Nuevos medicamentos y vacunas en desarrollo ofrecen a los portadores de VIH/sida nuevas oportunidades de prolongar su tiempo de vida con calidad, pero todavía faltan varios años antes de que se encuentre la cura definitiva o por lo menos se controle el crecimiento de la epidemia en algunos países subdesarrollados, afirmó Paul Volberding, especialista y pionero en el tratamiento del sida del Hospital General de San Francisco.
El galeno participó el pasado fin de semana en el Segundo Simposio Nacional sobre VIH/Sida, que organizó la Asociación Mexicana de Infectología y Microbiología Clínica. Ahí, Volberding se refirió a las recientes innovaciones en materia de terapias y combinaciones de antirretrovirales.
Llamó la atención sobre el cambio de decisión de los médicos a nivel internacional, para iniciar el tratamiento en un paciente infectado. Ahora, dijo, se considera conveniente retrasar la terapia de inicio hasta que el número de las células CD4 sea de 200, en lugar de las 500 que se tenían como límite anteriormente.
Si bien el tratamiento precoz evita el deterioro del sistema inmune y previene la evolución del virus, esperar más tiempo se traduce en menor toxicidad para el paciente, reducción de costos y de resistencia a los medicamentos, explicó.
Al dictar la conferencia magistral "Consideraciones y esquemas de inicio de tratamiento", Volberding destacó la existencia de medicamentos potentes para reducir la presencia del virus en la sangre hasta niveles indetectables. Sin embargo, estos fármacos aún no pueden llegar a todos los enfermos, principalmente en aquellos países donde los gobiernos ni siquiera reconocen la gravedad del problema.
En la primera parte de su presentación, se refirió a la situación de los países desarrollados, donde los pacientes tienen acceso a las mejores terapias y mayor sobrevivencia, que se traduce en un mayor número de enfermos que requieren de tratamiento y seguimiento clínico.
No sólo eso. Los infectados que logran prolongar su expectativa de vida también tienen la responsabilidad de no transmitir el virus y eso representa un desafío para países como Estados Unidos.
A lo largo de estos años, ha habido diversos descubrimientos sobre el comportamiento del virus y su desarrollo. Volberding recordó que en 1996 los especialistas llegaron a pensar que se podría erradicar al VIH. Ahora se sabe que podría quedarse en el mundo como una enfermedad crónica, apuntó.
Con los nuevos medicamentos --inhibidores de proteasa y no nucléosidos--, sobre todo la compactación en una sola pastilla, permite ofrecer a los pacientes mayores posibilidades de éxito en el apego a sus tratamientos. La disyuntiva para los médicos se presenta a la hora de decidir la combinación de medicamentos para lograr mejoría en la calidad de vida por el mayor tiempo posible.
Ante los cientos de médicos que asistieron al Simposio, Volberding también se refirió al momento en que se debe cambiar la terapia. Dijo que generalmente hay que esperar un tiempo para obtener "evidencia significativa de falla" y no hacerlo si la carga viral sube y luego vuelve a bajar.
La importancia de ello está en que se logre conservar el mayor número de posibilidades de combinación de fármacos, que el enfermo no genere resistencia a todos, y en consecuencia que prolongue su tiempo de vida.