Lunes en la Ciencia, 21 de mayo del 2001



 

El pelo del Yeti

Miguel Rubio Godoy

No es la primera vez que se exhiben "pruebas" de la existencia del abominable hombre de las nieves; pero un pelo encontrado recientemente por una expedición científica en los Himalayas revivió el furor del Yeti en Inglaterra. En las montañas más altas del mundo, las tradiciones de la India, Nepal, Tíbet, Bután y otros países que comparten el colosal conjunto de elevaciones donde viven las nubes (Himal Alaya significa eso), recogen diversos relatos de la existencia de varios animales que los zoólogos no han podido confirmar, el Yeti entre ellos.

En Occidente también se sabe de esta abigarrada fauna desde, por lo menos, 1925; ese año un fotógrafo que formaba parte de una expedición cartográfica británica vio una criatura moverse a lo lejos y al examinar la nieve donde la había vislumbrado, encontró la ya familiar huella de planta larga y más o menos triangular con sólo 4 dedos.

En los 1930, el explorador alemán Ernst Schafer, un antiguo colaborador de Himmler en la infame SS, se propuso atrapar unos cuantos Yetis para probar la disparatada idea de que los hombres venían de las altas montañas. La teoría ųnazių era que algunos de los arios originales habrían sobrevivido como hombres de las nieves, pero la imposibilidad de capturar especímenes dio al traste con la prueba de que la raza superior en efecto había surgido de las nieves y el cielo.

yeti-1 yeti-1 Luego vino la época de los montañistas. En 1951, un par de alpinistas reportó la presencia de pisadas tipo Yeti en un glaciar localizado entre Tíbet y Nepal, y dos años más tarde, los célebres Edmund Hillary y su sherpa Tenzing Norgay encontraron más huellas durante su ascenso al Everest.

En 1959, Hillary regresó a las montañas con la idea de encontrar pruebas de la existencia del Yeti, pero después de 10 meses regresó con las manos vacías. La más reciente adición la hizo el montañista Reinhold Messner, famoso por haber escalado el Everest solo y sin oxígeno, quien el año pasado publicó Mi búsqueda del Yeti; confrontando el más profundo misterio de los Himalayas. En su libro afirma que el bicho en cuestión media entre un hombre y un oso, que es capaz de levantar y lanzar grandes rocas, y por lo visto es muy tímido. Las imágenes que muestra su libro, que según él son de animales parecidos al Yeti, ilustran a los chemos, que son unos osos que probablemente en efecto no eran conocidos por los taxónomos. Pero hay tantos huecos en la apuesta de Messner por el Yeti, que uno en realidad se pregunta si al alpinista no le habrá afectado la falta de oxígeno en el cerebro.

Regresando al reciente revuelo inglés, resulta que la expedición liderada por Rob McCall, un zoólogo de Oxford, en efecto se hizo al campo con la idea de encontrar pruebas fehacientes de la presencia de un animal que pudiera ser lo que en los más de 2 mil kilómetros de ancho del Himalaya se conoce por diferentes apelativos regionales: Yeti, chemo, migyur.

El equipo trajo consigo muestras de pelo a partir de las cuales se extrajo ADN para identificar a qué grupo de organismos había pertenecido el mechón, que se presumía podría pertenecer al ilustre hombre de las nieves. Pero antes de explicar qué arrojaron los exámenes moleculares, conviene explicar bien de dónde proviene la muestra capilar. La expedición se hizo acompañar por experimentados guías locales para adentrarse en algunas de las más remotas regiones de Bután. Iban armados de modernas cámaras de video infrarrojas para captar al bicho in fraganti durante sus escapadas nocturnas, pero a pesar de todos sus esfuerzos y la tecnología para vencer la oscuridad, los únicos Yetis que encontraron fueron los de los relatos de los habitantes locales. Por fin, casi al cabo de la expedición, encontraron fresca la famosa huella de cuatro dedos en el fango y en una guarida dentro de un gran cedro que según su guía y experto cazador de Yetis, era frecuentada por uno, el pelo responsable del alboroto. Y el cabello causó alharaca porque a su regreso al Reino Unido fue analizado en Oxford por el profesor Bryan Sykes, el primer geneticista en extraer ADN de muestras arqueológicas y un experto en técnicas de identificación molecular, y resultó que a diferencia de otras muestras de pelo anteriormente analizadas y que habían sido en realidad pelaje de cerdos silvestres u osos, la muestra de Bután no se parece a nada conocido. He ahí el estado actual del misterio alrededor del Yeti: una muestra que tan sólo es evidencia circunstancial de su existencia, resulta que no se parece ni a los homínidos ni a los osos, ni a otros grupos animales conocidos.

A decir de Rob McCall, lo único que su expedición ha hecho es mantener vivo el misterio del Yeti, mas no probar su existencia. Es muy interesante que las modernas pruebas genéticas de identificación hayan arrojado este resultado por dos razones. La primera, en el contexto de la historia de los monstruos, es que es ésta la técnica que actualmente consideramos infalible; pero conviene recordar que incluso la aséptica ciencia sucumbe a su época y también en su momento fueron incontrovertibles la palabra de un filósofo y la fotografía.

Y en segundo término porque si bien no es seguro que el pelo analizado sea de un Yeti, sí demuestra que en las montañas más altas del planeta todavía hay animales que se escapan a nuestra clasificación del mundo animado.

Eso, sin considerar lo ignorantes que aún somos respecto al mundo microscópico de las bacterias y los virus; que en realidad son monstruos más temibles. Pero el humano es un ser visual y por algo en nuestra memoria colectiva permanecen entronizados, por ejemplo, los ubicuos dragones que en la Edad Media se comieron a algunas docenas de doncellas. En un mundo de bacterias multirresistentes a los antibióticos, vacas locas y ovejas febriles, quizá sea más reconfortante dejarse tomar por el pelo del Yeti que aceptar que no tenemos todos los pelos de la burra en la mano...

El autor es biólogo y actualmente cursa el doctorado en inmuno-parasitología de peces en la Universidad de Bristol, en Inglaterra

[email protected]


Inicio