Lunes en la Ciencia, 9 de julio del 2001



 

Intolerancia, enemigo de la salud pública


Homosexualidad y salud mental

Carlos A. Hernández Avila

En relación al artículo publicado por Arnoldo Kraus sobre la homosexualidad (La Jornada, 4 de julio 2001) es necesario hacer algunas precisiones. Fue en diciembre de 1973, con la publicación de la segunda edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-II) y no en 1980 como él afirma, que la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) dejó de considerar a la homosexualidad un trastorno mental. Esta acción fue tomada con base en una revisión exhaustiva de la literatura científica publicada al respecto.

Para que una condición mental pueda considerarse como un trastorno psiquiátrico debe causar regularmente sufrimiento emocional y/o estar asociada con un deterioro significativo del funcionamiento psicosocial. La revisión efectuada por la APA no encontró que la homosexualidad reuniera estos criterios. Desde entonces, la APA ha reconocido que la mayoría de los hombres y mujeres homosexuales se siente satisfechos con su orientación sexual y no muestran señales de psicopatología. La revisión de la APA también encontró que la mayoría de las personas homosexuales funcionan socialmente de manera efectiva, y que los que buscan tratamiento psiquiátrico lo hacen predominantemente por razones distintas a su homosexualidad.

 

El diagnóstico

Cuando en 1980 se publicó la tercera edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-III), la homosexualidad no fue incluida como un trastorno mental. Sin embargo, sí se incluyó el término "homosexualidad egodistónica" como una categoría que describía el conflicto y sufrimiento emocional experimentado por personas homosexuales que no aceptaban su preferencia sexual y quienes manifestaban deseos intensos y/o intentos frecuentes por cambiarla. Cuando el DSM-III se revisó en 1987, la "homosexualidad egodistónica" también fue eliminada como una entidad diagnóstica, ya que la APA reconoció que una proporción importante de las personas homosexuales atraviesan inicialmente por una fase en la que su orientación sexual es "egodistónica" para posteriormente volverse "egosintónica" o aceptable por ellos mismos.

Desafortunadamente, a pesar de los avances de la psiquiatría moderna en su aproximación al fenómeno de la homosexualidad, aún existen sectores amplios de la sociedad, incluyendo médicos, psicoterapeutas y otros profesionales de la salud mental, que sin ningún fundamento científico continúan considerando la homosexualidad como una enfermedad y no como una variante normal de la orientación sexual humana. De hecho, algunos de estos profesionales, especialmente en países donde existen pocos controles sobre la calidad ética y terapéutica de sus servicios, y donde la cultura homofóbica es predominante, continúan ejerciendo los que se conoce como "terapia reparativa" o "terapia de conversión". Con este tipo de "tratamiento" se ha intentado cambiar la orientación homosexual de una persona por una orientación heterosexual. Aunque existen algunos reportes aislados describiendo el uso de técnicas psicoterapéuticas y de consejería para tratar a personas no conformes con su homosexualidad y que desean ser heterosexuales, no existe evidencia científica que demuestre que la llamada "terapia reparativa" o cualquier otro tipo de psicoterapia o tratamiento farmacológico pueda cambiar el deseo y los sentimientos amorosos entre dos personas del mismo sexo. La experiencia clínica sugiere que las personas homosexuales que buscan cambiar su orientación sexual y quienes recurren a este tipo de "terapias reparativas" lo hacen a consecuencia de la estigmatización y discriminación y bajo una gran presión familiar y social. Lo anterior resulta en la internalización por parte de la persona homosexual de la homofobia e intolerancia circundante, lo que obstaculiza enormemente su proceso de aceptación de la preferencia sexual. En este sentido, la evidencia indica que los hombres y las mujeres homosexuales que han aceptado su orientación sexual positivamente muestra" niveles de satisfacción y de funcionamiento psicosocial mucho mayores que aquellos que no lo han hecho así.

 

La discriminación

Distintas organizaciones de profesionales de la salud mental en los países avanzados, tales como la APA, se han pronunciado oficialmente y han hecho llamados internacionales para condenar la discriminación y persecución de las personas homosexuales, asi como para condenar otros tipos de discriminación e intolerancia. Estas organizaciones han entendido que la intolerancia por la preferencia sexual, género, religión, edad, etnicidad, u origen nacional son una fuente de sufrimiento de los individuos y de trauma emocional y/o físico. Por lo tanto, se ha entendido que la intolerancia es uno de los enemigos de la salud mental y física de la sociedad. La intolerancia y la discriminación. entre otras cosas, frustran la necesidad humana básica de dignidad, y tiene como resultado la desesperación y desesperanza entre sus víctimas, lo que ultimadamente afecta a la sociedad entera promoviendo la desintegración social, la violencia y el caos.

Las organizaciones y colegios de profesionales de la salud de nuestro país, especialmente de aquellos involucrados en el cuidado de la salud mental de nuestra población deberían demostrar que entienden este fenómeno y deberían seguir el ejemplo de sus contrapartes estadunidenses de pronunciarse oficialmente y combatir activamente a este enemigo de la salud pública que es la intolerancia.

El autor es profesor e investigador del Departamento de Psiquiatría del Centro Médico de la Universidad de Connecticut, en Estados Unidos.

Hernand@psychiatry.uchc.edu


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