Chomsky constata en el silencio mayoritario de los intelectuales una
prueba más de la derrota progresista y percibe más silencio
incluso en Europa que en Estados Unidos, tal vez debido a la expectativa
que hubiera podido crear el sustrato crítico que impregnó
el intervensionismo intelectual europeo hasta los años setenta del
siglo XX.
El tercer mundo ha llegado a casa, la revolución
conservadora, la transnacionalización del capital financiero, la
apuesta por un mundo sin fronteras titulan más o menos los capítulos
en los que Chomsky se pronuncia por la racionalidad distributiva de los
bienes de este mundo y por el acceso a una concepción de la globalización
que implique lo solidario.
Especialmente duras las acusaciones que hace
contra las complicidades de la política estadounidense con movimientos
terroristas que luego, a veces, se revuelven como un boomerang contra sus
propio padrinos y especialmente lúcidos los análisis que
aplica sobre la rebelión zapatista, el bombardeo de Bagdad o la
política armamentista de Clinton en Colombia, así como su
propuesta de la paz como un instrumento dialéctico que uniría
intereses y dañaría la lógica de los señores
de la globalización.
Manuel Vázquez Montalbán.