2 de octubre: el testimonio indiscreto

* Luis Hernández Navarro *

El enigma sobre la responsabilidad de la matanza del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco parece haberse resuelto. No fue el Ejército Mexicano el que atacó inicialmente a los manifestantes. Tampoco fueron estudiantes quienes comenzaron la agresión.

Los disparos contra la multitud fueron hechos por un grupo de 10 oficiales armados con metralletas, bajo la conducción del general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial, enviados a diferentes edificios que daban a la Plaza de las Tres Culturas, con la instrucción precisa de hacer fuego contra la multitud allí reunida, según él, por órdenes superiores.

Esa es la versión, al menos, del general Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa Nacional durante aquellos acontecimientos.

Así lo narra Julio Scherer García, a partir de documentos del archivo del militar, en "El Tigre Marcelino", capítulo de Parte de Guerra. Tlatelolco 1968, libro de próxima aparición elaborado junto con Carlos Monsiváis y publicado por la editorial Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, SA de CV.

Nacido en el municipio de Autlán, Jalisco, en 1895, el general García Barragán peleó en la Revolución, guerra en la que alcanzó el grado de capitán. Ingresó al Colegio Militar en 1920, para regresar, tiempo después, a combatir a los cristeros como capitán primero de caballería.

Con el paso del tiempo fue director del Colegio Militar y gobernador de Jalisco entre 1943 y 1947. Más tarde formó parte de una de las disidencias políticas más relevantes del México posrevolucionario como presidente de la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano. Una vez dentro de las filas del sistema, Gustavo Díaz Ordaz lo hizo responsable de la Secretaría de la Defensa Nacional.

El movimiento estudiantil de 1968 era, según él, uno de los problemas graves que había enfrentado el régimen de la Revolución Mexicana.

Esa estrategia para terminar con las protestas sociales no era nueva para el presidente Díaz Ordaz. En distintos momentos de su gobierno había sido puesta en práctica sin demasiadas repercusiones en la opinión pública. Para el gobierno y para el Ejército, la situación prevaleciente en octubre de 68 era de virtual estado de guerra.

Tlatelolco, 2 de octubre

El general García Barragán se formuló a sí mismo 11 interrogantes sobre el conflicto de 1968 y las respondió por escrito. Dividió la cuarta pregunta, que giraba en torno a la participación del Ejército en el movimiento estudiantil, en cuatro incisos.

Esta es su versión sobre una parte de los acontecimientos:

"C) ƑCuáles eran las órdenes que usted dio al Ejército al participar en esos acontecimientos? "El Ejército, como en todas las intervenciones anteriores, recibió las 68-3 órdenes siguientes:

"1. Actuar con suma prudencia al hacer contacto con las masas.

"2. Si el ataque es con piedras, varillas o bombas molotov, buscar el combate cuerpo a cuerpo sin emplear la bayoneta.

"3. Aunque haya disparos de parte de los estudiantes, no se hará fuego hasta no tener cinco bajas causadas por bala.

"4. Si atacaran con fuego aislado y sin consecuencias, contestar al aire, solamente oficiales.

"5. Si la situación lo requiriera, contestar como sea necesario.

"D) ƑExistió predisposición en contra del gobierno por parte de algunos sectores de la población del conjunto habitacional de Tlatelolco? Sí. Los habitantes de Tlatelolco estaban predispuestos contra el gobierno, en primer lugar por las repetidas veces que terroristas habían ametrallado la Vocacional 7, poniendo en peligro la vida de los habitantes de dicha unidad.

"Esos terroristas eran oficiales del Estado Mayor Presidencial, que recibieron entrenamiento para ese tipo de actos, concebidos y ordenados por el entonces jefe del Estado Mayor Presidencial.

"Como consecuencias de esa animadversión hacia el Ejército, la tarde del 2 de octubre, al presentarse el Ejército a darle apoyo a la Policía Preventiva, surgieron francotiradores de la población civil que acribillaron al Ejército y a los manifestantes. A éstos se sumaron oficiales del Estado Mayor Presidencial que una semana antes, como lo constatamos después, habían alquilado departamentos de los edificios que circundan la Plaza de las Tres Culturas y que, de igual manera, dispararon al Ejército y a la población en general."

La provocación

Javier García Paniagua recibió de su padre, el general García Barragán, una carta esclarecedora escrita el primero de enero de 1978. En ella se describe detalladamente la responsabilidad del Estado Mayor Presidencial en la matanza.

"Has de recordar que el 2 de octubre, en el tiroteo de Tlatelolco, el Gral. Luis Gutiérrez Oropeza, JEMP, mandó apostar, en los diferentes edificios que daban a la Plaza de las Tres Culturas diez oficiales armados con metralletas, con órdenes de disparar sobre la multitud allí reunida, y que fueron los actores de algunas bajas entre gente del pueblo y soldados del Ejército. Todos pudieron salirse de sus escondites, menos un teniente que fue hecho prisionero por el Gral. Mazón Pineda, quien me informó por teléfono de esto que te estoy relatando y que el oficial prisionero le había informado al citado general Mazón Pineda.

"Eso mismo me lo confirmó el general Oropeza en conferencia telefónica, diciéndome: 'Mi general, de orden superior envié 10 oficiales del EMP (Estado Mayor Presidencial) armados con metralletas para apoyar la acción del Ejército contra los estudiantes revoltosos'.

"Cuando el Ejército entró en los edificios ordené que cuanto antes regresaran a sus puestos, concentrándose, pero un teniente que no pudo salir y lo tenía preso el Gral. Mazón Pineda, preguntó: 'ƑQuiere usted ordenar que lo pongan en libertad?' Contestación mía: 'ƑPor qué no me informaste de esos oficiales a que te refieres?' Gral. Gutiérrez Oropeza: 'Porque así fueron las órdenes, mi general'. Gral. B.: 'Ya ordené a Mazón que ponga en libertad al prisionero, acto que se verificó'."

Los acuerdos entre el presidente Díaz Ordaz y el general Gutiérrez Oropeza, al margen del secretario de la Defensa, eran frecuentes.

En las barracas del Estado Mayor Presidencial, instructores militares estadunidenses capacitaron a oficiales, en las mismas fechas en las que transcurría el movimiento estudiantil, en defensa personal y manejo de explosivos. Según el general García Barragán, los atentados con bombas contra cuatro periódicos, en septiembre de 1969, fueron obra del general Oropeza.

 

Responsabilidades

Responsabilidades y líneas de mando dentro de la institución castrense eran claras 68-6 para el general Barragán. Según su visión, el presidente de la República es el comandante en jefe de las fuerzas armadas, su único líder, el responsable del mando.

Hombre de armas y de lealtades, el militar consideraba que el presidente Díaz Ordaz no era culpable de los acontecimientos por el movimiento estudiantil. El cumplió e hizo cumplir la Constitución General de la República.

La iniciativa original de solicitar la intervención del Ejército provino de Luis Echeverría Alvarez, entonces secretario de Gobernación.

Lo hizo la noche del 30 de julio de 1968, argumentando que la Policía Preventiva del Departamento del Distrito Federal era impotente para someter a los estudiantes que alteraban el orden en la ciudad y amenazaban con asaltar las armerías del centro. Sin embargo, al intervenir los soldados en las Preparatorias 1, 2 y 3 se encontraron tan sólo con pequeños grupos de jóvenes.

De acuerdo con el general Marcelino García Barragán, la información que había recibido Echeverría Alvarez era "falseada y exagerada".

Según Julio Scherer, durante los días del conflicto la relación entre ambos personajes era áspera. Después de que el secretario de Gobernación le pidió a García Barragán la intervención del Ejército, le solicitó, con la tropa ya en el Zócalo capitalino, que la regresara a los cuarteles. El general se negó.

Responsabilidad del entonces secretario de Gobernación fue también, de acuerdo con García Barragán, instruir al rector Javier Barros Sierra para que organizara una manifestación de maestros y alumnos para justificar la intervención de las fuerzas armadas.

La marcha, sin embargo, caminó en una dirección distinta a la planeada desde el poder, pues el rector Barros Sierra "en el transcurso de la manifestación escuchó el canto de las sirenas comunistas, y creyéndose un héroe en verdad y tomando muy en serio su papel de caudillo prefabricado, cometió la insensatez de izar nuestra enseña patria a media hasta como protesta por la supuesta agresión a la autonomía universitaria".

La trayectoria de Javier Barros Sierra, hombre firme en sus convicciones y principios -antes, durante y después del conflicto-, cuestiona, sin embargo, la versión del militar.

Los muertos, parece decir el testimonio, fueron sacrificados en el altar de la patria bajo una consideración central: mantener el orden de las instituciones.

El testimonio de García Barragán, empero, es indiscreto y, a pesar de los años transcurridos, actual; las heridas siguen abiertas.

Con su crudeza, desnuda la lógica del poder. Arroja información básica para reconstruir lo sucedido. Confirma que la masacre del 2 de octubre de 1968 fue un crimen de Estado, justificado en nombre de la razón de Estado.