La Jornada domingo 13 de diciembre de 1998

ASTILLERO Ť Julio Hernández López

Custodiados por granaderos, hostigados y ridiculizados por barzonistas, colocados frente al juicio de la historia, panistas y priístas consumaron ayer en San Lázaro la más escandalosa y perniciosa de sus concertacesiones.

Luego de un largo periodo de falsos forcejeos (fintas para emocionar al público, tretas para aparentar pasiones encontradas), el PAN y el PRI se dieron por descubiertos en el punto del que originalmente habían arrancado: acuerdo pleno, entendimiento absoluto, negociación cerrada, maridaje a plenitud.

Meses de escarceos, semanas de boletines de prensa y declaraciones diversas para caer en lo ya sabido: el PAN votaría con el PRI para convertir en deuda pública el rescate bancario, para condenar a los mexicanos (si el tiempo alcanza, si la irritación social lo permite) a un cuarto de siglo de hipoteca, para quitar a los más pobres educación, empleo y programas sociales y así pagar a los señores banqueros los descalabros que han tenido en algunos de sus negocios privados.

El gran circo de los hermanos Gandalla

Hace años, los hermanos Ignacio y Fernando Betancourt, junto con el grupo de teatro Zopilote, montaron una obra denominada como se apunta arriba en negritas.

El título es espléndido para sintetizar el montaje que durante meses han realizado PAN y PRI respecto al caso Fobaproa. Los hermanos Gandalla, unidos por los intereses comunes, provenientes de la misma matriz, juntos y solidarios a pesar de sus diferencias naturales, montaron un gran circo tratando de engañar a los mexicanos. Todo fue un gran circo, una gran farsa, con el desenlace que todos conocían desde que se comenzaron a repartir los programas de mano.

El deslinde, la polarización

A partir de ayer, el país entero ha entrado en una polarización política e ideológica que cruzará todos los ámbitos de la vida pública nacional durante 1999 y que tendrá su desenlace en la elección presidencial del 2000.

Como pocas veces en las décadas recientes, el Fobaproa ahora ha permitido un deslinde claro e inequívoco de posiciones políticas e ideológicas.

De un lado están hoy (aliados que dejaron de ser clandestinos para ser públicos; afinidades que decidieron salir del clóset) el PAN y el PRI, asociados para la defensa del régimen, del sistema (unos, los panistas, particularmente en lo económico; otros, los priístas, particularmente en lo político). Del otro, el PRD y un amplio pero desorganizado movimiento social que tiene en esta coyuntura una oportunidad de crecer y madurar.

No es la primera vez, desde luego, que los dineros públicos son usados para salvar a la clase económicamente dominante (recuérdese el apoyo del lopezportillismo al Grupo Monterrey para ayudar a los regiomontanos a superar graves problemas económicos; recuérdese el fideicomiso que dirigía Ernesto Zedillo en la SPP para cubrir a las empresas sus riesgos cambiarios), pero sí es la primera vez en que tales asaltos son claramente entendidos por los mexicanos y, además, en que dichos agravios tienen condiciones propicias para su impugnación directa en los terrenos político y social.

La irritación, la movilización

Ayer mismo, por ejemplo, en la mañana del día en el que el prianismo aprobó el asunto del Fobaproa, grupos de barzonistas entraron al recinto legislativo de San Lázaro para expresar de manera heterodoxa su descontento. Tirando harina desde las galerías hacia los asientos de los diputados, llevando gallinas pintadas de azul, portando cartulinas con leyendas bastante demostrativas de su irritación, coreando consignas, los barzonistas abrieron una llave de desahogo cuya magnitud y duración es impredecible.

En otros países, medidas económicas altamente lesivas para la población han generado revueltas y enfrentamientos importantes. En México, hasta ahora, lo que se vive es un enojo contenido.

Las organizaciones de deudores, por ejemplo, caminaron al principio por senderos de violencia política que luego matizaron y desaparecieron. De alguna manera, los espacios de negociación que se mantenían abiertos permitían atemperar los ánimos encendidos. Hoy, con la decisión legislativa en contra, cerrados esos caminos de esperanza, los deudores (barzonistas o no) tendrán frente a sí las opciones de la resignación o de la lucha.

Desgajamientos del polo oficialista

Una demostración del deslinde al que está obligando el caso Fobaproa se dio en la propia Cámara de Diputados ayer, cuando 16 panistas y siete priístas votaron en contra de la línea trazada por las directivas de sus bancadas.

En términos cuan-titativos esa disidencia no parece importante, pues contra los 325 panistas y priístas que votaron a favor sólo se dieron los 23 casos de oposición mencionados. Además hubo un panista que generó la única abstinencia registrada en la votación de ayer.

De los siete priístas que votaron contra las indicaciones de su partido, cuatro forman parte del llamado grupo Reflexión, un cuidadoso ensayo de autonomía interna que realizan diputados priístas bastante engranados al sistema pero que, sin embargo, buscan márgenes propios de acción. Así, por ejemplo, votaron contra las instrucciones superiores del tricolor: Oscar González, Jorge Canedo, Héctor Castaneda y Jacaranda Pineda, más Dolores Gaytán, Manuel García Corpus y Juan Jaramillo. De los panistas, destacan los nombres de Felipe de Jesús Cantú, Eduardo Mendoza Ayala, Rafael Castilla Peniche y Alberto González Domene.

No está de más anotar la única baja en el flanco de los opositores: perredistas, verdes, del Trabajo e independientes se mantuvieron en su postura original. Carolina O'Farril, sin embargo (presuntamente diputada independiente), reiteró su marcada querencia priísta. Como en otros asuntos recientes, volvió a votar en el mismo sentido que los diputados del tricolor. Ella, como otros, argumentó con una pasión oratoria deplorablemente simplona que su sufragio era por México, por el bien de México. A favor y en contra hubo legisladores cuya cortedad de miras e insuficiencias discursivas apenas les dan para invocar el nombre de la nación y su presunto bien como supuesto conjuro inatacable.

Pero lo del Fobaproa no es lo único

De pronto, a una increíble velocidad, México ha quedado instalado en la polarización ideológica y política. No es sólo el Fobaproa, aunque sea lo más espectacular. Atrás, hoy mismo, están otros elementos inequívocos que perfilan sin duda ese escenario de combate ininterrumpido que llegará al 2000.

Allí está, por ejemplo, la actitud presidencial (y la de Mimí Green, según Helguera) respecto al ex dictador boliviano Hugo Bánzer. Acusado de graves violaciones a los derechos humanos, golpista, socio de Pinochet y otros dictadores, Bánzer recibió el Aguila Azteca y, además, palabras solidarias y elogiosas del presidente Zedillo. El trato recibido por Bánzer contrasta con la actitud del jefe del gobierno capitalino, Cuauhtémoc Cárdenas, quien alegó problemas de agenda para encubrir lo que evidentemente fue un rechazo a entregarle al general golpista (llegado en esta segunda ocasión al poder por la vía del voto, ciertamente) llaves de la ciudad y a pronunciar falsas palabras de cortesía.

Otro choque importante, definitorio, polarizante, es el sucedido en el ámbito de las instituciones de asistencia privada. El polo derechista, oportunista, conservador (es decir, PAN y PRI), se ha enfrentado con toda energía a la acción perredista que ha comenzado a depurar el falso ``castillo de las purezas''.

En otro terreno, el cultural, también ha sido derrotada la intención del perredismo (organizada por la actriz María Rojo) de corregir las desviaciones profundas de la actividad cinematográfica en México, la entrega del tiempo nacional a los intereses extranjeros, las distorsiones del mercado que anulan la creatividad nacional. La iniciativa de cambios que propuso Rojo, apoyada por una amplia franja de artistas y creadores, fue derrotada en la Cámara.

Juegos de guerra

El tiempo político se está constriñendo peligrosamente. No hay un poder presidencial suficientemente claro y firme para conducir las turbulencias actuales. Asomando la garra está un salinismo herido por el maltrato a su familia (en especial al hermano encarcelado) y deseoso de revanchas. La clase política en general -el gabinete en especial- tiene poco margen de acción y escasa fuerza. En los estados se vive un periodo feudal, en el que destacan los reinos de Puebla y Tabasco. La derecha católica ha sido puesta en pie de lucha por asuntos como el condón, la educación sexual y ahora los asuntos de las caridades. La izquierda perredista es infiltrada aceleradamente por personajes que contradicen sus principios ideológicos y naufraga en busca de la tierra prometida que sería la Presidencia del 2000. De lo económico ni qué decir: el desastre.

En tal escenario resulta interesante el escenario de polarización antes mencionado. Nunca antes se habían definido con tanta claridad los campos de la batalla. No hay ahora mucho espacio para los vaivenes o las incongruencias. De un lado está un proyecto y, frente a él, otro. Sin grandilocuencias es posible decir que hoy, a partir de San Lázaro y el Fobaproa, comienza una batalla básica para definir el futuro de la nación.

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