Rasgos compartidos
Jalil Saab H.
Science es ųjunto con Natureų la revista científica de mayor prestigio mundial, con un tiraje superior a 160 mil ejemplares y más de medio millón de lectores. Publicada semanalmente por la American Association for the Advancement of Science (AAAS), divulga los descubrimientos y las teorías más importantes, novedosas o interesantes en las muy diversas disciplinas del conocimiento científico. Para un investigador, publicar en Science representa un reconocimiento a su trabajo y alcanzar una envidiable reputación entre sus pares a nivel internacional. Si, adicionalmente, el tema del artículo publicado merece aparecer en la portada de la revista, es un indicativo de la trascendencia de la investigación, que puede abrir nuevos derroteros o cambiar paradigmas científicos.
Grata sorpresa fue encontrar que en Science del
primero de enero de 1999 (vol. 283, No. 5398) la portada estuviese
dedicada a los resultados de un proyecto posdoctoral realizado, en el
laboratorio del doctor W. J. Lucas, de la Universidad de California
(Davis), por dos mexicanos: Beatriz Xoconostle Cázares y
Roberto Ruiz Medrano, ambos jóvenes investigadores del
Cinvestav-IPN.
En el artículo en cuestión se reporta un descubrimiento: en las plantas existe un transporte de proteínas semejante al que ocurre en los animales. Esto es, que a través de los tejidos celulares vegetales existe una movilidad de macromoléculas a larga distancia y no, como se había creído previamente, que sólo mediante los vasos leñosos (xilema) y capilares (floema) se transportaba materia en forma de soluciones de sales nutritivas (savia bruta) para los primeros, y azúcares sintetizados (savia elaborada) para los segundos.
El complicado título del artículo se puede traducir, libremente, como "Sistema en plantas parálogo al movimiento de proteínas virales que potencian el transporte de ARN en el floema". El trascendental aporte de la investigación consiste en haber hallado que en los vegetales existe un sistema de transporte molecular y de intercomunicación, este último análogo al sistema endocrino de animales.
Todo surgió a partir del problema que planteaba una infección viral en una planta, en la que un virus es inoculado por un vector (por ejemplo, un pulgón) en una hoja y al poco tiempo todo el follaje está infectado. No había respuestas convincentes para explicar cómo era esa propagación, debido a que el grosor y consistencia de la pared le confería cierto hermetismo a la célula vegetal.
El hallazgo fundamental es que la planta cuenta con un mecanismo que permite el movimiento de moléculas (proteínas y ácidos nucléicos) y señales, las cuales pueden ser aprovechadas, tanto por el virus para dañar como por la planta para prevenir el ataque y enviar un eventual mensaje sistémico de alerta. En el trabajo se encontró una proteína de la planta similar (paráloga) a la proteína del virus, capaz de unir ácidos nucléicos y transportarlos por el floema aun sin la presencia del virus en el organismo, lo que determina que la planta cuente con un sistema de comunicación y vigilancia interna permanente e intrínseco.
En el experimento se utilizaron técnicas muy novedosas que marcan un parteaguas en el estudio de la citología y la biología molecular vegetal. Por lo pronto, eso podría conducir a encontrar el sueño dorado, desde hace décadas, de muchos fisiólogos vegetales para determinar la naturaleza de señales tales como el florígeno (por ejemplo, producción de flores) y la resistencia sistémica adquirida (SAR).
No muchos científicos mexicanos han podido ver sus trabajos publicados en Science. Ello puede ser por diversas razones: la preferencia hacia revistas más especializadas sobre su tema de estudio, la urgencia por publicar ante la amenaza de perder la mesada que recibe del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) o, en la mayoría de los casos, la enmascarada (en ocasiones, cínica) discriminación de los editores, en diversas revistas, hacia la labor que desarrollan los científicos del Tercer Mundo, que yo llamaría "sin posibilidades de desarrollo", si por este último entendemos los modelos socioeconómicos de los países posindustriales. Los dos últimos motivos nos ilustran sobre la tragedia del subdesarrollo.
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jalil@ibt.unam.mx