MIERCOLES Ť 6 Ť JUNIO Ť 2001

Jorge Alberto Manrique

Moreno Coronel: el habla tierna y terrible

labaroLos niños: ya no son tan niños. Niños que ya no son tan niños, chicos, que tal vez ya hacen niños. Como que van de niños a hombres, sin embargo ya hay adolescentes, hombres, machos, tiernos.

Y así ríen y éstos juegan a que ya son machos heridos, machines, ambiguos, con el sexo de fuera, por el vientre o por las nalgas. Y fuman y fuman mota; inhalan y chupan. Chupan y se recrean y son chemos y son muy simpáticos, hablan entre sí madres y juegan a coger el pito y agarran por el culo. Hasta el fondo, como dice uno de los títulos de la obra de Sebastián Moreno Coronel. Son unos cabrones alegres y tristes.

Ahí en la calle, en la plaza, en la Soledad, en la soledad, en la solidaridad, entre las putas, hijoeputas, hijosdeputas. Y así, entre plazas inútiles desoladas, agrestes, terrosas, tersas de basura.

Por esas calles de Dios y recogidas transitan los niños-cabrones, queman, chupan los papeles de Sebastián. Mares de humanidades de mugre, el fundillo hasta las rodillas...

Estas caras parecen personajes de José Clemente Orozco (es un decir), como por ejemplo en el paño del fresco en la escalera del Palacio de Justicia; máscaras, rostros tristes y risueños, alegres y terribles. Los trazos precisos de Moreno Coronel sí y no se difuminan en el papel y ahora se confunden. Ambigüedad del dibujo fino: ese es el precio.

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El padre. La autoridad, el respeto, la fuerza, la fortaleza, también la ferocidad, el apoyo, el cariño, así como la ternura macha.

Pero la elegía de Sebastián a su padre no son las coplas por la muerte del Comendador don Rodrigo Manrique ni el dolor de Jaime Sabines por el Mayor Sabines; es testimonio, como tantos, de un padre sin autoridad ni fuerza, sin apoyo: en su pintura deshecha y terrible. El es testigo de un no-hombre o apenas, pero hombre al fin y de la ternura incierta, pero tierna.

Los cuadros son un grito sordo. Cabeza perdida. Natura Morta: así son o hemos sido (los títulos de sus obras tienen sentido o sinsentido, son trabalenguas: poesía).

Los papeles de la serie ''De troles, Esculebrios y Drogones..." (1999) son tristes, con consabido placer. Los dibujos de color ilustran las pinturas al óleo, pero van más allá, en su espanto pavoroso y mórbido. Esta es la serie ''In memoriam. Padre" (2000). ¿Qué tiene Orozco que ver con las muertes de la obra de Sebastián? Si se piensa, por ejemplo en los deformados pies del Cristo que rompe su cruz (en el Museo Carrillo Gil), sí. No, en el desacorde del color, como gritos.

Esa es la ternura y el espanto de la pintura de Sebastián Moreno Coronel.