Entré el 24 de febrero y el 6 de abril del año 2001, veinticuatro
delegados del Ejército Zapatista de Liberación Nacional -acompañados
por representantes de comunidades y organizaciones que se reconocen en
el Congreso Nacional Indígena, más una multitud creciente
de observadores y simpatizantes- recorrieron doce entidades, se encontraron
con la población que salió a recibirlos y arribaron
por fin a la ciudad de México para defender de viva voz, en
las cámaras legislativas, la propuesta de reformas constitucionales
elaboradas por la Comisión de Concordia y Pasificación, con
base en los Acuerdos de San Andrés.
Fiel a su declaración de principios, y a los compromisos que
adquirió con la sociedad a la que sirve, La Jornada acompañó
al insólito convoy con un equipo de reporteros y fotógrafos,
al que se incorporaron todos los corresponsales de la ruta, mientras moneros
y escritores, editores y auxiliares, rotativeros y prensistas daban
forma a las páginas de nuestro diario, noche a noche, para que los
incidentes de la marcha llegaran a todo el país y por Internet a
los cuarenta millones de personas que consultaron nuestra página
electrónica y que aumentaron considerablemente durante el mes, atraídas,
quizá, por las palabras de los que nada tienen.
Este libro es la bitácora de dicho viaje. En él
se asoma un país invisible, otro juego -llámese sociedad
civil o pueblo-, que exige su turno a la palabra y en las decisiones, para
que en México exista, realmente, una democracia.