INSTITUTO COLIMENSE DE LA MUJER:
¿CON QUIENES y PARA QUE?

María Elena García Rivera


El 8 de marzo de 1979 se realizaron las primeras acciones públicas del Colectivo Feminista de Colima. El objetivo era claro: recuperar el derecho a que las mujeres seamos dueñas de nuestro cuerpo, dueñas de nuestras vidas. En bardas y muros de la capital colimense aparecieron consignas como: ¡Anticonceptivos seguros para no abortar, aborto libre y gratuito para no morir! ¡No más violencia contra las mujeres! Su contenido resultó inaceptable para algunos sectores y la intolerancia se manifestó enseguida. La prensa de la época permite conocer la condena de funcionarios gubernamentales y universitarios; de filósofos e intelectuales; de políticos y líderes sindicales quienes, por medio de artículos, cartas y desplegados, emprendieron una cruzada moral contra aquellas mujeres que osaban pensar en y por sí mismas. De manera recurrente, las integrantes del colectivo fuimos públicamente acusadas de prostitutas, libertinas, viejas histéricas y amargadas. Pese a todo, se avanzó: el Centro de Apoyo a la Mujer (CAM) fue creado; se modificó el Código Penal para impedir que los agresores pudieran salir libres bajo fianza. El trabajo continuó con todo y las dificultades de los cambios sexenales.

El 5 de septiembre de 1998 -con la presencia del gobernador constitucional de Colima y de la coordinadora del Programa Nacional de la Mujer (Pronam)- el licenciado Fernando Solís Cámara, subsecretario de Gobernación, tomó protesta al consejo directivo del recientemente creado Instituto Colimense de la Mujer.

Los discursos pronunciados: ''El estado de Colima ha sido pionero en la creación de condiciones para el desarrollo integral de las mujeres... aquí surgió la primera mujer gobernadora... aquí también fue creado el CAM, pionero en su tipo a escala nacional, al recibir financiamiento del gobierno y funcionar bajo la responsabilidad de un grupo feminista''.

Los hechos a decifrar: entre sus integrantes aparecen algunos de aquellos detractores de quienes iniciamos la lucha a favor de las mujeres, lo mismo que personas cuya palabra oral o escrita, recientemente expresada, no podría caracterizarlas como flexibles y tolerantes. Entre ellos la señora Lourdes Carrillo del Calvario, quien en sus artículos periodísticos ha hecho alarde de violación a los derechos humanos de los homosexuales al calificar a esa preferencia como una lacra y amenaza social, así como el doctor Antonio Sam López, procurador general del estado, quien se ha manifestado en desacuerdo con el contenido de la nueva Ley contra la Violencia Intrafamiliar y no se le conoce ''perspectiva de género'' alguna.

Estos aparentes avances, con antifeminismos y homofobias incluidos, lejos de darnos alguna forma de seguridad parecen decirnos que seguirán siendo desarticuladas las acciones trasgresoras y libertarias de quienes continuamos la locura de imaginar y construir un mundo diferente para las mujeres, pero ahora actuaremos con el pretexto de defender nuestros derechos y desde los espacios que imaginamos como parte de ese maravilloso futuro.