Jornada Semanal, 11 de marzo del 2001 

Adelfo Regino Montes y Sofía Robles Hernández
 

Floriberto Díaz y el renacimiento indígena
 

Floriberto Díaz nació en las montañas mixes y dedicó su breve e intensa vida a la defensa de los derechos de los pueblos originarios de estas tierras. Murió hace poco más de cinco años y nos legó sus lúcidas argumentaciones jurídicas y su amor por la olvidada y siempre vigente sabiduría indígena. Adelfo Regino y Sofía Robles presentan estos textos escritos por un precursor del reconocimiento indígena que, sin duda, contribuirán a “despejar un poco la densa niebla de prejuicios que existe todavía en México hacia los argumentos legítimos de los pueblos indígenas”.



La Jornada Semanal abre hoy sus páginas para mostrar las ideas de uno de los precursores más destacados del renacimiento indígena: Floriberto Díaz Gómez. Nacido en las montañas mixes, allá en la década de los cincuenta, fue un expositor permanente de la sabiduría indígena y un lúcido cuestionador de las injusticias ancestrales contra los pueblos originarios de estas tierras. A poco más de cinco años de su fallecimiento, sus reflexiones acerca de las reivindicaciones indígenas constituyen un valioso tesoro para quienes ansiamos un México cuyo rostro sea la expresión de todos los pueblos y culturas que lo conforman.

Lo más destacable de su vida no fue sólo la vitalidad de sus ideas, sino la congruencia de cada una de ellas con sus acciones cotidianas. Para Floriberto no bastaba adoptar una actitud discursiva, sino que había que reflejar la palabra misma en los diversos acontecimientos comunitarios. Esta fuerza, proveniente de la vitalidad del pensamiento indígena, es lo que ha hecho trascender con legitimidad nuestros argumentos y posturas frente a un mundo lleno de confusiones, paradojas y contradicciones.

Sus ideas constituyen una reflexión sobre la vida de los pueblos, nacida de la relación permanente y dinámica que estableció con niños, mujeres, autoridades, músicos, ancianos... haciendo de esta forma un entramado de explicaciones sobre un mundo que, siendo tan real, parece mágico en otros contextos y horizontes. Dicho tejido de explicaciones sobre el mundo indígena es lo que Floriberto conoció con el nombre de comunalidad. La vida comunal, lo expuso muy claramente, no podía interpretarse a partir de la suma de los individuos y de las cosas existentes en las comunidades, sino que dicha explicación debía partir de los principios, valores y proyecciones históricas de cada uno de los pueblos.

Para Floriberto los pueblos –en tanto expresión colectiva de los seres que los conformamos– son la referencia vital que hizo posible el florecimiento de antaño y la resistencia heroica en nuestro caminar histórico. Gracias a estas concepciones colectivas, los pueblos estábamos al final de una larga y pesada noche de agonías y sufrimientos. Y si esto había sido así, nuestra existencia futura dependía en gran medida en la compleja tarea de la reconstitución indígena, que no debe ser vista como la reconstrucción automática del pasado, sino como el reto permanente de mantener los principios y valores comunitarios en el marco de un mundo cambiante y dinámico. En todo caso, lo fundamental en este proceso es que los pueblos indígenas tengamos libertad para decidir el rumbo y el horizonte de esta magna labor de reconstitución.

Es en este contexto donde cobra suma importancia el reclamo de autonomía, largamente discutido en estos tiempos. Desde la década de los setenta, Floriberto expuso en numerosas ocasiones, tanto en el discurso como en los hechos, que la autonomía no implica ninguna amenaza para la unidad interna del Estado. Por el contrario: la autonomía constituye la fórmula más idónea y eficaz para saldar los agravios cometidos en contra de los pueblos originarios de estas tierras. Además, la autonomía trae consigo vientos de democracia no sólo para los pueblos indígenas, sino para el conjunto de la sociedad. Este es el mensaje profético de Floriberto.

Desde 1994, con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), las reflexiones de Floriberto sobre el mundo indígena han sido ampliamente confirmadas por los argumentos de la dirigencia zapatista. La coincidencia fue obvia. No se trataba de luchar por el poder en los términos acostumbrados por la clase política, sino de hacer un llamado global para que cada persona, cada comunidad, cada pueblo asuma un papel activo en la construcción de una patria que sea la casa de todos. Los indígenas teníamos camino andado en pos del logro de estos propósitos, y el reflejo más contundente de ello fueron las argumentaciones vertidas en los diálogos de San Andrés.

En el contexto actual de debate ideológico sobre los derechos indígenas, el pensamiento de Floriberto cobra especial relevancia. Por eso esperamos que sus contribuciones sirvan para despejar, aunque sea un poco, la densa niebla de prejuicios que existe todavía en México hacia los argumentos legítimos de nuestros pueblos, muy especialmente en la movilización que en estos días llevan a cabo nuestros hermanos zapatistas a fin de lograr el reconocimiento constitucional de nuestros derechos fundamentales. Ojalá que estos textos y la movilización zapatista sirvan como luces para seguir caminando hacia un horizonte justo para todos.