Lunes en la Ciencia, 2 de octubre del 2000
La Iglesia católica ante la interrupción voluntaria del embarazo
El aborto y la salud mental de las mujeres
Carlos A. Hernández Avila
En un análisis difundido por la arquidiócesis de México (La Jornada, 10 de agosto), se asegura que "la mujer que se somete a un aborto es más propensa al suicidio, daños psicológicos y sufre con frecuencia de traumas psicológicos".
Independientemente de la validez de los datos y de la solidez metodológica de los estudios citados, lo descrito es un ejemplo de la lectura descontextualizada que la Iglesia católica frecuentemente hace de la investigación en las areas de la reproducción y sexualidad humanas y de la salud mental.
El problema con la interpretación de la
arquidiócesis de México que sostiene que el aborto es
dañino para la salud mental de las mujeres, es que sólo
considera evidencia aislada que le es favorable e ignora la evidencia en su
contra.
En el campo de la investigación de los problemas de salud mental las cosas funcionan de manera diferente y cuando se investigan factores causales, en general se trata de considera toda evidencia disponible.
Pero independientemente de la opinión acientífica de la Iglesia, hasta hace poco existía entre los profesionales de la salud mental, una controversia legítima acerca del impacto del aborto en el bienestar emocional de las mujeres. Después de todo, este procedimiento al igual que otras intervenciones en medicina, no es un procedimiento inocuo al que las mujeres recurren por gusto.
Además de las complicaciones asociadas a cualquier procedimiento quirúrgico -que pueden ser mínimas si éste es practicado en condiciones adecuadas-, el aborto se acompaña de estrés que se pensó podría afectar negativamente la salud mental.
Observaciones aisladas
Esta idea se sustentó en observaciones aisladas en las que se describió que algunas mujeres que se sometían al aborto experimentaban con mayor frecuencia problemas psicológicos. En algunos casos incluso se observó síntomas de lo que se llamó síndrome posaborto, que se caracterizó por ansiedad, depresión, recuerdos intensos del hecho y pesadillas. Dicho síndrome era similar a lo que en psiquiatría se conoce como trastorno por estrés postraumático.
Sin embargo, la hipótesis que postuló la existencia de efectos traumatizantes del aborto resultó ser endeble, ya que los estudios que la sustentaron sufrieron de problemas metodológicos serios.
Uno de estos problemas es que la evaluación del impacto del aborto en la salud mental de las mujeres se realizó restrospectivamente mucho tiempo después de la interrupción del embarazo, lo que no permitió el considerar el impacto de otros factores estresantes ocurridos antes y/o después de haberse practicado el procedimiento.
Pero el problema fundamental con estas investigaciones es que fallaron en diferenciar entre el efecto del estrés producido por el aborto y el del estrés que las mujeres experimentan cuando se embarazan sin desearlo y como en el caso de la violación, de embarazarse de manera forzada y violenta. Estos trabajos tampoco consideraron el efecto de factores tales como el abandono de la pareja, la falta de apoyo familiar y la estigmatización y marginación social.
Lo anterior es particularmente cierto en países como el nuestro, donde las mujeres se ven obligadas a recurrir al aborto bajo circunstancias de discriminación e ilegalidad. Más aun, las complicaciones frecuentes y el riesgo de muerte asociado con la práctica insalubre e inadecuada del aborto, puede hacer de este una experiencia realmente traumática.
Cuando no se consideran estos factores es muy fácil concluir de manera errónea y simplista que el aborto tiene efectos deletéreos sobre la salud mental.
Por otro lado, la posición que sostiene que el aborto no se asocia con daños en la salud metal de las mujeres se basa principalmente en investigaciones de tipo prospectivo. En éstas, las mujeres han sido estudiadas desde su llegada a clínicas o consultorios en busca de interrumpir el embarazo para posteriormente ser evaluadas durante diferentes intervalos de tiempo. Este tipo de investigaciones son metodológicamente más solidas, ya que permiten el diferenciar el efecto del aborto per se del de los efectos producidos por otros factores estresantes.
No obstante, como todo en la investigación médica y psiquiátrica, hasta hace poco estos estudios también adolecían de problemas que impedían el sacar conclusiones solidas. Por ejemplo, en una proporción importante estos trabajos se limitaban a estudiar los efectos a corto plazo del aborto.
Afortunadamente, investigaciones recientes han permitido dar una idea más precisa del impacto del aborto sobre la salud mental. Un ejemplo es el trabajo de la doctora Brenda Major, de la Universidad de California, quien estudió a 442 mujeres poco antes de someterse a un aborto para posteriormente seguirlas durante dos años (Arch Gen Psychiatry. 2000; 57: 777-784).
Esta investigadora encontró al final del periodo de seguimiento que 72 por ciento de las mujeres se sintió satisfechó con su decisión, 72 por ciento describió que el procedimiento le acarreó más beneficio que perjuicios, 69 por ciento reportó que si fuera necesario recurriría al aborto de nueva cuenta, 80 por ciento negó sentirse deprimido y sólo 1 por ciento reportó síntomas del trastorno por estrés postraumático, cifra menor a la de la prevalencia de este problema entre las mujeres de la población general (11 por ciento).
Depresiones antes y después del aborto
Entre las mujeres que se encontraron deprimidas (20 por ciento), se encontró que en su mayoría ya experimentaban depresión antes de la interrupción del embarazo. Más aun, durante el periodo de seguimiento se observó que la intensidad de la depresión disminuyó a la par que el nivel de autoestima se incrementó.
Otros grupos de investigadores han descrito también efectos positivos a largo plazo del aborto en los índices de bienestar emocional y psicológico, tanto en adolescentes (Zabin y cols., Fam Plann Perspect. 1989; 21: 248-255), como en mujeres adultas que en algún momento de su vida han optado por interrumpir sus embarazos (Russo y cols., Prof Psychol. 1992; 23: 269-280).
Lo descrito anteriormente no significa que no existan mujeres en riesgo de experimentar problemas mentales después de recurrir al aborto. Sin embargo, lo que la evidencia disponible sugiere es que estos problemas tienen que ver más con la existencia de trastornos emocionales previos, violencia y victimización, así como con las circunstancias de discriminación e ilegalidad en las que las mujeres tienen que recurrir al aborto.
Lo importante en estos casos sería el poder ofrecer a todas las mujeres que lo solicitaran la interrupción del embarazo en condiciones óptimas, lo que permitiría identificar tempranamente a las mujeres en riesgo de padecer estos problemas y de esta manera otorgarles los servicios de salud mental necesarios para su bienestar.
En síntesis, lo que es nocivo para la salud mental de las mujeres y de la sociedad no es el aborto. Lo que es nocivo es la discriminación, la persecución y traumatización de las mujeres cuando el Estado e instituciones como la Iglesia penalizan la interrupción voluntaria del embarazo.
El autor es profesor de psiquiatría y director médico del Programa de Rehabilitación para Mujeres en el Centro Médico de la Universidad de Connecticut