DOMINGO 9 DE JULIO DE 2000



Los saldos de la elección

 

PRI: el ajuste
de cuentas
apenas comienza

 

Que el Presidente ya no manda más. Que los tecnócratas ahora sí las pagarán todas. Que llegó la hora de volver a los principios de la Revolución Mexicana. La revuelta. Una más en el PRI. La definitiva, dicen, porque era necesario que el tricolor saliera de Los Pinos para que comenzara a ser partido. ƑPodrán los priístas hacer un partido con el mismo discurso que han usado para sus otras, fallidas, reformas?

  FOTO-PRI1 Todo estaba listo, cuenta el rumor priísta: pasado el mediodía del domingo 2 de julio, una decisión del presidente Ernesto Zedillo, con la intervención del Ejército, detuvo una operación para "hacerse de las actas" en varios estados del país. ƑEsa fue la "traición" que muchos priístas reclamaban al presidente Ernesto Zedillo? Quizá nunca se sepa. El caso es que, ahora sí, tenemos nuevo PRI. Y los priístas demandan que su partido "abandere realmente las demandas populares", que los funcionarios surgidos de sus filas cumplan con los principios del tricolor y que haya "apertura democrática en los sectores y organismos". Sobre todo, los priístas demandan la "vuelta a los orígenes", es decir, que se retome el "nacionalismo revolucionario" y las banderas que le permitieron dar al país justicia y paz sociales durante décadas. ƑSon las demandas de la revuelta encabezada por Roberto Madrazo, Manuel Bartlett y otros? No. Las líneas anteriores provienen de los acuerdos y propuestas de las asambleas priístas realizadas en 1990 y 1995. Pero suenan a todo lo que los ofendidos militantes han dicho en estos días. Con las excepciones obvias: todas las demandas relacionadas con la autonomía del partido con respecto al gobierno han desaparecido. Simplemente porque el PRI ya no está en el gobierno. "Con la fuerza de ustedes, que es la fuerza de todos, hay que hacer realidad este nuevo PRI", dijo Carlos Salinas de Gortari el lunes 3 de septiembre de 1990. "El nuevo PRI que nace esta noche se aleja del camino de Salinas. Este nuevo PRI recupera los ideales de Colosio", dijo un eufórico Francisco Labastida el 7 de noviembre de 1999. Ninguno de los dos tenía razón. El nuevo PRI acaba de nacer. *La herida y el Presidente Los cuchillos se afilaron cuando, la noche del domingo 2, el Presidente de la República apareció en las pantallas de televisión para reconocer el triunfo de Vicente Fox, antes siquiera de que Francisco Labastida hubiera aceptado su derrota. El intento de cambiar la dirección del PRI, ordenado presuntamente desde Los Pinos, fue parado en unas horas, quizá las peores que han vivido los priístas. Líder del priísmo herido, Manuel Bartlett resumió según una excelente cobertura: "El presidente Zedillo ha perdido su capacidad de conducción, ha dejado de ser el líder moral del PRI... šNo debe mandar ni un minuto más!" (La Jornada, 5 de julio, nota de Elena Gallegos). Bartlett dijo mucho más: "Los procesos internos los decidió él: Ernesto Zedillo perdió. Se derechizó el PRI; se desdibujó su ideología; se antepuso la autoridad en la vida interna del partido. Por eso, el Presidente, y hay que decirlo sin hipocresías, ya no manda". El bloque de gobernadores, ex presidentes del partido, diputados y senadores ganó la partida: Dulce María Sauri permanecerá al frente del partido y se integra una comisión de transición para conducir la reforma interna. Otra. La más dolorosa. La comisión será integrada por los 21 gobernadores priístas, los dirigentes de los comités en aquellas entidades donde el PRI ya era oposición, los dirigentes de los sectores y los coordinadores legislativos.

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El PRI no tenía previsto el escenario de la derrota, dicen ahora los labastidistas, empeñados en que el sinaloense es el único con la autoridad y legitimidad para conducir al nuevo partido opositor (pese a que su jefe comenzó a hacer las maletas a media semana). Si no es él, Ƒquién? Y, sobre todo, Ƒquién sin el mando o la línea presidencial? "A partir de hoy, Zedillo debe ser un militante más", dicen los priístas enojados. El 2 de julio "yo cumplí con mi deber", les reviró el presidente Ernesto Zedillo, el miércoles 5, en una reunión con notarios que lo elogiaron sin medida, al igual que la mayor parte de los medios extranjeros. En la rebelión priísta ųdesatada tras la intentona de reno FOTO-PRI3 var la dirección nacional del partido, presuntamente ordenada desde Los Pinosų salieron a relucir los costos del Fobaproa, el muchas veces invocado "desprecio" del actual presidente hacia los militantes de su partido ųalguna vez cristalizado en la "sana distancia"ų, el alejamiento de las causas populares. La letanía contra los tecnócratas.

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José Monroy, senador priísta mexiquense, pidió cabezas: hay que "deshacerse de los sindicatos y organizaciones fantasmas, como la CTM, la CROC y otros organismos adheridos al priísmo que de nada sirven, porque responden a un modelo político caduco", dijo. Mientras, Leonardo Rodríguez Alcaine matizaba sus beligerantes declaraciones de campaña. Ya no habrá paro nacional y quizá incluso esté en juego su posición como jefe de la CTM. Otros líderes obreros, más previsores, se apresuraron a ponerse a las órdenes de Vicente Fox. Pese a la postura oficial de la CTM, los sindicatos de petroleros y mineros publicaron grandes desplegados en los que plantean su "respeto" y reconocimiento al ganador. Pero el caso emblemático fue el de Víctor Flores, el aguerrido dirigente de los pocos ferrocarrileros que quedan, quien incluso estuvo involucrado en amenazas de muerte contra un legislador panista. "Estamos a sus órdenes. Los tiempos son los tiempos. Estamos aquí para ayudarlo a usted... lo digo abiertamente", expresó el dirigente transformista a un Fox que ni lo reconoció. A los lejos, se oía el eco de la advertencia de Manuel Bartlett: "šNo aceptamos ser el cabús del PAN!"

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"La cuenta acumulada de errores históricos, de la simulación y la soberbia, pero sobre todo de la cancelación de muchos intentos de reforma democrática. *labastida-derrota-pri-jpg "Lo que está en juego es la posibilidad de sobrevivencia del PRI. El fondo va más allá de la disputa entre grupos". Es la carta de Roberto Madrazo. Apenas una probada de la cantidad de frases que los priístas le han regalado al país en esta la semana de su derrota. José Murat, gobernador de Oaxaca, dio entrevistas a diestra y siniestra en las horas de la revuelta para demandar la realización de la largamente pospuesta 18 Asamblea Nacional, y planteó que ahí todo estará sujeto a revisión: desde el programa hasta la declaración de principios, pasando ųesa sí sería tragediaų por el nombre del partido. Decenas de veces beneficiario del poder presidencial, el veracruzano Gustavo Carvajal Moreno fue claro: "Nombrar un presidente interino sería un nuevo dedazo y esto ya no puede ocurrir". Carvajal será diputado federal plurinominal y como ex presidente nacional del PRI jugó en el bloque que se opuso al presidente Zedillo. Todo, mientras Roberto Madrazo disfrutaba su carta: "Tengo la impresión de que los grupos más conservadores de nuestro partido no han comprendido ni las razones ni la magnitud del fracaso del 2 de julio". Y mientras, los miembros del gabinete eran convocados para comenzar los trabajos de la entrega del gobierno... en las oficinas del secretario de Energía Luis Téllez, quizá en una suerte de confirmación de que para el presidente Zedillo el cambio de gobierno es más un asunto administrativo que político.

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Mario Vargas Llosa acababa de salir apresuradamente de México, luego de su célebre definición de la "dictadura perfecta". Un sacerdote belga, de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, era expulsado del país. El obispo Samuel Ruiz declaraba: "La revolución parece no haber llegado a Chiapas". Era el segundo año del salinismo. Luis Donaldo Colosio era presidente del PRI. Este partido, juraban muchos priístas, estaba frente a su "última oportunidad" de reformarse. Y lo hizo, dijeron entonces los priístas. Con discursos como el de Luis Donaldo Colosio, en septiembre de 1990 al arrancar la 14 Asamblea Nacional del PRI, cuando hizo un llamado a poner "punto final a la perversión política de las decisiones cupulares y centralizadas, la imposición y la antidemocracia". Los priístas, presumía quien tres años después sería destapado como candidato presidencial, hemos "desechado la cultura de la línea". Pasaron los años y hoy, después de la derrota electoral más importante de la historia, sorprende que las quejas de los priístas suenen igual a las de 1990. Y que las propuestas que dibujan para el cambio sean las mismas. Queda claro: la única posibilidad de reforma del PRI era que perdiera el gobierno federal. Los priístas ciertamente cumplieron algunos de los acuerdos que tomaron en las asambleas de hace 10 y 15 años, sobre todo los relativos a la elección de candidatos. En varias entidades se realizaron elecciones internas, que a la postre serían una suerte de ensayos de la elección nacional celebrada en noviembre de 1999. No parece haber sido suficiente, pese a que la contienda del PRI mereció el reconocimiento de la prensa extranjera y muchos analistas, aunque en los medios nacionales y en las oposiciones abundaron las dudas sobre la limpieza del proceso y la verdad sobre el número de electores. Ya no será necesario cumplir algunas de las demandas de la 14 Asamblea Nacional, la marcada con el signo del colosismo ("no al centralismo", y "autonomía respecto al gobierno", por ejemplo). Aunque falta ver si el nuevo PRI recién nacido retoma algunas otras propuestas de aquel ejercicio que aún hoy los priístas consideran ejemplar. La elección de los dirigentes por voto secreto, directo y universal sería un caso. Otras propuestas ya no serán ofertas del PRI a una sociedad más vigilante, sino, digamos, obligaciones para sobrevivir: "que se asegure el financiamiento del partido mediante las cuotas de sus militantes" y "eliminar la militancia vergonzante".

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En el Congreso de la Unión, mientras avanzan en la definición de su futuro, los priístas enfrentarán la condición de escasa mayoría en el Senado y de primera minoría en la Cámara de Diputados. Ahí estarán, en la primera fila, militantes de mil batallas y cargos, entre ellos algunos que han capitaneado la rebelión, como Manuel Bartlett, que va a la Cámara de Senadores. Y con él estará el labastidista Emilio Gamboa, así como la propia Dulce María Sauri, Rafael Rodríguez Barrera, Augusto Gómez Villanueva, Fernando Ortiz Arana, Netzahualcóyotl de la Vega, Humberto Roque, Manuel Garza, César Augusto Santiago. El nuevo PRI en manos del viejo PRI, pues. El PRI que no ve los ajustes de cuentas por ningún lado, según su todavía presidenta Dulce María Sauri: "Para nosotros no es la hora de los cuchillos largos. Debemos cuidar la nada despreciable cantidad de 14 millones de votos". Aunque algunos estuvieran en duda y propiciaran que el PRI duro, el PRI de los cacicazgos locales, enseñara los dientes en los conflictos poselectorales sucedidos en varios municipios del estado de México esta semana. Es una muestra de lo que puede pasar si se abre camino a la fragmentación, si se esfuman las mediaciones y los controles que han mantenido la disciplina del tricolor. Ese sí sería un regreso a los orígenes: del PRI como una federación de intereses y poderes regionales. La recomposición tomará tiempo. Vienen importantes elecciones locales y los largos cinco meses hasta el cambio de gobierno. El PRI "está de pie, vivo y actuante en la escena política nacional", dijo Dulce María Sauri en las horas terribles de la avalancha de votos para Vicente Fox. Por lo pronto, la única certeza tras la derrota electoral del partido que retuvo la Presidencia de la República durante 71 años es que la desintegración ha comenzado: ahora sí nació un nuevo PRI. ƑPara iniciar una larga agonía?* (Arturo Cano)