LETRA S
Agosto 3 de 2000
Crónica Sero
JOAQUIN HURTADO

 

México ya cambió. Llegó la hora de almidonar la bata, oh señores de la clínica y la academia. Aprestad vuestros apellidos y blasones, oh médicos de enormes corazones y posgrados en virología ventrílocua. Sacad vuestras mejores galas curriculares, oh aspirantes a presidir los despojos del Conasida. Quienes morimos de sida os dan la bienvenida.

No esperen, necios, a que suene ese teléfono, pues cuándo se ha visto que Mahoma venga a la montaña en un país donde las cordilleras suelen cuadrarse ante su Alteza Serenísima. Corred que se hace tarde. Es el momento del besamanos y las reverencias a ras de suelo. De babear la Bota y la Hebilla. Del obligado peregrinaje al Cerro del Cubilete, tierra más santa que el mismo Vaticano. De gritar la vida no vale nada y menos si eres mandilón o mariquita o mamila sin calzones. De prisa, que llegó el día de las genuflexiones. De los desdoblamientos. Arrancaos las máscaras y perfumaos de moralina para que os olfateen desde sus climatizadas oficinas los head hunters. La guerra florida ha comenzado. Es el momento del temor y del temblor. De la emoción. De los codazos y las patadas bajo la mesa. De los arrepentimientos y las traiciones. De las frases tipo: "No ganó Fox, ganó el cambio". O sea.

¡La democracia ya llegó, ya está aquí! Celebrad. Bebed todos de su cáliz. Roed todos de los huesos del país paradisíaco que Chente nos prometió. Borrad para gloria de Foxilandia los 50, los 100 mil, el millón de mordidos de VIH. De los que portamos la vergüenza nacional de ser la carga fiscal con que Dios castiga a los pueblos globalifóbicos. Os advertimos: somos quienes frenarán los tiernos sueños de alcanzar hoy hoy hoy las primicias de un mundo macdonalizado.

Por eso urge que tú, homofóbico de clóset, te descares de una vez y pases ante la poltrona del Monarca. O ya de perdida le eches un phonazo a las rejegas secretarias del Equipo de Transición.

Apurad, que ahí os esperan los urgentes proyectos para enterrar antiecológicos condones y sanar archivos cargados de asquerosos casos nuevos. Aprovechad que cada vez somos más y cada minuto más débiles. Aprovechad que no pasamos de rasguñar paredes y quejarnos en las cámaras del abandono. Aprovechad que no existimos si no es para presentar pulcros formatos en las pasarelas científicas de Durban, Ginebra o Atlanta.

¿Habéis soñado a un ciudadano viviendo con VIH dirigir las políticas del sida? ¡Horror! Que nadie os detenga en vuestras legítimas aspiraciones, médicos de cabecera con parentela cristera. Que hay que meter orden en este relativismo moral, tan alejado de los valores trascendentales de la abstinencia y la monomanía matrimonial en un mundo sin temor a los curas como endenantes. Desempolvad los olvidados nexos con los caballeros de Colón o las damas Legionarias de los cinco centavos de caridad a todo color y a ocho columnas. Aplaudid, enriqueced con vuestras luminosas canas, la revolución espiritual a la que nos convoca el mentado Chente, en la cual si no hay para pagar el antirretroviral, sobrarán las burbujas de Coca Cola. Y los libros de superación personal, but of course.