MARTES Ť 3 Ť JULIO Ť 2001

OBSERVATORIO CIUDADANO DE LA EDUCACION

Comunicado No. 57

Las recomendaciones educativas del Banco Mundial para México
 

Ť Mejorar calidad, eficiencia y competitividad, los ejes de la propuesta

Ť Continuidad de programas y estrategias

Ť El BM "ayudaría" a México a operar su agenda de políticas

Ť ¿Y la voz de los mexicanos?

Para Carlos Muñoz Izquierdo, con afecto y solidaridad

En fecha reciente se dio a conocer un libro del Banco Mundial (BM) titulado México: una agenda integral de desarrollo para la nueva era. Es una colección de estudios sobre los problemas económicos, sociales y políticos que, desde la perspectiva del organismo multilateral, confrontaría el gobierno entrante; e incluye recomendaciones de política general y sugerencias de acciones específicas. Como se indica en su versión síntesis, difundida hace apenas unas semanas, el programa de acción que se propone consiste en cinco mensajes fundamentales: "consolidar las ganancias en materia macroeconómica; acelerar el crecimiento mediante una mayor competitividad; reducir la pobreza a través del desarrollo de capital humano; equilibrar el crecimiento y la reducción con la protección de los recursos naturales, y lograr todo lo anterior a través de un gobierno eficiente, responsable por sus acciones y transparente." (Síntesis, p. 24). El BM entrega este diagnóstico al nuevo gobierno igual que, se indica en el propio texto, en 1994 hizo llegar a la Presidencia unas Notas de Estrategia con la visión del organismo sobre la coyuntura de ese momento. El documento actual se presenta como opinión "externa" aunque, también se hace notar: "El Banco Mundial está preparado para ayudar a las nuevas autoridades mexicanas a implementar su agenda de políticas." (Síntesis p. 26).

El estudio extenso, por ahora sólo en inglés, incluye un apartado sobre educación titulado Education Sector Estrategy que Observatorio comenta a sus lectores, en vista de su importancia como marco de referencia de los créditos que probablemente el gobierno contratará con el organismo en el futuro próximo.

Diagnóstico superficial

048f1.jpgEl capítulo sobre educación de la "agenda integral" inicia señalando los principales logros educativos del sistema, básicamente: la expansión de la cobertura en todos los niveles; mayor grado de escolaridad de la población económicamente activa; la equiparación de sexos en prácticamente toda la estructura escolar y un mayor compromiso del gobierno en el gasto educativo. Sobre éste último se indica, por una parte, que el gasto gubernamental en educación creció de 3.3% del PIB en 1989, a 5.1% en el presente, y por otra, que la distribución del gasto, al favorecer a la educación básica, tuvo un efecto de mayor equidad social en la distribución de recursos educativos. Estas apreciaciones, rigurosamente ceñidas a la información y juicios de valor emitidos por la SEP en los últimos años, son matizadas en el capítulo, al reconocer que los "logros" educativos de anteriores gobiernos no alcanzaron a revertir las desigualdades y rezagos entre entidades federativas y distintos grupos sociales. En el análisis por nivel educativo se aprecian algunos "desafíos" por enfrentar aunque, se anota en el diagnóstico, el problema central radica en la calidad de la educación, ya que la información disponible indica fallas en la educación básica para proveer a los sujetos de los conocimientos y habilidades necesarios para un "ingreso exitoso a la fuerza laboral" (p. 451). Añade el texto: "algunos dicen que esto es también válido para el caso de los egresados de la educación media y superior (ibidem)."

Identificada la "calidad" como problema medular, el diagnóstico procede a exponer algunos indicadores. Lo hace al estilo ponderativo del BM, reconociendo avances y marcando insuficiencias: "Aunque en México hay excelentes escuelas y muchos estudiantes aprenden lo suficiente para progresar exitosamente entre los niveles educativos, alguna evidencia empírica muestra que significativa proporción de los estudiantes no alcanza los niveles mínimos considerados en las expectativas de aprendizaje del currículum" (p. 453).

Entre las evidencias ofrecidas para calificar el logro educativo del sistema se incluye: a) la "evaluación de la educación preescolar, primaria y secundaria" (SEP, 1998), encontró que la mayoría de los estudiantes obtuvieron calificaciones de 6 y menores en una serie de pruebas de conocimiento; b) en una comparación regional (latinoamericana), los resultados de los niños mexicanos en lenguaje y matemáticas son inferiores a los de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Cuba; c) otros estudios, por ejemplo la evaluación del PARE, muestran que el rendimiento estudiantil está asociado al origen socioeconómico; d) las pruebas del CENEVAL indican que los estudiantes están "pobremente preparados para la educación superior" (p. 455); e) las evaluaciones del COSNET concluyen que hay problemas de capacidad académica tanto en estudiantes como en profesores".

Sin embargo, se omiten referencias contextuales indispensables para ponderar resultados de los estudios en que se basan las observaciones. Por ejemplo, la evaluación del PARE fue diseñada para ponderar los resultados del programa como tal, y las pruebas del CENEVAL para aspirantes a la educación superior, antes que instrumento de evaluación de conocimientos, forman parte del procedimiento de selección y distribución de candidatos. Si se toma en cuenta la diversidad de propósitos de estas evaluaciones, resultaría obvia su insuficiencia como criterios para juzgar la calidad de los sistemas.

Sobre la educación básica, el diagnóstico distingue entre causas sociales, esencialmente la pobreza, y factores escolares que provocan mala calidad de resultados: deficiencias en formación de profesores; débil implementación curricular y currículum centrado en la memorización; inadecuada supervisión; infraestructura y ambiente escolar sumamente frágiles; insuficiente "tiempo escolar", en especial en el área rural, y excesiva dedicación a actividades con escaso valor pedagógico (p. 457-458).

Continuidad y actualización con la nueva agenda del BM

La sección de diagnóstico hace también referencia a la problemática del financiamiento público de la educación, haciendo notar en primer lugar que la estrategia de los dos gobiernos anteriores, centrada en la atención a la educación básica, fue exitosa, aunque deja pendiente el reto de enfrentar las desigualdades regionales que prevalecen. Se indica que en este gobierno debiera haber concentración de recursos fiscales focalizada en la expansión de la educación media (secundaria y bachillerato) y en la calidad de la básica. Entre los temas "institucionales" que se agregan está la necesidad de profundizar la descentralización, cuidando consolidar estándares de calidad nacionales; mejorar la participación social en la gestión escolar; utilizar los resultados de las evaluaciones escolares en el diseño de políticas, y se añade la necesidad de "incrementar, regular, apoyar y supervisar" los servicios de educación en manos de particulares" (p. 461-462). Nada se dice, en cambio, de varias reformas que atañen factores políticos, como el peso del SNTE, la reforma de la educación normal o la supervisión.

El documento que comentamos concluye con un apartado de recomendaciones o, como se indica, "opciones para el futuro". En el mismo se incluye una serie de propuestas de política educativa y recomendaciones prácticas de orden "estratégico" para mejorar cobertura, calidad, equidad y pertinencia del sistema. Probablemente estas últimas sean las más interesantes como referencia del tipo de propuestas que el Banco Mundial estaría dispuesto a apoyar; entre ellas: a) programas de descentralización con apoyo a las entidades federativas; b) focalización en los pobres, poblaciones aisladas e indígenas; c) educación a distancia; d) becas; e) mejoramiento del Progresa y programas compensatorios; g) reforma curricular y métodos de enseñanza centrados en el aprendizaje; h) reforzamiento de la participación social; j) modelo de educación bilingüe; k) estudios sobre costo-efectividad; l) incremento del tiempo escolar; m) revisión del marco regulatorio de la educación privada; l) mecanismos alternativos para financiamiento de la educación superior; m) reforzamiento de capacidades de planeación, gestión y gobierno; n) promoción de mecanismos de acreditación. La lista no es exhaustiva de las propuestas, pero ejemplifica su orientación en un sentido básico de continuidad de programas establecidos en el sexenio anterior, también relacionados con propuestas del BM, y actualización de la agenda del presente con el enfoque vigente del organismo multilateral: educación para la competitividad global y el acortamiento de las brechas de desigualdad y pobreza. Sobre cada una de estas recomendaciones habría reflexiones y matices necesarios, algunas veces críticos, que los investigadores mexicanos hemos expresado en diversas oportunidades.

En el pasado inmediato, los estudios y propuestas de organismos multilaterales como el Banco Mundial y la OCDE constituyeron una referencia de primera importancia en el diseño de la política educativa mexicana. El BM se jacta de haber llegado a ser la principal fuente de asesoría mundial en política educativa. Si bien ello es explicable como parte de las estrategias de "modernización" seguidas y como un mecanismo para el acceso a créditos de la banca multilateral, debiera ponderarse su valor. En primer lugar, estas recomendaciones del BM son un insumo de la realpolitik educativa, ya que condicionan apoyos financieros no despreciables y ejercen presiones políticas innegables. En segundo lugar, es necesario ponderar críticamente la concepción de educación que les subyace: ¿esa concepción --funcional, eficientista y tecnocrática-- es la que quiere la población del país- En tercer lugar, el BM ignora olímpicamente los estudios realizados por los investigadores educativos del país y las propuestas de cambio formuladas por el magisterio y otros organismos de la sociedad civil.

¿Estará el actual gobierno dispuesto a reconocer y apoyar a interlocutores "internos" en el diseño de los nuevos programas educativos, o buscará aproximarse a los temas de la agenda internacional, como fue el caso en los sexenios antecedentes? La respuesta a esta cuestión es relevante para valorar hasta qué punto, en medio de la continuidad, habría al menos un cambio de actitudes.

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