La Jornada Semanal, 28 de noviembre de 1999



artes visuales

laura hernández: azul

Germaine Gómez Haro
Laura Hernández pertenece a la generación intermedia de los artistas oaxaqueños activos en la actualidad. Como dato curioso, entre los numerosos artistas ųy pseudoartistasų que se han multiplicado en forma asombrosa durante los últimos años en Oaxaca ųsi tomamos en cuenta los ciento cincuenta que se reunieron en la exposición presentada en el IMSS en 1996, "La plástica contemporánea de Oaxaca a finales del siglo XX"ų contamos tan sólo con la participación de unas veinticinco mujeres, entre las cuales Laura Hernández es la única que actualmente goza de un amplio reconocimiento en el ámbito internacional.

Laura nació en la ciudad de Oaxaca en 1960 y a los cinco años de edad se trasladó con su familia a vivir al Distrito Federal, donde llevó a cabo toda su formación académica. De su tierra natal quedaron impresas en su memoria muchas imágenes, colores, texturas, olores y sabores... un cúmulo de vivencias infantiles que aderezaron sus experiencias en el ámbito plenamente urbano y que, años más tarde, afloraron en su desbordante expresión pictórica. El lazo de unión con sus orígenes se mantuvo siempre vivo a través de sus padres, quienes se encargaron con empeño de preservar en el núcleo familiar las tradiciones autóctonas, así como de fomentar en sus hijos el amor por sus raíces y la recuperación de los mitos y leyendas ancestrales que aún se transmiten por la vía oral de generación en generación.

Su formación artística la realizó en La Esmeralda, entre 1976 y 1982. A los dieciocho años, una vez terminados sus estudios, la joven pintora da rienda suelta al espíritu nómada que la caracteriza y busca complementar su aprendizaje con una serie de experiencias acumuladas a lo largo de numerosos viajes, tanto al interior de la República Mexicana como a Estados Unidos, Europa, África del Norte, la India, Nepal y, en los últimos tiempos, Camboya. Posteriormente se instala en París y, más adelante, a partir de 1993, reside y trabaja en Amsterdam. Su arte se ha podido apreciar en prestigiadas galerías de Europa y Estados Unidos, culminando en 1997 con una importante muestra interdisciplinaria en el Museo Bochum de Alemania ųbajo el título de Omniaų, la cual viajó enseguida al Museo de Arte Latinoamericano de Long Beach, en California.

A causa de su prolongada estadía en el extranjero, el trabajo de Laura es, curiosamente, menos conocido en México que en otros lugares. En nuestro país ha participado en varias exposiciones y fue motivo de una muestra individual en el Museo de la Ciudad de Oaxaca en 1990. Así pues, la exposición Azul que se presenta a partir del 24 de noviembre en la Casa Lamm viene a ser el reencuentro con sus orígenes, en una muestra concebida enteramente para el público mexicano. Las magníficas pinturas que integran Azul son producto de sus experiencias en el sur de Asia, cuya exuberancia visual y espiritual ha sido la fuente de inspiración de su trabajo reciente.

Azul da cuenta del sincretismo de sus ideas plásticas y de las cavilaciones filosóficas que, aunadas a la fuerte carga mágica de su bagaje cultural nativo, dan origen a una pintura híbrida, expresada con voz propia, de excelente resolución formal. El tema central de estas pinturas es el movimiento del aire y el agua, que Laura intenta plasmar en obras lúdicas que funcionan como especies de caleidoscopios en los que el espectador puede manipular el orden de las diferentes telas que integran una misma obra y, con ello, obtener diversas visiones.

En las obras que integran Azul encontramos algunas particularidades que ya forman parte del lenguaje personal de la pintora y que, de una u otra manera, reinciden en toda su obra. Las características más evidentes son el movimiento y la repetición de las formas. Pintura vertiginosa y desbordada, de composiciones de apariencia caótica, reveladoras de ritmos melódicos de diversas tesituras, maremágnum de tonalidades azules que se funden y confunden en gruesas capas matéricas, ricas en pigmentos y resinas aplicados con minucia. Sus animales, referencias orgánicas y figuras humanas, se van entretejiendo en composiciones complicadas que revelan su interés por crear ámbitos míticos en los que propone la integración del hombre y la naturaleza, en íntima relación con el cosmos.

 

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