Los plaguicidas en el sureste de México

Jorge Alvarado Mejía pag-6

 

El consumo de plaguicidas sintéticos se inicia en el sureste de México a finales de la década de los cincuenta como parte de los programas gubernamentales destinados a impulsar los cultivos de exportación. Estos requerían, entre otras cosas, grandes inversiones en infraestructura de riego, moderna tecnología agrícola y créditos.

El empleo de plaguicidas es muy variado debido al gran número de plagas y enfermedades propias de los climas tropicales que atacan los cultivos. Sobresalen los organofosforados, carbamatos y los derivados del bipiridilo, como el paraquat. Entre los primeros se encuentran los insecticidas diazinon, malatión, metamidofós, metiparatión, seguido de los fungicidas, como el metomilo.

Algunos de ellos están prohibidos o restringidos en otros países. Es el caso del paraquat y el metilparatión, pero que en México forman parte de los paquetes tecnológicos recomendados por la Secretaría de Agricultura. En algunas regiones donde se cultivan hortalizas y frutales fumigan hasta tres veces por semana.

Los horticultores recurren a plaguicidas de peligrosidad alta en el 96 por ciento de los casos, y de peligrosidad extrema en el 25 por ciento de las veces. Existe un predominio de la bomba tipo űmochilaƇ, manual, y motorizada en menor grado.

En el sureste de México existe una marcada falta de lectura de las instrucciones o advertencias en las etiquetas de los tambos y demás empaques donde vienen los agroquímicos. Podemos afirmar que, en general, es insuficiente el conocimiento sobre los peligros y controles preventivos necesarios que deben observarse en torno a los plaguicidas, lo cuál en conjunto lleva a un alto riesgo de intoxicación. Agréguese el escaso empleo de equipo de protección, que va del ocho por ciento en Yucatán al cinco por ciento en Chiapas, porque se considera un gasto innecesario o muy costoso. Además, el clima caluroso dominante todo el año no favorece la utilización de dicho equipo.

Es común encontrar casos de intoxicación aguda entre los agricultores debido a los accidentes por derrames de la bomba, contaminación de los alimentos por falta de higiene o descuidos al fumigar. Van del 57 por ciento en Chiapas al 34 por ciento en Yucatán. En su mayoría los afectados presentan síntomas moderados y leves de intoxicación. No buscan ayuda médica y sus casos no constan en los reportes médicos. Se tratan con remedios caseros o se automedican. Sólo los casos graves son registrados oficialmente, con lo cual se favorece el sesgo estadístico de este problema de salud pública.