
La lucha contra el sida no sólo ha dejado
secuelas de dolor y sentimientos irreparables de pérdida. También
ha sido una magnífica escuela de aprendizaje de los mejores valores
humanos. Suelen ser las grandes catástrofes, como la pandemia de
sida, las que ponen a prueba a hombres y mujeres, pues los enfrenta a retos
inéditos que los obliga a asumir responsabilidades y compromisos
éticos. Henry Ardila fue una de esas personas que no dudó
en enfrentar el reto. Cuando fue testigo de la discriminación sufrida
por los pacientes con sida en su natal Colombia, renunció a una
carrera de médico muy prometedora dentro del sistema para dedicarse
de lleno al trabajo comunitario. En 1984 estableció, con un grupo
de profesionales, el primer albergue para enfermos terminales de VIH/sida.
Pero no conforme con sólo paliar en algo el problema, en 1988 fundó
la Liga Colombiana de Lucha Contra el Sida para desarrollar una respuesta
integral y efectiva al problema. Resultaría abrumador narrar aquí
ya no los trabajos sino incluso los principales logros de este ejemplar
médico y activista especializado en epidemiología. Sólo
diremos que Henry fue sin duda alguna uno de los pilares del combate contra
el sida en Latinoamérica. Su capacidad profesional lo
ubicó muy pronto como una de las figuras imprescindibles
en las innumerables reuniones y conferencias de trabajo regionales e internacionales
donde se discuten las estrategias globales y comunitarias para encarar
el problema. Por ello, su muerte prematura causó gran consternación.
El presidente Andrés Pastrana envió condolencias a la familia
y el ministro de Salud decidió nombrar una de las salas del ministerio
en su honor. Tan sólo unos días antes de su fallecimiento,
el 18 de enero, Henry fue nombrado coordinador general del Programa Nacional
de Sida de Colombia, lo que coronaba su brillante esfuerzo de más
de quince años contra la pandemia y significaba el inicio de una
nueva etapa. Sus compañeros y compañeras de la Liga Colombiana
nos hicieron llegar su semblanza con el siguiente texto: "Su muerte es
una terrible pérdida para todos nosotros. Fue un gran luchador por
los derechos humanos y civiles de las minorías. Con él aprendimos
que la palabra solidaridad tiene significados prácticos y concretos,
y que la esperanza es mucho más que una mera declaración
pomposa."