Ecoturismo: del mito a la realidad
David Barkin
*Profesor de Economía de la uam y colaborador del Cecodes
Ecoturismo, concepto fascinador que evoca visiones de un mundo salvaje, pero accesible a ricos clientes dispuestos a contratar servicios comerciales o aventureros. He aquí la contradicción: salvaguardar la naturaleza mientras se facilita la visita de grupos que, de otra forma, no sabrían como acceder a ella. Hoy en día, es el segmento más dinámico del sector turístico a nivel mundial: como respuesta a la "consciencia verde" y el discurso ambientalista, la creciente demanda está generando una avalancha de ofertas mexicanas, todavía en pañales si se compara con otras tantas de Costa Rica, Brasil y Ecuador para mencionar los más exitosos en el hemisferio. Claro está que las visitas son mayormente de extranjeros, con paquetes contratados en agencias foráneas.
Como escenario, México ofrece una enorme riqueza para el ecoturista. Desde el nivel del mar hasta los riscos volcánicos más altos, los visitantes pueden disfrutar de una gran variedad de ecosistemas en yuxtaposiciones inesperadas. La extraordinaria belleza de las interminables combinaciones que la naturaleza y los pueblos han creado excita todos los sentidos. La diversidad de su flora y fauna ha hecho de México centro de origen de muchos productos (el maíz, el jitomate, el aguacate, el guajolote) mientras que los conocimientos de sus pueblos han puesto esta riqueza al servicio de la sociedad.
El mercado del ecoturismo ofrece una mezcla que varía de dignos esfuerzos comunitarios hasta los cínicos de empresas comerciales que destruyen la naturaleza en el proceso de aprovecharla. Sin embargo, hay una constante: pocos son los beneficios que filtran a las comunidades que han cuidado esta riqueza durante siglos; los visitantes gastan ínfima parte de sus presupuestos para los servicios ecoturísticos y las contribuciones a las comunidades anfitriones son menos aun. Descubrimos, por ejemplo, que más de un cuarto de millón de personas (mayormente mexicanos) invaden la Reserva Especial de la Mariposa Monarca durante su corta estancia en el país sin contribuir al bienestar de los pueblos circunvecinos o a la protección de los bosques de oyamel de los cuales dependen tanto la vida de a mariposa como el disfrute de los visitantes; los valientes esfuerzos de un dedicado grupo de guardianes son insuficientes frente a la avaricia comercial, los cacicazgos y los equivocados programas internacionales.
Los empresarios que excavaron X'Caret: Nature's Paradise hicieron lo suyo. Dinamitaron varios cenotes para adecuarlos a sus necesidades, atrayendo largas filas de autobuses de turistas de la Riviera Maya, cobrando elevadas cuotas para ver un espectáculo no muy diferente en su tipo de las experiencias que ofrecen los parque temáticos de Anaheim y Orlando. No se requiere una profunda investigación para descubrir que los artistas y trabajadores de ese falso paraíso de la naturaleza están sujetos a contratos leoninos, violatorios de la legislación laboral y educacional vigentes, y que el proyecto ha sido poco propicio para la salvaguarda de la naturaleza que sus patrones ostentan proteger. A su manera, otros "touroperadores" pasan por alto las comunidades ribereñas que podrían asegurar la limpieza de los ríos de Veracruz y Guerrero. Esas comunidades ven pasar a los turistas en lanchas que dejan sus propios desechos y unos centavos para los niños que venden chicles.
No todo es tan negro
La Amtave (Asociación Mexicana de Turismo de Aventura) está tratando de establecer normas voluntarias, y muchos grupos locales se esfuerzan en diseñar programas novedosos que les permitan atraer pequeños grupos de visitantes. Algunas de sus ofertas incluyen paseos guiados en botes, campismo, visitas culturales y caminatas entre la naturaleza. Las hay para clientes con diferentes gustos y con distintos grados de aventura y dificultad. Asimismo, con la ayuda experta externa, se ha comenzado a aglutinar los esfuerzos en un sistema electrónico de compartir y difundir información e intercambio de experiencias. Desgraciadamente, estos esfuerzos padecen de los males tan comunes promovidos por grupos bien intencionados pero poco expertos: falta de capitalización y canales de comercialización, competencia inadecuada, y visión poco profesional del proceso.
El problema del desarrollo de una oferta adecuada se agudiza por la intervención gubernamental. Por un lado, la Secretaría de Turismo sólo ofrece apoyo retórico con carteles y discursos pero sin profesionalismo y, sobre todo, sin recursos. Por su parte, la Secretaría de Desarrollo Social ha impulsado un gran número de "empresas" campesinas que ofrecen alojamiento en sitios bonitos, pero inaccesibles, sin respaldar este apoyo con mecanismos de capacitación y comercialización que les permitiría perdurar más allá de sus actuales promotores.
El ecoturismo podría mejorar la calidad de vida de mexicanos que hoy requieren de nuevas opciones para su esparcimiento, y ser parte de una estrategia alternativa para crear oportunidades económicas a un numeroso segmento de la población que está quedando excluido del proceso de integración. Hasta ahora, la experiencia es poca alentadora, pero con la apertura de nuevos programas universitarios sobre el tema y un renovado esfuerzo para organizar la industria, podríamos ampliar su importancia y su potencial.