En la administración que está por concluir, son innegables los avances en materia de salud reproductiva. Los programas gubernamentales de salud y desarrollo social incorporaron muchas de las demandas feministas, con lo que la perspectiva de género fue permeando poco a poco el discurso oficial. La interlocución de las organizaciones feministas con las instituciones gubernamentales ha sido, como nunca antes, muy intensa.
Al gobierno actual se le reconoce voluntad política en la adopción de la perspectiva más integradora de la salud reproductiva. Sin embargo, al final del sexenio, en el balance obligado, la realidad dista mucho del discurso. Y es que para alcanzar metas y objetivos, no basta la voluntad política si no se acompaña de los recursos necesarios. Durante el gobierno de Zedillo el gasto en Salud fue uno de los más castigados, el destinado a la salud reproductiva y la planificación familiar sufrió un decremento de 26 por ciento. Esto lo expresó claramente el Foro Nacional de Mujeres y Políticas de Población en la propuesta enviada a Vicente Fox, presidente electo, en la que demanda elevar el gasto en salud 7 por ciento por encima del designado al desarrollo social para el año entrante, con el propósito de compensar la pérdida sufrida en el sexenio anterior.
Las organizaciones de mujeres han lanzado esa carta al próximo gobierno. En su respuesta sabremos qué prioridad se le dará a la salud sexual y reproductiva y cuál será su voluntad política a un rubro que goza del más amplio consenso social. De no darse la continuidad y el avance en las políticas de población, habrán de calcularse las consecuencias políticas porque, como afirma el doctor Rodolfo Tuirán, coordinador del Conapo, 12 millones de usuarias de métodos anticonceptivos son votos potenciales nada despreciables.