LUNES 3 DE JULIO DE 2000

El mandato de las urnas

 

* Elba Esther Gordillo *

Ayer, con entusiasmo cívico, la ciudadanía definió en las urnas cómo será o, mejor aún, cómo quiere que sea el primer gobierno del nuevo siglo. Quedó atrás un largo y apasionante periodo de intensa competencia político-electoral. Traspasamos ya, finalmente, el umbral de una contienda electoral, definitoria en muchos sentidos.

Quien quiera que haya obtenido el mandato para gobernar el país (los resultados definitivos se conocerán en las próximas horas) tiene por delante tareas formidables: buscar coincidencias con las distintas fuerzas políticas, revisar el diagnóstico del país y de sus retos y alternativas que han definido los distintos actores sociales, económicos y políticos; construir acuerdos para acompasar usos, instituciones y leyes al nuevo tiempo.

Son muchas las tareas pendientes que dejó de lado la lucha electoral y lo que la acompañó, la lógica de la rentabilidad política: completar la reforma del Estado en materia de rendición de cuentas, fortalecimiento de las atribuciones del Congreso de la Unión en materia de fiscalización y control al Ejecutivo. Discutir la reelección de los legisladores y el periodo de los ayuntamientos. Lograr que las reformas al Poder Judicial alcancen a los tribunales y juzgados más cercanos a la población. Establecer mecanismos de participación ciudadana, como el plebiscito y el referéndum, en las decisiones de mayor trascendencia para la vida pública del país.

También en el capítulo de la reforma electoral hay cuestiones pendientes que deben revisarse. Las relativas a los requisitos para presentar candidaturas comunes y candidatos independientes: la cláusula de gobernabilidad (sobrerrepresentación) en la Cámara de Diputados; revisar la estructura y la organización electoral para hacerla más eficiente y menos costosa; regular campañas y precampañas; otorgar el voto a los mexicanos que residen en el extranjero.

También requieren atención inmediata los temas que afectan la gobernabilidad. En los últimos años hemos enfrentado distintos episodios que han mostrado el anacronismo de la legislación; es un imperativo trabajar en esas materias.

Pero, quizá, el tema mayor que debe reunir a todos es el social. El país tiene que asumir como compromiso total el combate a la pobreza. Urge frenar las tendencias hacia la polarización social (el México de los triunfadores y el México de los excluidos). Es preciso, también, resolver el impasse del conflicto en Chiapas y ofrecer respuestas institucionales a quienes allí y en otros espacios han optado por las armas.

Dar resultados convincentes en materia de seguridad pública, atajar la delincuencia común y la delincuencia organizada, sobre todo el narcotráfico.

Independientemente de los resultados de las urnas, todos los protagonistas debemos transitar en los próximos días y con una cultura cívica, por avenidas de alta complejidad política, y hacerlo con pleno respeto a la institucionalidad, a las reglas que construimos todas las fuerzas políticas. Mostrar a una sociedad que se volcó a las urnas, que tenemos la madurez para alcanzar, con una visión de futuro, los acuerdos que nos permitan lograr el gran acuerdo social respecto al país del nuevo siglo.

Los candidatos, los partidos y los electores debemos enfrentar con civilidad los resultados de las urnas, resistir la tentación de dejarnos seducir por los atajos que no existen en la democracia.

En las democracias ningún triunfo ni ninguna derrota es definitiva. Si algo caracteriza a las democracias complejas es la fugacidad de los alineamientos. Todo es relativo, particularmente en el veleidoso terreno de la lucha electoral.

Por eso es imperativo reconocer el complejo escenario, la presencia de diversas fuerzas que representan porciones importantes del todo social, que serán imprescindibles para gobernar. Una auténtica cultura democrática obliga a tender puentes, a alcanzar acuerdos.

En las próximas horas y en los próximos días y semanas se pondrá a prueba la inteligencia política y la sensibilidad social de los principales actores. El mandato de las urnas no constituye un cheque en blanco para nadie. Por el contrario, ordena al triunfador gobernar con todos y para todos. *

 

 

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