
Circula ya el número 21 de Debate feminista, la revista "ladrillo" (como la califica su directora, la antropóloga Marta Lamas), en cuyo título se sintetiza el quehacer de sus colaboradoras (y uno que otro colaborador): debatir, discutir, analizar, confrontar, siempre a la vanguardia de un movimiento que, visto en perspectiva, aparece como uno de los legados más trascendentales del siglo XX. Referencia obligada para una izquierda que no se agota en la lucha de clases y combate las inequidades de género o la discriminación por preferencia sexual.
En esta ocasión la revista recoge "Fragmentos y proposiciones", es decir, no gira en torno a un tema único, aunque "si hubiera que encontrar un hilo conductor, sería sin duda el concepto de representación... como la capacidad humana de atribuir funciones simbólicas a las cosas y a las personas."
Así, Nelly Schnaith presenta un deslumbrante ensayo sobre "La muerte en escena" donde se refiere a las representaciones de dos muertes emblemáticas de la cultura occidental (la de Sócrates y la de Cristo), contrastando al filósofo griego que muere con serenidad, hablando, con el suicidio de Gilles Deleuze, cuyo arrojo por la ventana aparece como un grito. En su reflexión sobre el papel del duelo como base de nuestra civilización, la filósofa se plantea la desaparición de los rituales mortuorios en una cultura que "escamotea la presencia de la muerte o extralimita su presencia más allá de lo representable", como sucede con los campos de exterminio, las desapariciones en el cono sur o las bombas de Hiroshima y Nagasaki.
Diamela Eltit, desde Chile, plantea en su artículo
"Sociedad anónima", el olvido del evento central en el siglo XX
chileno (el golpe de estado de 1973) y la fractura producida por la detención
de Pinochet en este olvido, concertado entre las elites del poder en aquel
país. En ese panorama aparece el boom de la literatura "de
lo femenino" construido por los discursos
oficiales. Eltit reconoce la ganancia de disputar a lo
masculino el centro privilegiado de la narración y en el mercado,
pero sobre todo enfatiza que la cuestión de género es una
construcción social susceptible de ser modificada a través
de los lenguajes.
Mabel Piccini se refiere al papel del melodrama televisivo en la vida urbana, mientras que July Chaneton documenta la miseria sexual e intelectual de este medio a través del análisis del lenguaje de los talkshows.
Mary Louise Pratt aborda la construcción de cánones académicos donde el monólogo masculino excluye a la literatura y particularmente al ensayo femenino.
Sylviane Agacinski argumenta sobre la necesidad de una representación parlamentaria equitativa y paritaria (50-50) y Estela Serret reflexiona sobre la ética y el feminismo. Por su parte, Ana Amado alude a las representaciones posmodernas y usos del cuerpo como fenómenos de identidad.
Susan Sontag dialoga con el dramaturgo Tony Kushner sobre arte y política, desde Sarajevo hasta la depauperación creciente en el centro del imperio.
Como novedades, este volumen nos ofrece poesía de mujeres chipriotas contemporáneas, así como los testimonios fotográficos de los performances feministas de Lorena Wolffer.
El número se completa con reseñas de Carlos Monsiváis sobre "Mujeres y Poder", libro surgido de los programas de Sabina Berman y Dense Maerker transmitidos por Canal 11, y de Claudia Hinojosa sobre La experiencia homosexual de Marina Castañeda.
Fragmentos y Proposiciones, vigésimo primera edición de Debate feminista nos ofrece un panorama variado del pensamiento feminista en los albores del nuevo milenio.