Existen sin duda muchos motivos para festejar los resultados del proceso electoral que acabamos de vivir en México: la participación masiva, la transparencia electoral, y el inicio de la alternancia política. Sin embargo, para quienes trabajamos en el campo de la educación y salud sexuales, de los derechos reproductivos y sexuales y del combate al sida, hay también muchos motivos de preocupación.
El candidato triunfador Vicente Fox y su partido nunca han manifestado interés por esos temas. Por el contrario, más preocupados por imponer su visión moralista que por defender la salud pública, se han empeñado en atacar y sabotear políticas oficiales como la promoción del condón y los anticonceptivos, diseñadas para combatir las infecciones de transmisión sexual, el sida y los embarazos no deseados. Han tenido esa misma actitud en lo que se refiere a la inclusión del tema de la sexualidad en los libros de texto gratuito. En las conferencias mundiales sobre población y de la mujer, han intentado boicotear sistemáticamente las posturas progresistas de la delegación oficial y su énfasis en la defensa de los derechos de las mujeres.
Por todo ello, es de temer un retroceso político en esas materias, con lo que se pondrían en peligro los avances hasta hoy logrados con muchos esfuerzos y años de trabajo. Las consecuencias para las poblaciones más desprotegidas y vulnerables serían fatales. El holgado triunfo electoral obtenido no debe llamar a engaño a los ganadores. El voto del electorado fue, en lo esencial, un voto de hartazgo por el priísmo y no un cheque en blanco para los elegidos. Eso deberán tenerlo muy presente los dirigentes panistas a la hora de formar su gabinete y diseñar sus políticas.