VIERNES 7 DE JULIO DE 2000
* Astillero *
* Julio Hernández López *
Ha vuelto a plantearse en el PRI la pugna interna entre tecnócratas y políticos. No es difícil identificar a cada uno de los bandos: los políticos (que gustan reafirmar su personalidad calificándose de "políticos-políticos") andan flacos de espíritu, ojerosos (de los ojos: explicación necesaria para que no se asocie tal condición ocular con algún mexicanismo relacionado con lo ojeis), temerosos (de haber perdido por largo tiempo el presupuesto necesario para no vivir en el error) y cansados (irónicamente ahora que les han dado vacaciones en el duro oficio de usar para fines particulares el poder público).
Políticos en desgracia
Los políticos acusan a los tecnócratas de haber entregado el poder que ellos, los políticos, habían custodiado largamente hasta del virus contaminante del voto popular. Por ello pelean ahora para, según eso, refundar a su partido, volverse democráticos, atender las demandas populares y dejar de estacionar sus autos en lugares prohibidos. Allí andan, haciendo lo que Cri Cri llamaba grilla, reuniéndose públicamente en secreto, organizándose sin saber exactamente para qué.
Robertico Madrazo Pintado ya está listo para hacer que coincida su salida del gobierno de Tabasco con el momento de hacerse cargo de la empresa quebrada llamada PRI que, con el auxilio de sus generosos socios llamados Los tres alegres Carlos, podría convertirse en una próspera agencia privada de seguridad. Seguridad para los intereses propios y venta de seguridad para otros. Protección para los intereses puestos en riesgo por el cambio de administración de la nueva empresa distribuidora de Coca Cola en el país. Arma para la defensa y el ataque, pistola tricolor, navaja de muelle lista para oprimir el clic en el momento oportuno.
Otros más participan también en esa lucha por la recomposición del poder. Manuel Bartlett vive el momento más alto de su faceta de democratizador: en 1988 a él se le caía el sistema cibernético para que se mantuviera en alto el político; hoy se ha caído el sistema político y él, Bartlett, no alcanzó a tomar clases de computación en el Francisco Labastida College para entender exactamente lo que sucedió.
Los tecnócratas de fortuna
Los que no son políticos-políticos, y que sólo hubieran sido priístas comprometidísimos si hubiesen alcanzado alguna modesta postulación de su presunto partido (por ejemplo, la candidatura a la Presidencia de la República), andan, por el contrario, bien dormidos, llenos de esperanzas, fuertes de espíritu y sonrientes. A pesar de que su característica distintiva ha sido la abundante producción de sudor para irrigación facial, Guillermo Ortiz aparece bien fresquecito, lo suficiente para ponerse a las órdenes del candidato triunfante, Vicente Fox, a nombre del Banco de México que le escrituró por varios años su amigo Zedillo (esta columna luego se hace bolas por mal escribir: ƑAmigo de Ortiz o de Fox? ƑO ambos tres todos entre sí?)
Otro presunto priísta es José Angel Gurría, quien sigue derrochando simpatía cuando le mueven el ego sobre la posibilidad de que el hombre del cambio, el Pancho Villa al revés (éste buscaría invadir a México desde Columbus), el virtual presidente Fox, lo mantenga en el cargo de secretario de Hacienda, desde el que ha ganado títulos internacionales y amplio beneplácito de los capitales globalifílicos.
Otros que con rapidez han pasado el bochorno del traspié del 2 de julio, son el propio candidato Labastida, que ahora quiere que el PRI le sirva a su gente, y por ello pretende quedarse como presidente aunque sea de la comisión para la reforma interna del tricolor. Y, desde luego, Esteban Moctezuma, Eduardo Robledo, Luis Téllez, Carlos Ruiz Sacristán y Romárico Arroyo, quienes tienen la esperanza de que los artículos transitorios, escritos con letra chiquita, de los Tratados Zedillo-Fox, les permitan acceder a alguna Secretaría, a algún cargo importante en aras de la pluralidad y la concordia nacionales.
Una viejecita de cabecita blanquiazul
A Don Vicente no parece, sin embargo, que le esté sentando demasiado bien la cruda democrática. Apenas ayer les ha dicho a Elena Gallegos y a Juan Manuel Venegas, en una altamente descriptiva entrevista, que quien va a gobernar va a ser él y no el PAN (no dijo si sólo él o en compañía de sus Amigos) y que, por tanto, el partido blanquiazul debe comportarse como una abnegada cabecita blanca que ya le dio botas a su polluelo y, ahora, debe dejarlo ir a que haga su propia vida.
El porfiado Porfirio
Pero no sólo quiere cortar amarras con su presunta alma mater e irse a correr mundo con sus amigotes, sino que también ha comenzado a aclarar paradas con los colados, con los que no fueron Amigos con mayúscula sino aliados circunstanciales (obviamente con minúsculas): El lunes 3, según nota de Anabel Hernández en Milenio, la escolta de Fox no dejó pasar a Porfirio Muñoz Ledo a una reunión privada a la que ciertamente no estaba invitado. Ante la escandalosa insistencia del licenciado en sentirse cereza de todo coctel, los guaruras preguntaron a los jefes, y el mero mero, el mismísimo Fox, habría ordenado, según esa nota, a unos metros de los castos oídos del porfiado Porfirio: "Díganle que se vaya, y si no se quiere ir, sáquenlo".
El riesgo del Estado Mayor
Tan tajantes órdenes tendrán ahora ejecutores de máxima pericia pero tal vez de espíritu decaído. En la entrevista con Gallegos y Venegas, el hombre que conducirá las instituciones mexicanas durante seis años cometió un agravio peligroso, difícil de entender. Los dos reporteros de La Jornada le preguntaban si disolvería el Estado Mayor Presidencial, cosa que el guanajuatense negó pues, incluso, se declaró dispuesto a correr riesgos máximos (tal vez como los de un domador al meter la cabeza en las fauces de un león que se supone debería ser respetuoso de que ese depósito de cachuchas y sombreros siguiera unido al resto del cuerpo): "...y, por supuesto, yo me voy a tomar el riesgo de estar en manos del Estado Mayor en su función de garantizar mi seguridad. Voy a optar por ese camino. Es lo más cuerdo...", dijo Fox con un tono que obviamente no hizo feliz a ningún integrante de ese Estado Mayor y mucho menos al general Domiro García.
La Presidencia, oficialía de partes
No son, desde luego, las únicas inquietudes graves. En el artículo que hoy se publica en La Jornada, Cuauhtémoc Cárdenas alerta sobre los riesgos con los que la oposición democrática y progresista (es decir, no la panista), podría toparse "a partir del 1o. de diciembre, y aun antes, si como parece ya avizorarse, la Presidencia de la República, todavía a cargo de Ernesto Zedillo, se convierte en oficialía de partes de la administración entrante, para remitir, a partir del 1o. de septiembre, iniciativas de ley al Congreso, con la intención de empezar la transformación conservadora".
Ayer mismo, dos habilísimos operadores del sistema, Beatriz Paredes y Enrique Jackson, comenzaron a hablar de la necesidad de que el PRD se sume a la idea de convocar a un periodo extraordinario de sesiones de la actual legislatura federal. Una de las zanahorias con las que quieren hacer caminar al burro parlamentario es la posibilidad de retomar el caso de Oscar Espinosa, un chivo expiatorio de poca monta ante la importancia de que el tratado Zedillo-Fox logre instalar desde ahora las reformas conservadoras que ambos desean.
Astillas: Se oyen campanas nupciales que, según los entendidos, convocan a banquete para antes del 1o. de diciembre. Según Marta, la cacería del zorro ha terminado. El bonito romance de campaña devendría en casorio. Pero los hijos del primer soltero del país no atinan a ponerse de acuerdo. Una exige que el zorro vuelva a la madriguera original. Otra acepta las nuevas nupcias. Tal vez en Cancún, de vacaciones, la familia delibere. ƑQué dirá Lucía? ƑQué dirá Lilian? ƑQué dirá la madre santa iglesia, si el primer matrimonio todavía subsiste?
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