
De acuerdo con un informe del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (Onusida), con motivo del lanzamiento de la Campaña Mundial contra el Sida del 2000, los hombres pueden cambiar el curso de la epidemia del sida. La nueva Campaña tiene por objetivo involucrar más plenamente a los varones en los esfuerzos contra el sida y establecer un nuevo y muy necesario enfoque centrado en los hombres y en las respuestas nacionales a la epidemia.
El número de infecciones por VIH y el de defunciones por sida en los hombres supera a lo que corresponde a las mujeres en todos los continentes, excepto en la región de Africa subsahariana. Los varones jóvenes corren un mayor riesgo de contraer la infección que los varones adultos: alrededor de una de cada cuatro personas que tienen el VIH es un joven menor de 25 años.
Por consiguiente, existen motivos evidentes para considerar que los varones deberían intervenir plenamente en la lucha contra el sida. Ha llegado el momento de empezar a ver al hombre no como un tipo de problema, sino como parte de la solución.
En la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada en 1999, se llamó la atención sobre el papel de la igualdad y la equidad entre los sexos como un elemento determinante del éxito en la lucha contra el sida. Hay que adoptar medidas urgentes para reforzar la capacidad y los conocimientos de la mujer y para facultarla con miras a actuar de manera informada. Debe asimismo estimularse el hombre para que se responsabilice de su propia salud sexual y reproductiva, y de la de sus parejas.
¿Por qué razón centrarse en los hombres?
Hay cinco razones principales para centrar la Campaña Mundial contra el Sida en los hombres y los muchachos.
1. La salud del hombre es importante, pero no recibe la atención adecuada. En la mayoría de los contextos, es menos probable que solicite atención de salud el hombre que la mujer, y más probable que el hombre adopte comportamientos peligrosos para su salud. Generalmente el hombre hace frente a las situaciones críticas, como vivir con el sida, con menos eficacia que la mujer.
2. El comportamiento del hombre lo expone al riesgo de contraer el VIH. A pesar de que la transmisión del VIH entre las mujeres está aumentando, los hombres --incluidos los muchachos adolescentes-- siguen constituyendo el grupo mayoritario de personas que viven con el VIH o con sida en el mundo entero. Por lo general, es más probable que el hombre consuma alcohol, otras sustancias o se inyecten drogas que conducen a las relaciones sexuales desprotegidas y aumentan el riesgo de transmisión del VIH.
3. El comportamiento del hombres expone a la mujer al riesgo de contraer el VIH. Por término medio, los hombres tienen más parejas sexuales que las mujeres. El VIH se transmite sexualmente con más facilidad de un hombre a una mujer que a la inversa. Además, los consumidores de drogas y que viven con el VIH --la mayoría de los cuales son hombres-- pueden transmitir el virus tanto a sus compañeros como a sus compañeras que utilizan drogas como a sus parejas sexuales. Por tanto, es más probable que un hombre con el VIH infecte a más personas a lo largo de su vida que una mujer VIH positiva.
4. Las relaciones sexuales entre hombres ponen en peligro tanto al hombre como a la mujer. La mayor parte de la relaciones sexuales entre hombres se mantienen ocultas. De acuerdo con encuestas efectuadas en todo el mundo, hasta una sexta parte de todos los hombres declaran haber tenido relaciones sexuales con otro hombre. Muchos de estos varones también tienen relaciones sexuales con mujeres, con sus esposas o con parejas ocasionales o habituales. En muchos países, la hostilidad contra las relaciones sexuales entre hombres y las ideas equivocadas sobre esa cuestión han tenido como consecuencia medidas inadecuadas de prevención del VIH.
5. Los hombres deben prestar mayor atención al problema del sida porque éste afecta a la familia. Debería estimularse a las madres y a los padres de familia, y futuras madres y padres, a tener en cuenta la posible repercusión de su comportamiento sexual en sus parejas e hijos, incluido el hecho de fallecer a causa del sida y dejar huérfanos a sus hijas e hijos, y de introducir el tema del VIH y sida en la familia. Los hombres también deben intervenir más en el cuidado de los miembros de la familia que tienen el VIH o el sida.
Los hombres marcan la diferencia
A pesar de que el comportamiento de los hombres está contribuyendo de forma significativa a la propagación y el impacto del VIH, y los sitúa precisamente en la primera línea de fuego, ese comportamiento puede cambiar.
Lograr la participación de los hombres en los esfuerzos contra el sida representa el modo más seguro de cambiar el curso de la epidemia. Es improbable que señalándolos con el dedo o culpándolos se consiga motivar a los varones para que escuchen o cambien sus actitudes.
Por medio de la Campaña Mundial contra el Sida, el Onusida, sus asociados en todo el mundo y los Programas Nacionales de Sida trabajarán a la vez con las mujeres y los hombres, así como con las organizaciones civiles, los gobienos y el sistema de las Naciones Unidas, para producir un nuevo y muy necesario enfoque centrado en los hombres.
Por lo que se propone:
--Fomentar la comprensión de los modos en que los estereotipos y las expectativas en función del género afectan a la mujer y al hombre, y apoyar el trabajo para aumentar la igualdad y la equidad entre los géneros.
--Oponerse a los conceptos de masculinidad perjudiciales y divisorios, y a otros estereotipos en materia de género.
--Estimular la discusión sobre las maneras cómo se educa a los muchachos y sobre cómo es previsible que se comporten los hombres.
--Animar a los hombres a hablar entre ellos y con sus parejas sobre el sexo, el consumo de drogas y el sida.
--Aumentar la capacidad de la mujer para decidir cuándo, dónde y si quiere o no tener una relación sexual.
--Mejorar el acceso de los hombres a fuentes de información, asesoramiento y apoyo apropiados.
--Fomentar una mayor aceptación y comprensión de los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres.
--Apoyar las acciones gubernamentales y no gubernamentales para reducir la violencia masculina y la violencia sexual.
--Apoyar al hombre en su papel de padre y cuidador, tanto dentro de la familia como en la comunidad.