LETRA S
Agosto 3 de 2000
Respuesta a un aficionado a la pornografía
En una carta dirigida a este suplemento, un estudiante de 18 años, que aún no ha iniciado su vida sexual, expresa sus inquietudes acerca de la pornografía: "Mi problema (no sé si lo sea o no) es que me gusta verla, me excito demasiado y no puedo hacer caso omiso. Expliquen si es incorrecto, qué acarrea en el futuro, si hay daños psicológicos, qué puedo hacer para no seguir consumiéndola, si trae algo positivo. Es tal mi confusión que no sé si es impropio que la vea. De veras estoy desesperado..." He aquí la respuesta.
 
ls-chavo
 
 
 
La diferencia entre erotismo y pornografía
es la cantidad de luz sobre los cuerpos
Oscar Wilde

 

MANUEL ZOZAYA

 

En la adolescencia es absolutamente normal que un joven o una joven manifieste curiosidad e inquietud en torno al sexo, especialmente si aún no ha iniciado su vida sexual. En esa etapa, la sexualidad comienza a ocupar un lugar central en nuestras vidas. Es el momento de la exploración de nuestros propios cuerpos. Nuestros sentidos se vuelven más perceptibles a los estímulos sexuales, un roce, una mirada, unos pantalones entallados, pueden bastar para provocarnos una reacción erótica. Para saciar esa curiosidad recurrimos a lo que tenemos a la mano. En el caso de los varones es muy común que a escondidas hojeen las revistas porno de los papás, tíos o hermanos mayores y las compartan con los cuates. Obviamente no se trata de un material diseñado y dirigido para adolescentes. El problema de la pornografía es que banaliza el acto sexual y para alguien sin experiencia proporciona una información distorsionada de la sexualidad humana.

Para responder a las preocupaciones de nuestro joven amigo, recurrimos a alguien con mucha experiencia en el campo de la educación sexual: el doctor David Barrios, presidente de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología (Femess) y director de la Sociedad Mexicana de Sexología Humanista Integral (Someshi), quien contestó de esta manera:

"Al acceder al material sexualmente explícito (quizá un nombre más apropiado que el de pornografía), suelen presentarse respuestas, tanto físicas como emocionales, ante ese estímulo. Estas pueden consistir en la lubricación vaginal en las mujeres y en la erección en los varones, fenómenos que tienen que ver con la excitación y la respuesta erótica, lo cual es algo absolutamente normal.

"La exposición al material sexualmente explícito, y la excitación que produce no constituyen algo intrínsecamente anómalo o perverso ni originan consecuencias negativas en la esfera física ni en la mental. Por supuesto, las primeras veces causa mucha emoción y excitación; sin embargo, la exposición repetida a este tipo de material suele conducir al aburrimiento o cansancio debido a la falta de variedad en las imágenes de coitos, las cuales llegan a ser verdaderamente tediosas.

"Por otra parte, diferentes estudios han observado que este material no origina agresiones sexuales ni conductas delictivas en sus consumidores, quienes no modifican sensiblemente sus conductas y actitudes sexuales. Sin embargo, es necesario matizar, ya que en personas desinformadas, la pornografía puede ocasionar la profundización de mitos o concepciones distorsionadas, por medio de escenas donde los hombres eyaculan a borbotones y los tamaños y características de los órganos sexuales son magnificados, por lo que no corresponden a la realidad; las mujeres, en particular, son presentadas como meros objetos sexuales, y pueden ser degradadas o sometidas a vejaciones. Por eso, es importante contar con una educación sexual adecuada para poder disfrutar de la vida erótica de manera respetuosa y plena, haciendo a un lado los mitos y las concepciones erróneas respecto a la sexualidad. En ocasiones, los sexólogos llegamos a utilizar este material explícito con fines didácticos para ayudar a corregir algunas disfunciones de la vida erótica.

"La censura siempre ha intentado alejar de la consideración crítica de lectores y espectadores todo aquel material contrario a la moral y a las buenas costumbres, sin definir jamás con claridad y con sustento lo que entiende por esas razones. Así, han sido calificadas de pornográficas obras literarias, desde textos bíblicos como el Cantar de los Cantares hasta autores que hoy son clásicos, como Baudelaire, Flaubert y Henry Miller; se han mutilado esculturas grecolatinas, se han ocultado obras maestras con desnudos, y prohibido numerosas películas y obras de teatro. A todas esas creaciones artísticas se les ha llegado a calificar de pornográficas, y a todos los que han lanzado esa acusación, la historia ha terminado siempre descalificándolos.

"La ignorancia nunca ha sido positiva para el bienestar de las personas. Un camino probado para disminuir la angustia es documentarse en el campo de la sexualidad humana. Lo que haces no es vergonzante, pecaminoso o nocivo, tu desesperación y tu angustia desaparecerán. Lo importante es tener la capacidad para ver el material sexualmente explícito con una mirada crítica, analizarlo adecuadamente, y disfrutar lo que tenga de disfrutable."

Dirige a esta sección tus dudas, inquietudes o preocupaciones y la información o experiencia que quieras compartir al correo: letrassida@laneta.apc.org.