LUNES 3 DE JULIO DE 2000

* Quema de propaganda priísta en calzada de Tlalpan


šAhí viene el fraude!, gritaban los que no pudieron votar

* La ciudad de México caminó el 2 de julio a un ritmo distinto

Luis Hernández Navarro * šAhí viene el fraude! šAhí viene el fraude!, grita un grupo de siete u ocho muchachos entre indignados y jocosos, mientras señalan a un par de sus compañeros que caminan por los carriles centrales de la calzada de Tlalpan en dirección hacia el Zócalo, a eso de las cinco de la tarde, cargando un enorme cartel de Francisco Labastida, recién arrancado de la salida de la estación Xola, del Metro. Veinte pasos después tiran al suelo la propaganda electoral del candidato del PRI y le prenden fuego entre aplausos y consignas.

Muchos de ellos han hecho cola, infructuosamente, desde las 10 de la mañana, para votar en la casilla especial 4432. Varios comentan que están allí porque no aparecieron en el listado de electores de su casilla ųla 4304, por ejemploų a pesar de que en los comicios de 1997 sufragaron allí sin dificultad. Una mujer joven, visiblemente cansada, asegura que ha recorrido otras casillas especiales sin éxito y pregunta: Ƒpor qué no me quieren dejar votar? ƑNo dicen que es nuestro derecho? ƑPor qué no traen más boletas? ƑA qué partido le dieron mi voto?

La fila de votantes avanza con una lentitud tortuosa y la desesperación cunde. Corre el rumor de que ya no hay boletas suficientes para presidente de la República. El tráfico ha sido desviado. El fuego consume, en una improvisada hoguera alimentada por los votantes frustrados, los anuncios del partido oficial y las listas de ubicación e integración de las mesas directivas de casillas en el Distrito Federal publicadas por el IFE en la prensa nacional. En un pequeño cartel hecho a mano se lee: "El PRI quiere salirse con la suya". Los manifestantes se dirigen a la prensa y denuncian lo que creen es un engaño.

Un muro de botes de pintura separa la casilla de la calle. Al interior del inmueble, los improvisados funcionarios electorales han sido desbordados por las circunstancias. No pueden ocultar su angustia y su incapacidad para enfrentar la situación. La presidenta, una mujer de edad, enfrenta la adversidad siguiendo la rutina que se había trazado. La representante del PRD insiste, sin éxito, en que hay que salir a la calle y hablar con los descontentos.

La protesta se prolonga hasta que la fuerza pública se hace cargo de la situación. šFraude! šFraude!, gritan los manifestantes.

šCarajo! šLo que hay que aguantar! ųdice uno de los indignados!ų Primero nos friegan en que votemos y luego no nos dejan. šLo que hay que aguantar! elecciones-protesta-jpg

Estampa de la modernidad

Si Hollywood tiene razón y la escenografía es tan importante como el libreto, en el rodaje del filme del 2 de julio la tramoya construida por el IFE resultó impecable. Levantó en sus instalaciones una enorme carpa como centro de prensa digno de la película de ciencia-ficción más sofisticada.

En la hora de la invasión de lo macro y lo mega en la vida política nacional, el organismo encargado de organizar las elecciones federales puso a disposición de los comunicadores sociales una instalación de dos mil 400 metros cuadrados, con 250 computadoras con tarjeta de red, 36 impresoras láser, 160 máquinas de escribir, 60 faxes, 50 líneas telefónicas con aparato, 20 cabinas telefónicas, 180 mesas de trabajo, 900 sillas, grandes pantallas de televisión y servicio de cafetería.

El edificio semeja un enorme cerebro donde se concentra y ordena la información de más de cien mil casillas que funcionan como terminales nerviosas. Es un monumento a la modernidad informática, un amuleto con forma de vitrina transparente capaz de conjurar los fantasmas de la caída del sistema en 1988, un escenario para conmemorar el día en el que el IFE tuvo completamente el balón en su cancha. Para entrar a su interior se requiere que un lector electrónico ųpresumiblemente espanta mapachesų lea el código de barras impreso en la credencial de acreditación que el instituto electoral dio a los medios y lo apruebe.

A su alrededor los medios de comunicación cuentan con tiendas de campaña que funcionan como oficinas provisionales. Son los invitados especiales a esta función de gala, los beneficiarios de ese paquete de facilidades.

La majestuosa escenografía resulta, sin embargo, anticlimática. Si su intención era la de ser un incontestable muro de contención a la anunciada disputa entre contendientes en unas elecciones sumamente competidas, la magnitud del triunfo de Fox la hizo aparecer, si no innecesaria, sí sobrada. La democracia, después de todo, puede resultar aburrida.

Lento amanecer

La ciudad de México caminó este 2 de julio a un ritmo distinto al acostumbrado. Una larga hilera de patrullas espera a las 8:40 en la gasolinera de Revolución y Avenida de la Paz cargar combustible. En las primeras horas de la mañana no hay casi coches circulando en las calles ni periódicos en los puestos. En cambio, desde las ocho mucha gente se prepara ya para votar. Las casillas se instalan poco a poco. Al momento de abrirlas, grupos de cerca de 20 gentes esperan para votar.

Vicente Fox Quesada comienza la jornada como empezó la campaña: madrugando y descontando. Es el primero en salir a votar y en hacer declaraciones. Sin dificultades gana a los medios de comunicación. Las primeras horas de cobertura son para él.

La televisión y la radio se lanzan de lleno a cubrir el evento, así tengan que hacer malabares para renovar su oferta informativa cada hora. Uno tras otro, diversos analistas políticos informan, comentan y analizan el proceso electoral como nunca antes se había hecho fuera de las aulas. Las quejas, los malestares y las dudas de muchos ciudadanos salen al aire con una gran libertad. Los medios electrónicos, tradicionalmente enconchados, se abren como almeja en agua tibia. Algo nuevo nació en ellos con esta campaña electoral.

Además de las casillas especiales, las pequeñas anomalías son reportadas puntualmente. En la colonia Tortuga, delegación Tlalpan, hay cierta tensión. Un día antes, el 1o. de julio, algunas personas recorrieron el barrio pidiendo las credenciales de elector de los vecinos y apuntando su número.

A las 9:15 la casilla 3957, ubicada en la Cerrada de la Tortuga, todavía no se instala. Minutos después el problema se soluciona. La tirantez se desvanece.

En toda la ciudad el flujo de electores es notable. Muchos hacen cola de una hora para sufragar. No hay quejas. Su voto cuenta y lo hacen valer. Están frente a la historia.

El claxon

En el anillo periférico la propaganda a favor de López Obrador y Cárdenas está dañada. Sus rostros y el logotipo de sus partidos están tachonados con tinta negra al punto de hacerlos irreconocibles. No hay mucho tráfico.

Cerca de las 10 de la mañana, dos automóviles con el logotipo de Fox en la cajuela que circulan por esa vía en dirección a Los Pinos, se saludan. Sus conductores hacen la "v" de la victoria y tocan el claxon. Celebran el triunfo por anticipado. Diez horas después estará claro que tenían razón al hacerlo.