VIERNES 5 DE MAYO DE 2000
* Magdalena Gómez *
Chiapas, escenario para el voto del miedo
Chiapas en 1994 fue el pretexto de la campaña priísta que generó el voto del miedo. Seis años después la maquinaria se prepara para repetir la operación ante los signos inocultables de que no lograrán el triunfo, sólo que ahora se enfrentan a la evidencia de que el EZLN ha sido respetuoso del cese al fuego y que sus demandas se canalizan por la vía política. Por ello, la ciudadanía tiene una percepción diferente respecto a un movimiento cuyas causas han sido reconocidas como justas y si no se ha modificado la vía es por la crisis del proceso de diálogo que de haberse desarrollado, como estaba pactado, habría concluido con la entrega de las armas.
Así que las fuerzas oscuras del regímen, "viejos y nuevos", no parecen dudar en preparar condiciones reales de desestabilización actuando en contra de las comunidades indígenas chiapanecas, justamente en los días en que los partidos políticos no priístas redoblan sus esfuerzos en busca del voto, y la fuerza de Pablo Salazar le augura un triunfo en la entidad.
En ese contexto, la noticia de que la Semarnap habría solicitado a la Policía Federal Preventiva (PFP) su intervención en la Selva Lacandona con el pretexto de detener a quienes provocan incendios, se viene a sumar a las crecientes denuncias sobre incremento de presencia militar, de vuelos rasantes con helicópteros, de posturas de grupos paramilitares que preparan el terreno para que los "culpables" de los incendios sean las bases de apoyo zapatista. Todo ello configura un ambiente propicio para la agresión a comunidades como las que están ubicadas alrededor de Montes Azules.
Recordemos las semanas previas a la masacre de Acteal y encontraremos que se está viviendo una situación similar donde el incremento de la presión hace efectiva una guerra psicológica en las comunidades y veamos que nuevamente hay intervención externa de carácter gubernamental que sirve de chispa para encender el fuego y de resorte de fuerza para los grupos paramilitares que no casualmente son activos del priísmo.
Después del desgaste que ha significado para el ejército la agresión al Ejido Amador Hernández con el pretexto de proteger a una constructora entendemos que se esté buscando a un actor como la PFP con ropaje de civil y con esencia militar. Basta leer el informe del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, La guerra de Chiapas: un incidente en la historia, para dar cuenta de que durante el último año la presencia del Ejército Mexicano se ha incrementado y las violaciones a derechos humanos están concentradas en esa institución.
Ante esta situación es urgente la denuncia de los organismos no gubernamentales, pero será también necesaria una postura de los candidatos a la Presidencia de la República no involucrados en la estrategia priísta.
Si los encargados gubernamentales de la estabilidad del país hacen oídos sordos a estos hechos y no detienen estas amenazas, serán responsables de las violaciones a derechos humanos que en Chiapas se presenten, pero lo serán también de contribuir a esta nueva modalidad de provocar "la caída del sistema" que tan eficaz le resultó al PRI en 1994. Al gobernador de Chiapas no se le puede pedir que gobierne porque es pedir lo imposible, más ahora que acaba de ser instruido en el cuartel general de su candidato. Si el régimen está cerrando filas para salvarse a costa de lo que sea, las fuerzas democráticas debemos hacerlo para impedirlo.