 por ciento seamos mujeres muestra la inequidad en la representación y en las oportunidades laborales. Además pienso que hay que legislar en torno a la maternidad libre y voluntaria para que las mujeres que deseen interrumpir un embarazo puedan hacerlo con todas las garantías. La sexualidad femenina no tiene porqué estar totalmente abocada a la maternidad. Tenemos derecho a disfrutar de nuestros propios cuerpos brindándonos satisfacción y gozo de una manera sana y apropiada, sin atavismos ni tabúes. Hay que fomentar la idea de que las mujeres tenemos derechos sexuales y reproductivos, que no son lo mismo, aunque regularmente los meten en el mismo paquete creando de esta manera confusión. Dentro de los derechos sexuales es de vital importancia el derecho a elegir libremente a la(s) pareja(s) del sexo que sea(n). Es decir, el respeto a las preferencias sexuales de cada quien para ejercer su sexualidad de manera plena, gozosa y satisfactoria."

En el entendimiento de que ninguno de los derechos que menciona la diputada Jiménez es concebible sin la aplicación plena del derecho a la información, el doctor David Barrios insiste: "Nosotros podemos solicitar o exigir responsabilidad en el ejercicio sexual en la medida en que la persona esté dotada de información. ¿Cómo pedirle, por ejemplo, a una joven que se proteja de un embarazo no deseado si no recibe la información necesaria de cómo funciona su cuerpo y sus ciclos hormonales, de cómo se utiliza adecuadamente un condón o una pastilla anticonceptiva? Es un contrasentido. La única manera de que la población ejerza su sexualidad en forma libre y responsable es por medio de una información profusa, abierta, científica. Esta es una obligación del Estado mexicano y un derecho universal."

Y añade: "Habría que incorporar a esta educación sexual integral toda suerte de actitudes que fomenten el respeto a esa diversidad sexoerótica. En la medida en que sólo se consagre en textos y programas la parte biologicista y reproductiva de la sexualidad humana se estará dejando de lado un campo inmenso que tiene mucho que ver con la esencia de los seres humanos, su capacidad de amar y de ejercer responsablemente su vida erótica. En la medida en que una persona restringe su acceso al placer o reprime su impulso erótico o no canaliza su energía sexual de la manera en que lo tendría que hacer para ser feliz, vive sumida en la confusión y en la frustración, y le puede ocasionar daños en su salud, no sólo a su salud emocional sino a su salud orgánica."

Todas estas y otras reflexiones, posturas y propuestas se discutirán en el primer Foro sobre Diversidad Sexual y Derechos Humanos los días 12, 13 y 14 de mayo, en la sede de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, cuyo objetivo es elaborar propuestas legislativas y promover políticas públicas que contribuyan a eliminar la discriminación por orientación sexual. La realización de este foro suscitará sin duda una enardecida reacción por parte de los grupos ultraconservadores. A ellos habrá que recordarles, parafraseando a Galileo frente a sus inquisidores, que pese a todo, los derechos sexuales también se mueven.

Comunicador.


Los derechos de gays y lesbianas son derechos humanos

Las personas y organizaciones que suscribimos este manifiesto, elaborado por la Asociación Internacional de Lesbianas y Gays (ILGA, por sus siglas en inglés) afirmamos ante todo el mundo y ante sus gobierno:

La humanidad ha sido capaz de abolir la esclavitud y establecer ciertos derechos básicos para las mujeres en casi todos los países del mundo. Hemos creado y desarrollado instituciones democráticas y sociedades civiles, la condición fundamental para el desarrollo de la vida política y social en todas partes es el respeto a los derechos humanos y las libertades básicas. Reconocemos la igualdad y el respeto a la diversidad como base de la convivencia.

En ocasión del 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, somos del gran interés de los pueblos y sociedades por los derechos humanos. La aceptación del derecho de los individuos a desarrollar su personalidad, identidad y sexualidad libres de toda coacción y discriminación son una parte fundamental de los derechos humanos de nuestro tiempo. Condenamos la discriminación y opresión que todavía existe en muchos estados que incluye sanciones criminales y hasta la pena de muerte por causa de orientación sexual.

En solidaridad con ILGA, exigimos completa igualdad ante la ley con respecto a lesbianas, gays, bisexuales y transexuales. Exigimos el fin de las condenas criminales. Avalamos leyes que prohiban la discriminación. Exigimos igual y total reconocimiento de las relaciones de pareja. Confiamos en la inclusión de los derechos de igualdad independientemente de la orientación sexual, en todas las leyes nacionales y en todos los nuevos y futuros tratados internacionales de derechos humanos.

Todas y todos juntos hemos de conseguir una vida mejor ahora y para las futuras generaciones.

Los derechos de lesbianas y gays son derechos humanos.

ILGA 98

20 Aniversario.

Adherencias
http://www.pangea.org/org/cgl/ilga/manifest98c.html
O al teléfono: 538-7400 (Hasta el 30 de mayo.)