Lunes en la Ciencia, 16 de octubre del 2000



Impacto ecológico y desarrollo catastrófico


Minas de arena en la ciudad de México

Jerjes Pantoja Alor y José Lugo Hubp

Desde su fundación hasta nuestros días, la ciudad de México y su área conurbada han tenido que afrontar numerosos efectos desastrosos de la ecología y geomorfología de la cuenca en que se ubica, relacionados con la alteración antrópica. Uno de ellos y tal vez de los más recientes, pero de un fuerte impacto ecológico, económico y social se genera, básicamente, por la degradación física y estética, a causa de la explotación indiscriminada y no planificada de los recursos pétreos (materiales de construcción), entre ellos los depósitos, en forma de mantos, de pómez y pumicita. No es circunstancial el hecho de que el mayor desastre ambiental y estético de la cuenca de México haya ocurrido en terrenos cuyo régimen de propiedad de la tierra es, o fue, de carácter ejidal o comunal. En décadas siguientes, debido al crecimiento explosivo de la población y su repercusión en las demandas de espacio y habitación, las autoridades empezaron a tener conciencia de la necesidad de una legislación ambiental, que controlara y regulara los procesos que afectan el ambiente, incluido el terreno, iniciando así una serie de estudios con propuestas técnicas y legislativas. Los datos de una de esas investigaciones realizadas por los autores, forman el cuerpo de este artículo.

Pómez y pumicita

Se da el nombre de pumicita a un grupo de vidrios volcánicos, caracterizados por su extrema estructura celular, en fragmentos que varían en tamaño de ceniza (0.025 mm) a lapilli (32 mm). A los mayores de este último tamaño se les da el nombre de pómez. Genéricamente se clasifican como tobas y se originan por fenómenos volcánicos de carácter explosivo de tipo pliniano o subpliniano (nubes ardientes), en los cuales, por la alta presión gaseosa, el magma es lanzado y fraccionado en el espacio, formando grandes nubes y cúmulos y material piroclástico. Después de su depósito, por nubes ardientes o caída libre, puede ser la pumicita retransportada por corrientes de agua y constituir capas sedimentarias (tobas epiclásticas).

IMG0009 bn La mayoría de los depósitos están estratificados; sin embargo, algunos presentan estructura masiva. En la parte occidental de la cuenca de México, o sea, en el piedemonte de la sierra de Las Cruces se han identificado hasta tres horizontes o mantos de forma tabular, los cuales afloran en la parte superior de la columna estratigráfica y a unos 5 a 10 metros de la superficie. Su espesor varía entre 1 y 3 metros, y dado lo friable y suave del material, además de la continuidad del yacimiento, facilitó la explotación por medio túneles y socavones rudimentarios que permitieron el paso de camiones en su interior.

La cuenca de México, localizada en el centro de la faja volcánica transmexicana, se caracteriza por un intenso volcanismo, cuya actividad se inicia a fines del Mioceno (hace 12 millones de años) y en la cual la mayoría de las superficies de piedemonte y cimas, corresponden a rocas más jóvenes de edad pleistocénica (hace unos 1.6 millones de años, incluso holocénicas).

Impacto ecológico

La explotación de minas de arena ligera (pómez y pumicita) se desarrolló básicamente en los municipios de Atizapán, Naucalpan y Huixquilucan, del estado de México, que posteriormente constituyeron las colonias conurbadas de Satélite, Lomas Verdes, San Mateo, El Molinito, y San Juan Totoltepec y los enclaves residenciales de Lomas de Sotelo, La Herradura, Bosques de Chapultepec, Lomas de Tarango, Lomas de Santa Fe, Las Aguilas, y otras que forman parte de las delegaciones de Cuajimalpa, Alvaro Obregón, Coyoacán, Magdalena Contreras y Tlalpan. El peligro generado por las explotaciones se resume en los siguientes puntos: 1.- Hundimiento y degradación del terreno por minado subterráneo (túneles, socavones, galerías, etc.); 2.- Explotaciones a cielo abierto (tajos y canteras) con pilares de roca estéril y abandono de terreros o derrubios y; 3.- Pérdida de la cubierta de suelo y tepetate, debido a su explotación como material puzolánico; 4. Inhabilitación del terreno para múltiples usos, además de la disminución del valor del terreno por considerarse en zona de riesgo.

Las propuestas para mitigar o solucionar, en parte, la problemática de las zonas minadas se concretaron en las siguientes acciones: el levantamiento topográfico de los tuneles, galerías y toda obra interior de las zonas minadas, además de su control con puntos en la superficie. Levantamiento de secciones transversales en áreas críticas para conocer el espesor del tepetate (cubierta protectora). Descapote y nivelación de las canteras a cielo abierto y áreas colapsadas. Ubicación de áreas de alto riesgo para su apuntalamiento (métodos mineros) o relleno con técnicas adecuadas de bombeo o inyección, similares a las del concreto. Determinación de las áreas minadas por medio de barrenación y experimentación con métodos geofísicos y eléctricos.

El hombre, como un ente económico, ha tratado de sacar el mayor provecho comercial del ambiente que lo rodea, desligándose de sus responsabilidades ecológicas y dejando esta carga para que la sociedad y de las futuras generaciones, que con sus impuestos se haga cargo de ella. Así, las causas de la degradación ambiental que aquí se trata, además de las sociales, fueron: la necesidad de un suministro constante de materiales de construcción a una de las urbes de mayor crecimiento demográfico y extensión en el mundo. Numerosas e incontrolables explotaciones pequeñas sin adecuadas técnicas mineras, realizadas por ejidatarios, o por particulares. Ausencia de una reglamentación para el uso del suelo en áreas rurales. Carencia de un proyecto o programa de restauración ecológica y de reuso del suelo. Numerosos organismos y autoridades agrarias que medraban a costa de los materiales pétreos y solapaban la degradación. Nula aplicación de los reglamentos y leyes vigentes para la explotación de minas y canteras y poderosos intereses económicos y políticos involucrados en la explotación y comercialización de los materiales de construcción.

Ante las circunstancias actuales los geocientíficos nos preguntamos Ƒde qué sirve la ciencia cuando se proponen acciones que no se aplican y se prefieren soluciones políticas y económicas carentes de ética, que conducen a desastres ecológicos como el que ahora nos ocupa. Las preguntas de actualidad son tres: Ƒcontamos con la información topográfica y conocimientos detallados de las áreas críticas actuales? Otra, Ƒcon qué técnicas contamos para remediar o mitigar el riesgo en las áreas minadas? Y la última, Ƒse repetirá la misma historia con el desarrollo de las nuevas minas localizadas en el piedemonte de la sierra Nevada? El futuro lo dirá.

Jerjes Pantoja Alor es investigador del Instituto de Geología y José Lugo Hubp es investigador del Instituto de Geografía, ambos de la UNAM Feggo;Arena

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