Lunes en la Ciencia, 29 de mayo del 2000



Patrimonio paleontológico


La importancia de los fósiles

Jerjes Pantoja Alor

Los fósiles tienen un papel principal en muchos aspectos de la vida científica actual; contribuyen en la solución de los problemas de correlación geocronológica y bioestratigráfica, sirven de apoyo a los estudios paleogeográficos y ambientales, permiten comprender las variaciones climáticas y sus efectos en la flora y la fauna, e intervienen en otros estudios vitales en los procesos de la Tierra. Sin embargo, la importancia que una disciplina científica, como la paleontología, adquiere dentro del sistema general de investigación se encuentra en proporción directa de sus logros y, de manera indirecta, en la forma en que esos éxitos inciden en la consecución de objetivos económicos y de bienestar social. Bajo ese concepto, la paleontología en México es muy importante, lo demuestra la industria petrolera, la exploración de los recursos minerales, los estudios ambientales y otras actividades académicas y culturales, como los museos de historia natural y de paleontología, que se valen de esta disciplina científica para su desarrollo.

Feggo/Paleontologia La inquietud científica por los fósiles se maneja en México desde el inicio de la conquista, cuando Hernán Cortés, el primer patrocinador de la paleontología nacional, envió unos grandes maxilares a España. Comienza entonces el primer proyecto de investigación paleontológica de fósiles mexicanos subvencionado por una institución extranjera: la Corona de España. En la misma época, el P. J. de Acosta, en su Historia Natural de las Indias, publicada en 1590, se refiere a restos de grandes animales encontrados por él en América y razona sobre la forma cómo pudieron llegar hasta esa región estos animales desconocidos, diferentes a los actuales, y a su vez distintos de los de Europa, dejándose entrever un precursor de las ideas de Cuvier.

Antecedentes históricos

Para Gloria Alencaster, el desarrollo de la paleontología en México se puede dividir en tres etapas: la primera, que se inicia prácticamente en 1839 y abarca hasta fines del siglo XIX, se caracteriza porque la mayor parte de las investigaciones se realizaron por paleontólogos europeos a quienes les enviaron los fósiles desde México, tal como lo demuestran las publicaciones de dos geólogos belgas, H. Nyst y H. Galoetti, quienes en 1839 y 1840, estudiaron los moluscos y foraminíferos de Puebla y Jalapa, y una publicación alemana de Von Meyer, sobre los grandes proboscídeos mexicanos del Pleistoceno.

El primer registro oficial de fósiles mexicanos lo realiza Antonio del Castillo, quien clasifica algunos mamíferos fósiles del estado de México. Casi al mismo tiempo Owen trabaja sobre los restos fósiles de equinos encontrados en América del Sur y América Central, que incluye a México; sin embargo, no es hasta algunos años después que Bárcenas, al describir un crustáceo y después los fósiles característicos de las rocas mesozoicas de México, registra por primera vez los invertebrados fósiles del país. Es importante señalar que en esta misma época, en 1896, por decreto presidencial, se creó la Comisión Geológica que en 1898 pasó a ser el Instituto Geológico Nacional, con lo cual se marca la presencia de la primera institución dedicada al estudio de los fósiles, entre otros tipos de investigación geológica. Desde esta época se establece de forma importante el proceso co-evolutivo entre la geología y la paleontología, situación que aún persiste y persistirá.

La segunda etapa comprende desde los albores del siglo XX hasta principios de 1950; se inicia con la presencia del ingeniero de minas José Guadalupe Aguilera (1857-1934), quien se desempeñó como director del Instituto Geológico Nacional y es, indudablemente, el fundador de la paleontología mexicana. También es conveniente señalar que en 1929 se incorpora el Instituto Geológico Nacional a la Universidad Nacional Autónoma de México y constituye por mucho tiempo la única institución que realiza investigación paleontológica en el país. En esa época fue muy importante la labor desarrollada por paleontólogos extranjeros residentes en México, como Carl Burckhardt (1869-1935), Emil Böse (1868-1927) y Federico K. Mulleried (1869-1935). También, una gran parte de la producción científica fue realizada en Estados Unidos por instituciones geológicas y centros educativos. Destacan los trabajos de Wieland sobre las plantas jurásicas de Oaxaca, los de Ralph W. Imlay sobre los ammonites y otros moluscos del norte de México, los de G. Arthur Cooper y su grupo sobre los invertebrados paleozoicos de Sonora; los de Joseph Cushman sobre los foraminíferos de las regiones petrolíferas del Golfo de México y otros más. A pesar de que en esta etapa la producción paleontológica resultó considerable, fue elaborada principalmente por extranjeros; los autores mexicanos fueron pocos y aislados, sin discípulos y sin ninguna tendencia definida de desarrollo.

La tercera etapa del desarrollo paleontológico nacional es la que se vive y aún continúa La inició en 1950 el doctor Maldonado-Koerdell (1908-1972) con la colaboración del doctor Federico Bonet (1906-1979). Ambos organizaron el Departamento de Paleontología de Petróleos Mexicanos, pudiéndose decir que corresponde a la época más fructífera de la paleontología mexicana. En la actualidad se desarrolla investigación y trabajo paleontológico en tres instituciones grandes: el Instituto de Geología de la UNAM, el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y Petróleos Mexicanos (PEMEX), y se cuenta con departamentos menores en otras instituciones como la Facultad de Ciencias de la UNAM, el Instituto Nacional de Antropología (INA), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la Universidad Autónoma de Nuevo León en Linares, la Universidad Autónoma de Morelos, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y en varios otros centros de educación superior. Los paleontólogos que investigan o enseñan en las diversas instituciones donde se cultiva esta disciplina representan varias generaciones de geólogos o de biólogos que directa o indirectamente tuvieron su origen en el grupo adiestrado por Maldonado y Bonet. Una fecha de notoria relevancia resulta el 17 de abril de 1986, que es cuando se funda la Sociedad Mexicana de Paleontología, AC que amalgama de una manera fraternal a todos los que se dedican a la actividad paleontológica. Su cuarto congreso nacional de paleontología tendrá lugar en junio de este año, en Linares, Nuevo León.

La cuarta etapa del desarrollo paleontológico de México la escribirán, a partir del inicio de este nuevo milenio, una nueva generación de paleontólogos, desde luego mejor preparados multidisciplinariamente y con mejores recursos científicos y tecnológicos para resolver los retos de un mundo ambientalmente más complejo y problemático.

El autor es investigador del Instituto de Geología de la UNAM

jpantoja@avantel.net


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