El anuncio tan esperado en la XIII Conferencia Mundial de Sida sobre la reducción de los precios de los medicamentos contra el VIH, finalmente no se dio. Hace un par de meses, los medios norteamericanos dieron la noticia acerca de la existencia de un acuerdo entre las principales compañías farmacéuticas, productoras de los fármacos antirretrovirales, para ofrecer sus productos a menores precios a las naciones más pobres y más golpeadas por la pandemia. Se dijo incluso que algunas compañías estaban dispuestas a reducir hasta en diez veces sus precios. Se esperaba que dicho acuerdo se confirmara en la Conferencia realizada en Sudáfrica. Pero la espera fue en vano. Luego de la expectativa creada, el sentimiento de los participantes al final del evento fue de frustración.
En contraste, los programas de Brasil e India, países que producen los fármacos antiVIH de manera genérica y a precios muy inferiores, fueron muy aplaudidos. El anuncio de una docena de naciones africanas que seguirán el mismo camino suena muy alentador. Sobre todo porque se sabe que algunos de esos fármacos pueden reducir drásticamente la transmisión materno-fetal del virus en países donde las tasas de infección de las mujeres embarazadas alcanzan el 20 por ciento. En particular el ofrecimiento de Brasil de vender la tecnología a bajo costo para que las propias naciones produzcan sus propios medicamentos genéricos resulta muy atractivo.
La colaboración y la acción conjunta de los países pobres puede abrir de nuevo la puerta a la posibilidad muy real de hacer accesibles los tratamientos contra el VIH a todas las personas que los necesiten y lograr de esta manera que la esperanza no sea nunca más postergada.