Antesala

El eslogan es más rápido (y eficiente) que el poema. Hace ya tiempo que recibimos en esta redacción los números, siempre llamativos, de la revista Origina, mensuario que por su formato y sus portadas espectaculares no puede pasar inadvertido. Sin embargo, por una u otra razón, este antesalista no había podido comentarla. Ahora que la mayoría de las actividades culturales cerraron o suspendieron el pasado viernes 17, y que tenemos en nuestras manos el ejemplar especial de fin de año, llamado ``Volver al origen'', me atrevo a aventurar algunos comentarios, tanto para que el (la) ansioso(a) lector(a) de revistas donde priva el diseño se anime a comprarla, como para que el (la) lector(a) que ya la conoce esté en (des)acuerdo conmigo. (Escribo esta nota por el puro placer de aclararme por qué me gusta y al mismo tiempo no me gusta esta publicación.) La edición, la preprensa y la impresión son impecables: desde la calidad del papel mate, que permite leer y admirar tanto el diseño como las fotografías sin el molesto charolazo que encuentra uno incluso en los libros ``de Lujo'', que no de arte (los famosos libros lucidores y superficiales que en inglés llaman con fortuna coffetable books); hasta la ingeniería de papel, que se despliega en la portada y la contraportada, que pueden abrirse para encontrar en su reverso un anuncio siempre de buen gusto. Además, Origina logra conjuntar buenas plumas que adornan su índice mensual (excepto Carlos Castillo Peraza, quien supuestamente se ha retirado a las actividades de intelectual, según él siguiendo las enseñanzas de Octavio Paz pero convirtiéndose más bien en un Padre Ripalda redivivo; Castillo no peraza, digo, no parece haber aprendido la lección bíblica: el pez por su boca muere). Ahora, esta revista en sus virtudes anida sus defectos, que a fin de cuentas sólo lo son para alguien que, como este su servilleta, tiene una reverencia premoderna por la palabra escrita. Me explico: la portada, que ya he referido, resulta la perfecta metáfora de lo que es la revista. Su fachada es la temática y los nombres de quienes escriben los artículos, mas esta cara esconde en su doblez el verdadero rostro del mensuario: la publicidad. O como diría McLuhan, el mensaje es el masaje. Cuando uno ojea sus páginas, es difícil diferenciar por el diseño entre los artículos y los anuncios publicitarios; es más, por ser más claras y contundentes, uno termina leyendo las páginas publicitarias, ya que es tan recargado el diseño con que se viste a cada artículo, que la famosa ``mancha tipográfica'' (término casi peyorativo con el que se refieren los modernos diseñadores que no saben leer los textos que supuestamente adornan) se convierte en eso, una especie de plasta de color y diseño con un chingo de letritas que, junto a un anuncio publicitario de tipografía limpia y de diseño atractivo por su sencillez, da una güeva infinita leer. El efecto Playboy pero llevado a un extremo máximo de ilegibilidad. Esta publicación, pues, es una especie de coffetable review, una revista de consultorio donde el verdadero actor principal se esconde tras el supuesto actor principal. En lo personal, el truco me parece impecable, y felicito al equipo que con tanto esmero y profesionalismo logra que uno lea con inevitable placer la publicidad, aparentando que uno compra o busca la revista para leer los artículos. (Así que Castillo Peraza puede estar tranquilo: puede aparecer como un escritor de a deveras pero no corre el peligro de que lo lean y se den cuenta de que no lo es.)

Va de nuez. A petición de nuestra amiga Jen Hofer, volvemos a transcribir su llamado que, pese al SOS, no es desesperado sino conminatorio. Ahí les va: ``Convocatoria: SOS a poetas mexicanas. Antología bilingüe de poesía contemporánea de mujeres mexicanas.

Se solicita a poetas que no hayan sido traducidas al inglés una muestra de sus textos para una antología de poesía contemporánea de mujeres mexicanas en edición bilingüe que se publicará simultáneamente en México y Estados Unidos. ¿Qué se busca? Espontaneidad. Experimentación. Frescura. El `algo más' que está `allí afuera'. Comunícate con Jen Hofer, Matehuala, edificio P, depto. 0 (Edificios Condesa), Colonia Condesa, México, DF, CP 06140. Fax: 5286 6676. Correo electrónico: jenho@mindspring.com. ¡Corre la voz! Fecha límite para enviar textos: 13 de febrero de 2000.

Carlos García-Tort

jsemanal@jornada.com.mx


Bazar de asombros


ALEJANDRO ZOHN Y LA UTILIDAD DE LA BELLEZA

En 1954, Alejandro Zohn, arquitecto jalisciense nacido en la vieja capital del Imperio Austrohúngaro, construyó, basado en el espíritu, la teoría y la estética del ``tianguis'' tradicional, un prodigioso escenario para todos esos milagros cotidianos que André Gide llamaba ``los alimentos terrenales''. Esta obra que conjunta belleza y utilidad es lo que los franceses llamarían ``el estómago de la ciudad''. Hace poco, en uno de esos viajes que hago a Guadalajara y que me dejan enmarañado en una selva de memorias, confusiones (los viejos peleamos una batalla perdida con los tiempos y los recuerdos) y deslumbramientos, me asomé al mercado de San Juan de Dios. Ante mis ojos se desplegaron los cada vez más maltrechos remanentes del comercio tradicional, basado en una competencia que tenía como centro la calidad, y que está ya casi derrotado por el capitalismo monopolístico y por el darwiniano neoliberalismo. Sin embargo, esos remanentes lucían las galas de los tiempos pasados (``cualquiera tiempo pasado fue mejor'', decía don Jorge Manrique) caracterizadas por las reglas sabias de la calidad y el regateo: verduras y frutas recién regadas, la gloria púrpura del jitomate, los tonos ocres de las calabazas, el tono esmeralda de los chayotes, la gama de los verdes en las calabacitas, ejotes, pepinos y lechugas; los blancos impecables de las cebollas, el blanco ambarino del ajo... las audaces combinaciones de colores en las bolsas y las zacas, el sueño de papel de las piñatas, el olor capitoso de las especies y las flores y más flores que, en nuestra región y para nuestra fortuna, salen cuando a bien les viene sin respetar el orden de las estaciones. Bajo los esbeltos pilares y las novísimas nervaduras, enmarcados por el rojo y el gris del ladrillo y el concreto, los puestos de comida ofrecen su variedad infinita de carnitas, birria, pozoles, caldo michi, charales, tortillas y esas tenues raspadas hechas con el pellejo de nuestro pan nacional. Todo sucede en el Mercado Libertad. Bulle a su alrededor la ciudad y el sólido y hermoso edificio alberga con prestancia garantizada por las remodelaciones estas aventuras grandiosas de las cosas pequeñas y esenciales.

Dice Hundertwasser que los llamados edificios multifamiliares tienen, como aspecto angustioso, todas las ventanas iguales. Por esta razón, la uniformidad crea un clima de desasosiego e impide el fortalecimiento de las individualidades que sólo puede darse en la variedad y en el respeto a las hermosas diferencias. Alejandro Zohn se enfrentó a ese problema y encontró una serie de notables soluciones patentes en su Unidad Habitacional de Atemajac.

Las geometrías ágiles y majestuosas de los Archivos Estatales enaltecen y protegen a su delicado tesoro. Zohn, fiel a su credo (que es su estilo), combinó la belleza del diseño con el respeto a la función pública que debía cumplir su criatura. La voluntad de estilo y la originalidad del maestro constructor están presentes en las pirámides de los tragaluces y en la vertiginosa vista de la torre desde el patio.

Su casa en Loma Larga sirve a todos los sentidos y está, sobre todo, llena de vistas para alegrar los días. No niega Alejandro Zohn las buenas influencias que han fortalecido su estilo y muestra en todas sus obras una inteligente fidelidad a los materiales locales y a la sabiduría proveniente de la arquitectura popular. En su historia andan Díaz Morales y Matías Goeritz, nuestro Luis Barragán, Urzúa, Castellanos y muchos de sus compañeros de la ilustre Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara.

Quisiera, para finalizar esta semblanza, intentar una teoría sobre la poética arquitectónica de Alejandro Zohn. Sus palabras son los leves cascarones de concreto, las aladas estructuras metálicas, el ladrillo hijo de la tierra y el fuego, la piedra de ríos y llanos con sus nostalgias jurásicas y el concreto con su calor austero y abierto a todas las texturas queridas por la imaginación. Con ellas forma un poema que es, al mismo tiempo, puro goce estético y actitud ante la vida, sus grandes cosas cotidianas y los ritos que los humanos debemos cumplir para que el sol salga todos los días y alumbre las ventanas diferentes de las casas en que vivimos.

Hugo Gutiérrez Vega

jsemanal@jornada.com.mx

CONFIGURACIONES

Hugo Hiriart

Filete de mono en su jugo (I)

1

Un niño te pregunta ``¿cuál es la diferencia entre un piano y un mono?'' Tú, por quitártelo de encima, respondes ``no sé, ¿cuál?'' El niño te contesta: ``entonces ten cuidado de no comprar un mono creyendo que compras un piano''. Es un chiste muy viejo. El mismo aire de cosas que no tienen que ver manifiesta la pregunta ``¿cuál es la diferencia entre ciencia y literatura?'' Pero tratemos de todos modos de responderla, aunque sea porque a veces nos venden literatura como si fuera ciencia. El psicoanálisis de Freud, como acepta casi todo mundo, o las teorías de Darwin, coma algunos, como Popper, han creído. La operación inversa, vender ciencia como si fuera literatura, ¿es posible? Un ejemplo: Marx exclamó ``Balzac, eso es sociología'', y aunque la sociología sea ciencia blanda, y aun blandísima, puede pasar, con algo de manga ancha, por ciencia. Vamos entonces a examinar la cuestión.

2

Si queremos señalar una diferencia, lo primero que se nos ocurre, creo, es declarar que la ciencia es siempre general y la literatura siempre y en extremo particular. ¿Qué quiere esto decir? Que las ciencias no formales, que no son ni matemáticas ni lógica, explican deduciendo casos de leyes. Que ``el calor dilata los cuerpos'' explica que la leche rebose la olla y se tire cuando la calientas. La grandeza de la ley está en su generalidad: ``el calor dilata los cuerpos'', esto es, todo cuerpo, no importa cuál, el que sea.

Estamos hablando de explicaciones. ¿Qué es explicar? Digamos como preliminar, ``explicar es hacer algo inteligible''. Algunos definen así: ``explicar es reducir lo desconocido a lo conocido, lo extraño a lo familiar''. Pero no siempre. Si preguntamos, por ejemplo, ``¿por qué el gas caliente decolora la pintura de las cocinas?'', la ciencia lo explica así: ``porque el sulfuro que contiene el gas doméstico entra en cierta reacción química con los elementos químicos de la pintura de casas que oscurece los tonos de color''. La explicación es contundente, supongo, aunque todo eso del sulfuro y las reacciones no sea familiar a la mayoría de nosotros.

La ciencia proporciona sólo un modelo de explicación, pero es un modelo muy imperioso. El maestro Carnap declara una ortodoxia: ``no hay explicación sin ley''. Esta restricción es aséptica, clara y elegante, lástima que no podamos aceptarla. ¿Por qué? Porque muchas explicaciones que nos parecen por entero válidas y suficientes, pero que no están cubiertas por ninguna ley, no serían explicaciones. En especial, si aceptamos el modelo de Carnap, en literatura no habría nunca explicación de nada. Pero a muchos nos parece obvio que en literatura hay explicaciones. El problema se reduce, entonces, a examinar si puede haber modelos de explicación heterodoxos, blasfemos, si quieres, no nomológico deductivos (así se llama el modelo de Carnap, de ``nomos'', ley en griego).

3

Voy a contar un cuento. ``Una mañana, Pomponia, joven y apacible madre de familia, entró a la cocina de su casa y sorpresivamente, halló ahí a un hombre muy gordo, de grandes bigotes y enhiesto gorro de cocinero. Aunque no lo conocía, Pomponia no se sorprendió con su presencia. El gordo empezó a hablar: `sé que tienes que guisar una comida de alto bordo y manteles largos, porque quieres quedar muy bien, como gran baleboste, y vengo a ayudarte a prepararla. Va a ser impresionante, te lo puedo asegurar, y perfecta en todo sentido, porque soy un grande y famoso cocinero. De entrada vamos a dar una fruta que nadie ha probado, estos plátanos con hueso, prueba, son deliciosos'.

''Pomponia mordió la fruta y sí, tenía a todo lo largo un hueso azul cobalto, aterciopelado, pero duro. `Sabe raro, una mezcla de mandarina y apio', comentó la muchacha. `Con una pizca de clavo', añadió el gordo, `y luego viene, de sopa, la crema de engrudo frío con cebollín y ostiones en su concha. Para conocedores. Luego, claro, la piece de resistance filete de mono en su jugo con queso de montaña, muy poderoso. De postre :damos abejas vivas en su propia miel.'

''En ese momento, Pomponia despertó.''

Pues bien, sostengo que la frase final, ``Pomponia despertó'' explica de manera saciativa e innegable, lo que ha estado sucediendo en el cuento. Es decir, que en ellas hay, como observó Aristóteles y todo mundo repite desde entonces, planteamiento, nudo y desenlace. Y el desenlace es, como en este caso, una especie de explicación. Pero ¿de qué tipo? Porque ciertamente no es el modelo nomológico de Carnap. Vamos a examinar. Aunque parezca mentira, este problema tiene su complicación y su chiste.

Pero esto será la próxima vez.