LETRA S
Junio 1 de 2000
Crónica Sero
Para Paulina, la niña madre

 

JOAQUIN HURTADO

 

"Me voy del Seguro", dice M, mi infectólogo mientras me da varios golpecitos en el vientre para averiguar por qué sigo defecando sangre. Por mi parte me concentro en detectar cualquier sensación extraoficial en la traicionera calma de mi panza. M prosigue en su pausado monólogo, al tiempo que me coloca el estetoscopio sobre el ombligo: "No puedo seguir haciéndoles el juego a esos tales por cuales. Si recetas cualquier antiviral te someten a un hostigamiento que llega hasta el terror. No voy a engañar a mis pacientes porque no puedo engañarme a mí mismo. La conciencia limpia es lo más importante."

M es una víctima más dentro de los hospitales de gobierno. Así les va a la gente sencilla y honesta. Son como islotes sin salvaguarda ante un vendaval donde la rapiña y la desvergüenza es la ley que imponen los jefes de la institución. "Qué mala onda --le digo a M-- pero haces bien." Después de preguntas sin respuestas claras, sospecha que lo mío puede ser amibiasis, colitis, o mil cosas más, entre ellas cáncer de colon. Hay que hacer exámenes exhaustivos.

Quedamos de vernos después de vacaciones. Pero hoy tengo los primeros resultados. Se descarta la amiba. Pero sigue fluyendo la sangre de mis intestinos. ¿De dónde, por qué? ¿Cáncer?: no answers, just questions. Mi mujer me abraza muy fuerte, y así cree retenerme un poco del pánico que me succiona hacia ningún lado. Yo, después de varias generaciones de malas nuevas que llevo en este decenio de seroconvivir, ya no tengo de dónde asirme. Me caigo a un pozo lleno de vacío.

Pero la noticia de Baja California me estrella contra la vida. Por paradójico que parezca, me resucita. El gobierno niega el derecho al aborto a una niña violentada sexualmente. Los meses pasan. Las intrigas católicas y la inexorable biología lograron lo que se propusieron. Ya nació Isaac, el hijo de Paulina. Sobre sus despojos festinaron las hienas. Es el hijo del dolor y del valor de una chiquilla cuya familia sacó lo mejor de la condición humana. Su historia me devuelve al mundo de las sensaciones y las responsabilidades. Me lanza más allá de mis terrores íntimos, e ínfimos. Hay mucho por hacer. La jauría anda desatada en Nuevo León, donde los panistas quieren hacer chapuza con la ley y obligarnos a obedecer a aquellas damas que doblegaron a Paulina y al país.

Por aquí no pasarán, Paulina, lo juro por lo poco o mucho que a algunos como a mi médico, a mi mujer o a mi nos queda de encabronamiento. Pero sobre todo por Isaac, tu hijo; y por el mío, que por algo se llaman así.