LETRA S
Octubre 5 de 2000
Cáncer cérvico-uterino, un padecimiento muy prevenible
 

ls-deespaldas

CARLOS BONFIL

 

Marta Beatriz, 34 años, casada, sin hijos, estado de salud excelente --al menos hasta hace dos semanas. El primer signo inquietante se produjo durante y después de las relaciones sexuales con su marido: dolor durante las mismas y, poco después, un ligero sangrado. Al inspeccionarse los órganos genitales, Marta se descubrió tres pequeñas verrugas en la vulva, a las que no prestó mucha atención. Otros síntomas más generales (cansancio inexplicable, palidez, pérdida de peso), la decidieron a consultar un médico. Durante la consulta se le preguntó sobre su último examen de Papanicolau. Al admitir no habérselo realizado desde hacía cuatro años, se le practicó un exudado vaginal en el consultorio, y el médico remitió a la paciente a un servicio de ginecología. Los resultados del examen, y algunas pruebas complementarias, señalaron la presencia de una pequeña lesión en el cuello uterino. Detectado a tiempo, el trastorno celular que podía derivar en un tumor maligno, pudo ser atacado con técnicas de congelamiento y quema del tejido enfermo. La remisión de la paciente parece hoy muy promisoria.

Factores de riesgo e incidencia

De acuerdo con las investigaciones reunidas en el libro Mujer: sexualidad y salud reproductiva en México1, el cáncer cérvico-uterino, o cáncer del cuello de la matriz, es el que se presenta con mayor frecuencia en la población femenina mexicana mayor de 25 años. De cada mil mujeres examinadas, 4 lo padecen. A pesar de que la tasa de mortalidad por este padecimiento ha descendido en la década de los noventa, en 1997 era aún de 20.9 decesos por cada 100 mil casos2. Uno de los agentes causantes de este tipo de cáncer es el virus de papiloma humano (VPH), que se transmite por relaciones sexuales desprotegidas.

Una cita anual con Papanicolau

Entre las mujeres de 24 a 65 años de edad, los tumores malignos, situados principalmente en el cuello del útero y en las mamas, figuran entre las diez primeras causas de muerte. Sin embargo, detectados a tiempo, estos cánceres pueden ser tratados con éxito. La realización periódica, por lo menos una vez al año, del examen clínico llamado Papanicolau permite conocer en qué condición se encuentran las células de ese órgano y verificar si hay algún tipo de modificación anormal.

Atendido a tiempo, este cáncer es controlable. Una detección temprana se acompaña igualmente de una comprensión cabal de las prácticas indispensables para prevenir su desarrollo.

Son múltiples los factores que propician la aparición del cáncer cérvico-uterino: exceso en el fumar y una dieta poco balanceada; inicio precoz de la vida sexual y múltiples parejas sexuales; tener más de tres hijos o no haber tenido ninguno; pero sobre todo el incipiente desarrollo de una cultura de la salud sexual y reproductiva en las mujeres, que las imposibilita para buscar y demandar los servicios que les garanticen salud y bienestar en su vida sexual, como la práctica con regularidad del Papanicolau.

Virus que no distinguen sexos

Los papilomas también conocidos como verrugas genitales o "crestas" (de gallo), por su aspecto de protuberancia rugosa y dentada, pueden aparecer en la vulva, en la región anal o en el prepucio del pene, particularmente entre esta membrana y el glande. Se conoce su existencia desde la época de los griegos (y ya desde entonces se les veía como un foco de infección), pero su estudio data de principios del siglo veinte cuando empiezan a analizarse las lesiones que produce sobre el cuello uterino.

El periodo de incubación viral varía desde unas cuantas semanas hasta un promedio de quince años. La gravedad de la infección, y su propensión a evolucionar a un cáncer maligno, varía entre personas con sistemas inmunológicos sanos y aquellas con una condición inmunológica debilitada. No ha sido sino hasta fechas recientes que ha podido desarrollarse una vinculación muy clara entre el desarrollo de papilomas genitales y la aparición del cáncer cérvico-uterino. En efecto, la infección del cuello del útero por este virus representa ya una primera etapa de dicho cáncer, susceptible de evolucionar hacia un cáncer llamado invasor por su capacidad de afectar órganos periféricos (matriz, vejiga, intestino o recto, según la orientación del tumor uterino). En casos avanzados, un síntoma común es la dificultad o dolor al orinar, o alteraciones muy serias en el flujo menstrual.

La evolución de este padecimiento es sostenida y muy alta. En México sigue siendo una de las primeras causas de muerte en mujeres sexualmente activas. Tan sólo en 1997 este tipo de cáncer fue responsable de la muerte de 4,534 mujeres2. Como en muchas otras enfermedades, incluido el cáncer de seno, la dificultad principal es la detección oportuna, pues la verruga genital no produce dolor ni escozor, y a menudo pasa incluso desapercibida. Un hombre con una verruga genital no tendrá, por lo común, reparo alguno en tener relaciones sexuales desprotegidas, ignorando su capacidad de transmitir el virus a un organismo donde éste sí puede ocasionar estragos.

 Las formas más comunes y efectivas de prevenir el cáncer cérvico-uterino consisten en desarrollar el poder de negociación necesario para exigir de la pareja el uso del condón, y en caso de que esto presente serias dificultades, acudir por lo menos regularmente al médico para someterse al modo de prevención más económico, rápido y cómodo: la prueba del Papanicolau, que en los centros de salud públicos se hace de manera gratuita (Ver Directorio pág. 10).

 

1 Langer Ana y Tolbert Kathryn, eds. Mujer: sexualidad y salud reproductiva en México, Edamex-Population Council, 1996.

2 Conapo. La situación demográfica de México. Conapo, 2000.