Comenzó en Veracruz
La muerte de 14 indocumentados mexicanos en el desierto de Arizona se suma a las mil 600 ocurridas desde que Estados Unidos puso en marcha la Operación Guardián. Lo nuevo, aunque suene mal, es la muerte colectiva. Detrás de la tragedia del desierto están las terribles condiciones que obligan a los nacionales a abandonar sus tierras, cierto. Y a ellas se suma una política criminal del gobierno estadunidense que ha obligado a los indocumentados a cruzar por los puntos fronterizos que mayores riesgos significan para sus vidas (la acción también criminal de los polleros no es más que una coartada). En los tres textos siguientes ofrecemos una visión del complejo panorama de la muerte: la tragedia del campo veracruzano que empujó a los campesinos a buscar el sueño americano, el debate y sus secuelas y, por último, una reflexión sobre las preguntas que siguen en el aire: ¿cuánto valen las vidas de los mexicanos?, y ¿no está el gobierno mexicano obligado a proteger la vida de sus ciudadanos y exigir ante cortes internacionales que su vecino, socio comercial y gran beneficiario de la migración respete el derecho internacional?
Alberto NAJAR * Fotografías de J. GUADALUPE PEREZ
Atzalan, Ver. La comunidad de El Equimite arrastra la mala suerte desde hace dos años.
Primero, el principal producto para su subsistencia, el café, cayó a niveles incosteables. Luego una granizada tempranera acabó con lo que se perfilaba como una excelente cosecha, y casi en seguida lo que quedó en las parcelas se llenó de broca, una plaga que sólo ataca a este grano.
Pero lo más grave fue una granizada a principios de mayo que acabó con todo el chile gordo sembrado en algunos corrales, y que serviría como un colchón para aguatar el resto del año.
Fue la gota que derramó la paciencia de Raymundo Barreda Maruri.
El
15 de mayo, acompañado de su hijo del mismo nombre, salió
de El Equimite junto con el pollero local, con rumbo a Estados Unidos.
Dos semanas después, padre e hijo regresaron de Arizona en ataúdes sellados.
* * *
Tiene razones para su asombro. "Los que murieron en el desierto no son los primeros que emigran -dice con enfado-. Desde hace tiempo que la gente se está yendo para no morirse de hambre".
Juan Herrera es presidente de la Caja Solidaria de El Azotal, a la que pertenecían tres de los siete atzatlecos que perecieron en Arizona, entre ellos Raymundo Barreda, su hijo y Reyno Bartolo Hernández.
Caficultores los tres, decidieron emigrar porque en sus comunidades no hay opciones para ganarse la vida.
"El café lo están pagando a 80 centavos por kilo, y los cortadores nos cobran un peso para cosecharlo -explica Herrera Aparicio-. La naranja está peor, por ella pagan menos de diez centavos el kilo. La verdad sale más barato tirarla".
En Atzalan no hay para dónde hacerse. El cultivo de caña está en crisis desde hace más de una década, y el único ingenio de la zona adelantó el cierrre de la zafra porque no hay dinero para comprar toda la producción.
Las plantaciones de plátano fueron atacadas por la mosca mexicana de la fruta, mientras que el café que se quedó sin cortar resultó afectado por la plaga de la broca.
Además, hace tres meses que cerraron dos plantas maquiladoras de ropa en Teziutlán y en la cabecera de Atzalan. Cerca de 400 personas se quedaron sin trabajo.
Por eso se fueron Reyno y Raymundo, además de su hijo Raymundo Barreda Landa, Lorenzo Hernández Ortiz, Enrique Landero García, Mario Castillo Fernández y Alejandro Marín Claudio.
Se marcharon igual que los 100 productores y jornaleros de El Progreso, 80 de Cuatro Caminos, 30 de El Tesoro, 40 de Altepepan, 200 de Plan de Arroyos...
*Un éxodo que asusta
Parecía concurso.
Horas después de que se conoció la muerte de mexicanos en Arizona, los presidentes de varios municipios veracruzanos empezaron a soltar datos sobre la migración.
Ricardo Pulido, de Tierra Blanca, aseguró que 15 mil personas se han ido a Estados Unidos. Odilón Fernández, de Cosautlán, aseguró que cada semana sale un autobús de la cabecera lleno de gente hacia la frontera, mientras que Pablo García, de Actopan, de plano declaró que la mitad de los habitantes de su municipio viven ya en el vecino país del norte.
Una danza de cifras inusual en Veracruz, donde hasta hace unos años la migración era asunto exclusivo de jornaleros que provenían de regiones como Las Choapas y Los Tuxtlas.
Ya no más.
Los datos del último Censo Nacional de Población y Vivienda del INEGI revelan que en los últimos cinco años salieron de la entidad aproximadamente 800 mil personas, que representan 10% de la población total de Veracruz.
Cien municipios de los 210 que hay en la entidad registran crecimiento negativo en el número de sus habitantes. De 1995 al año 2000 la tasa de población aumentó en 0.56%, "muy por debajo de las proyecciones gubernamentales", afirma Patricia Zamudio, del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).
La migración es generalizada y no se reduce al ámbito rural: de acuerdo con el presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) del puerto de Veracruz, Rafael Espinosa Cortés, prácticamente la mitad de los meseros y cocineros que trabajaban en la ciudad emigraron ya al vecino país del norte.
La causa es, explica el empresario, que los sueldos en la industria son muy bajos.
Un argumento por demás común entre los migrantes.
"Hay una tendencia que viene desde la década pasada ?afirma la investigadora del CIESAS?. Tiene que ver con la disminución del empleo y el diferencial en el salario que se presentaron a raíz de la crisis del café y el cierre de plantas de Pemex".
Hace 10 años la migración era un fenómeno que se presentaba sobre todo dentro del estado, aunque era común que algunos veracruzanos se trasladaran a ciudades como el Distrito Federal o Guadalajara.
Con el "error de diciembre" de 1994 la ruta de los migrantes añadió un nuevo destino: las plantas maquiladoras de Tamaulipas y Chihuahua, donde incluso se formaron colonias enteras de veracruzanos.
Hasta allí todo iba dentro de los cauces más o menos normales. "La migración interestatal habla de una entidad en equilibrio -explica la investigadora-. Salían muchas personas pero también se recibían otras".
Pero hace dos años se rompieron los frágiles equilibrios.
El primer anuncio de la crisis fue la decisión de los caficultores de Coatepec de no cosechar el 30% de la producción estimada para 1999.
"Habíamos podido aguantar porque el tipo de cambio era más o menos favorable -explica Cirio Ruiz, coordinador del Consejo Regional del Café de Coatepec-. Pero en la cosecha de 1999 se castigaron excesivamente los precios y ya no pudimos pagar los jornales para cortar la cereza".
Ese año el kilo de café se cotizó en un peso con 30 centavos. La tarifa para cortar esos mil gramos fue, entre los jornaleros veracruzanos, de un peso. A este precio se añade el costo del fertilizante, la electricidad para el proceso de secado y el costo del transporte.
La pérdida acumulada fue de 800 millones de pesos.
Al mismo tiempo, el cultivo de la naranja sufrió un revés, cuando la caja con 35 kilos se cotizó hasta en cinco pesos.
Pero la señal definitiva fue el cierre de las plantas maquiladoras que habían servido como refugio para quienes no alcanzaron un lugar en la producción agrícola.
Estados Unidos se convirtió entonces en el objetivo de la migración veracruzana. Y desde el primer momento se pagaron consecuencias.
Hace un año, por ejemplo, en un noticiario televisivo se transmitieron las imágenes de dos indocumentados mexicanos que se ahogaban en el río Bravo, sin que nadie pudiese hacer algo para auxiliarles.
Uno de los que murieron, Antonio Ramírez Martínez, era veracruzano. De Tierra Blanca.
Y eso fue sólo el inicio.
"La migración veracruzana a Estados Unidos es relativamente nueva, y por lo mismo no conoce de los riesgos ni los trucos para salir bien librados", explica Patricia Zamudio. "Cualquiera se puede aprovechar de ellos, no se saben defender. Por eso es que se mueren".
*El alcalde
"Son cabrones".
Así define el presidente municipal de Atzalan, Ramiro Barradas Viveros, a los habitantes de las comunidades de donde salieron siete de los migrantes que fallecieron en el desierto de Arizona.
"Cabrones", dice, porque son "más politizados, críticos, se les facilita más hacer las cosas y por eso tienen más billete".
La entrevista, en el palacio municipal de Atzalan, es difícil, con un guardia armado atento a las preguntas y deseos del munícipe, a quien no parece haberle caído muy en gracia la muerte de sus paisanos.
Se nota. El 29 de mayo, casi una semana después de la tragedia, los familiares de las víctimas no habían recibido información oficial alguna, ni se les había notificado siquiera la fecha y hora exacta en que llegarían los cadáveres.
La única visita que les hizo el presidente municipal fue la tarde de ese martes, cuando llegó acompañado de una decena de policías armados para avisarles que al día siguiente llegarían los cuerpos, y que se necesitaría el traslado "de un solo familiar por muerto" al puerto de Veracruz para realizar la identificación.
La actitud del alcalde es una muestra de la situación que guarda el municipio, que en un mismo territorio parece albergar a tres poblaciones distintas: la de la cabecera, donde la mayor parte de los habitantes trabaja en Teziutlán, Puebla; Plan de Arroyos, la ciudad más grande con una alta producción de café y cítricos (una de sus organizaciones, la Asociación de Agroindustriales Serranos, fue incluso nominada en el lugar 371 dentro de las 500 empresas destacadas por la revista Expansión), y las comunidades como El Equimite, Cuatro Caminos y San Pedro Altepepan, al oriente de Atzalan.
Esta región, dice Gabriel Barrera Náder, gerente de la Asociación Rural de Interés Colectivo (ARIC) de Plan de Arroyos, es la que acusa un mayor grado de marginación.
"A ellos les pegó más fuerte la crisis del café, porque no están organizados y no formaron un fondo de resistencia -explica-. Tampoco pudieron sacar la naranja, que se les llenó de plaga, y la caña de azúcar, menos. El único ingenio que queda, el Independencia, adelantó la zafra porque no tiene forma de comprar toda la producción".
Por si fuera poco, desde hace seis meses las maquiladoras de ropa que operan en Teziutlán y Martínez de la Torre despidieron a una parte de su personal.
La crisis es evidente.
"Los chamacos apenas cumplen 15 años y ya se quieren ir con el pollero -se queja Pedro Rendón, presidente de la ARIC-. De mi comunidad, en El Progreso, nomás este año se fueron 100 jóvenes y muchachas, y hay un montón más que quieren irse. Parece que no entienden".
Y no, porque las opciones son pocas. Una muestra es el futuro inmediato del café.
"Al menos en los próximos dos años los precios van a seguir muy bajos -reconoce Gabriel Barreda-. Hemos calculado que en la cosecha que viene se queden sin cortar unas 50 mil toneladas de cereza, que representan entre 150 mil y 200 mil quintales; es la mitad de la producción que tenemos".
Por eso es que desde hace tres meses en varias comunidades los productores decidieron tumbar las parcelas de café, y dedicar la tierra a la siembra de maíz y frijol.
Atzalan, pues, se encuentra en una verdadera situación de urgencia agropecuaria que supera incluso a la que se presentó en 1989, cuando las heladas terminaron con el total de la producción del grano. La diferencia es que, en ese año, el hoy desaparecido Inmecafé compró todo el café dañado.
Hoy, para los habitantes del municipio sólo parece haber un camino.
"Ir a los Estados Unidos es peligroso, pero aun ansina las gentes deciden no quedarse aquí -afirma Juan Herrera Aparicio-. La otra es morirse de hambre; ya ve usted, aquí no hay nada que hacer para los jóvenes. Por eso nos quedamos los viejos, que no aguantamos el viaje, pero si yo pudiera ya me hubiera ido".
Paradójicamente, la muerte de los siete atzatlecos causó un problema adicional a la economía de la región.
Y es que ante la demanda de viajes a Estados Unidos, los polleros locales ofrecían a sus conocidos mil pesos por cada persona que engancharan.
"La gente que se dedicaba a eso y se ganaba unos cuantos centavos ya se quedó sin nada -comenta María Eugenia Munguía Díaz, coordinadora de la Sociedad Cooperativa Quisempacáyotl, que trabaja en la zona-. Ahora no les va a quedar otra más que emigrar".
*Los ambiciosos
La oferta suena tentadora.
"Viajes Potrero Nuevo Veracruz ofrece transportación a la frontera con empleo seguro, contratación inmediata, buen salario, prestaciones, alojamiento garantizado, además te facilitamos una cama para que no tengas que dormir en el suelo, cobija y parrilla para calentar tus alimentos".
Y en seguida, la advertencia. "Favor de no hacer caso de oferta parecida de Viajes Kabubi, ellos no trabajan con nosotros y no nos hacemos responsables de lo que puedan hacer".
Ofrecimientos como estos se reparten por miles a través de volantes en plazas y centrales camioneras de los 210 municipios de la entidad; es, de hecho, uno más de los changarros que surgieron con el incremento acelerado de la migración.
"Les ofrecen paraísos de trabajo si se van a Estados Unidos, se los llevan en camiones que rentan y los depositan en la frontera", explica Alejandro Montano, subsecretario de Seguridad Pública.
"Una vez allí los conectan con el coyote que les cobra otra cantidad por cruzar la línea y luego los abandonan. Incluso hemos registrado algunos casos en que los mismos polleros se comunican con los familiares para pedir más dinero a cambio de información sobre los migrantes".
Diez de estas empresas forman parte de una de las líneas de investigación que siguen las autoridades veracruzanas, según informó la secretaria general de Gobierno, Nohemí Quirasco.
La otra, añade Montano, apunta hacia las personas que convencieron a las víctimas de emigrar, sin importar que hayan sido sus propios familiares.
En medio del conflicto que generó la muerte de los veracruzanos, con los reflectores de los medios nacionales e internacionales concentrados en el caso, para el gobierno de Veracruz esta es la razón central del problema.
"Son explotadores de ilusiones", advirtió Quirasco Hernández en las afueras de la Catedral de Jalapa, minutos después de que concluyó una misa en memoria de las víctimas, que ella misma promovió desde los diarios locales.
El subsecretario Montano la secunda. "Para todos había algo que hacer aquí, incluso los dos de Coatepec tenían un buen empleo. Lo dejaron todo por el sueño de ser ricos en poco tiempo y sin esfuerzo".
Luego
anuncia que en las próximas semanas el gobierno estatal difundirá
una campaña para desanimar la migración, cuyo eje central
será dar a conocer los riesgos.
--¿Todo se reduce a un asunto de ilusiones y ambición?
--Lo consideramos como un problema que debemos atender -dice el subsecretario-. Pero no hay que dramatizar, Veracruz no se está despoblando.
A Raymundo Barreda y a su hijo los velaron en la casa que el primero empezó a construir con las ganancias de dos viajes anteriores a Estados Unidos.
Frente a esa vivienda, donde el ahora difunto instaló el único teléfono de El Equimite, existe hoy un nuevo símbolo del progreso: la tienda Diconsa, que desde hace años funciona en la comunidad, recibió la semana pasada una manita de gato en la fachada de madera, con el emblema "Mi Tienda" que el nuevo gobierno federal ordenó se imprimiera en todos los establecimientos de la cadena. Una novedad que Raymundo ya no alcanzó a ver.*