MARTES Ť 24 Ť JULIO Ť 2001
 
Ť El jurado enfatizó la ''excepcional fidelidad a la escritura'' del autor de Figura de paja

García Ponce, reconocido con el premio de literatura Juan Rulfo

Ť El galardonado, en un mensaje por escrito, expresó: ''Estoy muy emocionado y agradecido''

Ť Es ejemplo de entrega, sin reticencias, al destino creador de nuestra cultura, se argumentó

CESAR GÜEMES

Por unanimidad, el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo le fue conferido este lunes a Juan García Ponce.

-Siento no poder estar ahí -dice el inicio del mensaje del escritor, que en su ausencia leyó la titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Sara Bermúdez-. Estoy muy emocionado y muy agradecido. Pero además de su importancia en tanto premio, me trae muchos recuerdos del propio Juan Rulfo del que si no puedo decir que éramos íntimos amigos, sí puedo en cambio tener a la vista el recuerdo de su figura.

Novelista necesario

poncejj2Juan García Ponce nació en Mérida, en 1932, y comenzó sus trabajos literarios con El canto de los grillos, obra de teatro que dio a conocer en 1958. En ese rubro seguirían La feria distante, Doce y una, trece y de manera posterior Catálogo razonado. Dentro de su producción de prosas breves se encuentra el libro iniciático Imagen primera (1963), al que le siguen La noche, Encuentros, Figuraciones y Cinco mujeres. Novelista necesario en el panorama de las letras contemporáneas, su amplia labor abarca en el género Figura de paja, La casa en la playa, La presencia lejana, La cabaña, El libro, El nombre olvidado, La vida perdurable, La invitación, Unión, El gato, Crónica de la intervención, De Anima, Inmaculada o los placeres de la inocencia y Pasado presente.

En esta ocasión el jurado del galardón estuvo conformado por Juan Gustavo Cobo Borda (Colombia), Claude Fell (Francia), Ambrosio Fornet (Cuba), Noe Jitrik (Argentina), Hernán Lara Zavala (México), Mercedes López-Baralt (Puerto Rico) y Sara Poot-Herrera (Estados Unidos). Todos ellos presentes, avalaron la decisión del premio, acompañados por el titular de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Raúl Padilla López.

Convertir el silencio en ficción

Cobo Borda dio lectura al acta del jurado que en su parte medular explica: ''A lo largo de su vida, Juan García Ponce ha mantenido una excepcional fidelidad a la escritura, ha hecho de ella su razón de ser. Desde su primera novela, Figura de paja, no ha cesado de indagar en la ficción, en el ensayo, en el teatro, en el periodismo y en la crítica de arte; esa incesante creatividad lo ha llevado a convertir el silencio en ficción, y de allí, a proyectar su obra en el ámbito de la mejor literatura contemporánea. García Ponce lo ha logrado, con obsesiva morosidad, al propiciar que las ideas y los hechos, las relaciones de pareja y la presencia insobornable del testigo, que bien puede ser un gato ya inmortal, enriquezcan una prosa que seduce y atrapa para siempre". Y al final señala que reconocer a Juan García Ponce ''es admirar y poner como ejemplo su entrega, sin reticencias, al destino creador de nuestra cultura".

Ensayista, traductor de Pierre Klossowski, William Styron y Herbert Marcuse, la carta de saludo enviada por el escritor hoy premiado continúa: ''Juan Rulfo tenía como trabajo en el Centro Mexicano de Escritores criticar las obras de los becarios. Cuando yo lo fui por segunda vez, en 1963, lo veía en todas las sesiones. Entonces estaba escribiendo la que sería mi segunda novela, La casa en la playa. Juan Rulfo tenía un conocimiento tan profundo de las novelas, que parecía haber leído todas las del mundo. Sus críticas eran acertadas y siempre amables". Al cierre de su mensaje de agradecimiento y saludo, dice el prosista: ''Recibir el Premio Juan Rulfo no sólo es un gran honor, sino también una ocasión de recordarlo como persona, tan tímido, tan afectuoso siempre. Son muchas coincidencias. Para mí esta es una forma de la vida".



Crónica de la intervención

(Fragmento)

Ťgarcia-ponce-juanQuiero que me cojan todo el día y toda la noche. Lo dijo, eso fue lo que dijo. De regreso del baño, mirándonos a Anselmo y a mí acostados aquí en la cama y que la mirábamos también. Huelo a ella; todo huele a ella. Desnuda en el marco de la puerta. Alzó los brazos y era como si quisiera borrarse por completo. Pero su cuerpo no la dejaba. No sé qué puedo recordar. Corrió en seguida a la cama, como si no soportara estar lejos. ¿De qué no soportaba estar lejos? Cuando caímos en la cama por primera vez me tenía agarrado del sexo. Su mano en mi sexo. Ya le había visto las manos, desde que llegó. Era fascinante cómo las movía. Allí estaba la necesidad de darse. Pero, ¿por qué? Ella sólo nos oía. Con la pierna cruzada se le veían los muslos. No se pueden cruzar así las piernas. Ya sabía lo que iba a pasar. Pero ni siquiera me conocía. Por eso; era mejor. No saber lo que iban a hacer con ella. En la cama, Anselmo empezó a besarle los pechos. Pero cuando yo me le subí y entré dijo: ''No, míralo, me está cogiendo. No lo dejes".

JUAN GARCIA PONCE