Desde los años sesenta hemos oído hablar de la liberación femenina. Desde entonces abunda la literatura sobre el tema. Existe ahora un cuerpo teórico de investigación y análisis impresionante que abarca casi todos los aspectos de la vida humana y nos devela la importancia del género. El movimiento feminista ha hecho visibles a las mujeres, sobre todo en lo que concierne a sus derechos sexuales y reproductivos. Los hombres, en cambio, están rezagados. Su papel en la salud sexual y su responsabilidad en la reproducción humana, por ejemplo, no lo tienen aún claro. Al parecer, los hombres también precisan de un movimiento de liberación sexual a la par del femenino, pero ¿de qué tendrían que liberarse los hombres?
En entrevista para Letra S, el especialista en el tema Michael Kimmel, director de la revista Masculinities y autor del libro Masculinity in America, intenta responder a esa pregunta.
¿Por qué los varones en general sienten que la salud sexual y reproductiva es algo que no les concierne?
La misma masculinidad se los impide. Es decir, la ideología de lo que significa ser hombre a menudo se convierte en un obstáculo para que los hombres asuman una actitud responsable en su vida sexual. Los hombres tienen una responsabilidad real, no sólo con ellos mismos sino con sus parejas mujeres. Los hombres por lo general piensan que la responsabilidad es casi lo opuesto al placer sexual. La idea de cuidar al cuerpo, de ser responsable, va contra la idea masculina de tomar riesgos y ser siempre impulsivos y arrojados. Mientras que los hombres, como grupo, tienen un papel muy importante que desempeñar en la salud reproductiva, la masculinidad como ideología es a menudo aquello con lo que se enfrentan cotidianamente como una presión.
Sin embargo, muchas veces son los hombres quienes toman las decisiones acerca de la reproducción.
Históricamente, el problema es que las mujeres son quienes toman la responsabilidad de la reproducción y los hombres quienes determinan el cuándo. Es decir, son ellos quienes deciden el momento de tener hijos o no, porque así lo desean o porque tener muchos hijos es un signo de virilidad.
Sin embargo, son las mujeres las que tienen una conducta responsable, las que toman píldoras para controlar su fertilidad, o usan métodos contraceptivos, mientras que lo hombres no lo hacen.
En cuanto a la prevención del VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS), es crucial que los hombres asuman la responsabilidad porque los anticonceptivos no protegen contra esas infecciones.
¿Qué hay acerca de los derechos reproductivos de gays y lesbianas?
Cuando pienso en responsabilidad acerca de la salud reproductiva, lo que me interesa es que sea democrática en el sentido más amplio de la palabra. Que la gente que siente o quiera tener hijos, pueda realmente tenerlos, y que la gente que opta sólo por el placer sexual pueda tenerlo y que debiera haber muy pocas restricciones acerca de quién puede tener relaciones sexuales con quién y para qué propósito. Como criaturas animales estamos diseñados para disfrutar tanto del placer como de la reproducción. Una de las bellezas de los anticonceptivos y del control natal en general ha sido permitirnos separar dichas cuestiones.
¿Es la biología o la construcción social el principal ingrediente en lo que llamamos hombre o mujer?
La biología nos da el material crudo. Si habláramos de escultura diríamos que la biología aporta el barro. No nos da la forma que tomará la escultura porque ése es el trabajo de la cultura y la sociedad. Sólo hay que ver qué tan diferentes son los hombres en todo el mundo, cuáles son sus definiciones de masculinidad. Si fuéramos estrictamente biológicos, determinados sólo por hormonas o por el aparato reproductor, seríamos iguales. La gravedad se comporta de igual manera en México o en Australia, pero la masculinidad en ambos países es muy diferente. Hablamos entonces de dos cosas diferentes, porque la masculinidad es una ideología. Los machos humanos son muy similares en todo el mundo, pero la ideología acerca de la masculinidad es muy diferente y a ella debemos enfocarnos.
La masculinidad varía de acuerdo con la sexualidad,
la etnia, la raza, la clase, la edad, la región, así que
lo que significa ser un hombre depende de qué tan joven o viejo
seas, o de tu orientación sexual, de tu nacionalidad, de tu clase
social, de si eres discapacitado o no, todos estos aspectos conforman la
manera en que pensamos la masculinidad.
¿La
masculinidad está reñida con la homosexualidad?
Bueno, la gran contradicción es que los varones gay han sido vistos como afeminados, para nada masculinos, pero al mismo tiempo existe un mundo gay muy masculino, e incluso hipermasculino. En muchos aspectos los gay son marcadamente masculinos en sus cuerpos y en sus modas y su conducta sexual también es muy masculina.
¿El estudio de la masculinidad es una respuesta al feminismo?
Definitivamente sí, pero contrariamente a lo que pudiera pensarse no es una respuesta contra el feminismo, sino que se inspira en esa corriente. El feminismo hizo visible la cuestión del género. Tenemos que ver al género como una ideología que tiene que ver con el poder. Eso fue lo que hizo el feminismo, volver visibles a las mujeres. La mayoría de los hombres no sabe que el género es importante para ellos. Género no es el sexo biológico de los machos humanos, sino la construcción social de la masculinidad, cuyo significado varía de una cultura a otra.
¿Existe reticencia a tratar el tema de la masculinidad por parte de los hombres?
Por un lado existe mucha reticencia porque los varones temen que su masculinidad se vea como problemática, pero por otra parte existe mucha necesidad de encontrar algo que los haga sentirse completos y vivos, ya que la definición tradicional de masculinidad les deja un sentimiento de vacío.
¿La crisis del sida está cambiando las estructuras mentales sobre la sexualidad?
La crisis del sida representa un reto para cambiar esas estructuras mentales, pero no estoy seguro de que ya lo haya hecho. Ahí no sólo estamos confrontando el sexismo, sino también la homofobia. Esto significa que a los hombres heterosexuales les resulta muy difícil decir: "tenemos tanto que aprender de la manera en que los gay han respondido a la crisis del sida, podríamos por ejemplo aprender acerca de la responsabilidad con la que ahora asumen el sexo o la manera como erotizan las prácticas del sexo seguro o protegido", etcétera.
¿Tienen algo que aportar los gay y los transgéneros en el estudio de la masculinidad?
Por supuesto. Ellos son la vanguardia en los estudios de la masculinidad, ya que lo que hacen los gays es decir: "Nosotros podemos transformar esta ideología de la masculinidad. Ustedes piensan que todo reside en la conquista sexual y en ser duros, rudos y fuertes, pero nosotros podemos demostrar que además de eso podemos ser amorosos y compasivos durante la crisis del sida." Los travestis y transgéneros nos muestran que el género es un artificio, un juego, algo que te puedes quitar y poner, y que puedes jugar con ello, mientras que la mayoría de los hombres heterosexuales se lo toman demasiado en serio.
Una pregunta políticamente incorrecta: ¿qué pensaría de una campaña de prevención del VIH para varones jóvenes cuyo lema fuera "Arriésgate, usa condón"?
Me parece excelente, es una gran idea.