LETRA S
Mayo 4 de 2000
Editorial

En los debates electorales, los temas de la salud sexual y reproductiva han estado ausentes. Considerados temas menores o de índole privada en comparación con los grandes temas económicos, políticos y sociales, los diversos candidatos de los diferentes partidos pocas veces incluyen propuestas al respecto en sus campañas proselitistas. Aún más, evitan abordar temas considerados espinosos, como el aborto, por el supuesto temor a perder votos. Cuando se refieren a la mujer, su discurso se centra sobre todo en el ofrecimiento de mayores cuotas de poder político o en su creciente participación en la vida económica del país, sin abordar el tema fundamental de sus derechos sexuales y del respeto a su autonomía y capacidad de decisión sobre su propio cuerpo.

Sin embargo, y debido a la creciente demanda, conciencia y magnitud de los problemas derivados del ejercicio de la sexualidad, los temas de los derechos sexuales y reproductivos comienzan a imponerse en las agendas electorales porque así lo está exigiendo la gente. El impacto del caso Paulina, presente en el debate de los candidatos presidenciales, es un ejemplo de lo anterior.

Por la relevancia del tema de la sexualidad, es importante hacer que los candidatos y candidatas se pronuncien sobre la educación sexual, las campañas preventivas contra el sida, las infecciones de transmisión sexual y los embarazos no planeados, la violencia sexual, el derecho a la interrupción del embarazo, la discriminación y el respeto a la diversidad sexual, etcétera. Incluir estos temas en el debate electoral permitiría consolidar los consensos alcanzados hasta ahora durante años de labor y establecer que en esta materia no hay posibilidad de fingir indiferencia o de dar marcha atrás.