Las pifias del padrino
Los contratos de protección y las condiciones de trabajo violatorias de la ley que dominan en la industria maquiladora no impidieron que el secretario del Trabajo foxista la declarara un modelo a seguir. El elogio le valió ser declarado "padrino de los empresarios" por los líderes patronales del ramo. En su nueva condición, Carlos Abascal atenderá las revisiones de los contratos ley de las industrias textiles y del hule. El padrino Abascal ha sido claro: quiere la desaparición de tales contratos... muy pronto sumará nuevos ahijados, así sea a costa de un nuevo conflicto laboral
Oscar RUBIO GONZALEZ
Las recientes pifias cometidas por el denominado "padrino de los empresarios" -cargo conferido al secretario del Trabajo por el líder de la industria maquiladora de exportación- son muestra clara de la política foxista en materia laboral. Las declaraciones de Carlos Abascal Carranza al afirmar que debemos enorgullecernos de la industria maquiladora nacional (La Jornada, 17 de noviembre) evidencian los desatinos del actual gobierno. Señalar como "modelo industrial" al sector que más violaciones laborales ha cometido en la última década demuestra esta preocupante situación. El "padrino" olvida que la mayoría de las maquiladoras que él alaba dan trabajo a las mujeres siempre y cuando presenten certificado de ingravidez, o permitan que los médicos de estas empresas realicen exámenes previos para verificar que no están embarazadas; en caso de que la solicitante obtenga el trabajo, será bajo la condición de someterse a revisiones mensuales para verificar mediante la toalla sanitaria si con posterioridad a su contratación ha cometido el "error" de embarazarse, y si es así, irremediablemente será despedida. Olvida también que el maquilador es el único sector en el norte del país en el que la totalidad de los contratos colectivos de trabajo son de protección, contando para ello con el aval de las autoridades del trabajo (el ejemplo más reciente sucedió en la maquiladora Duro, de Río Bravo, Tamaulipas). Estas empresas contratan a trabajadores en zonas marginadas de otras entidades, principalmente en Oaxaca, Veracruz y Guerrero, para que les presten servicios, y una vez "enganchados" se olvidan de respetarles la jornada de trabajo, el salario prometido, o bien proporcionarles viviendas dignas. En cambio, les cubren un salario inferior con jornadas de hasta 14 horas, instalándolos en bodegas habilitadas temporalmente como habitaciones, u otros lugares insalubres.
A
pesar de lo penoso que resultan tan desacertados comentarios, no debe extrañarnos
esta postura. Recordemos que el actual secretario del Trabajo en tiempos
nada remotos encabezó formalmente al sector empresarial, posición
desde la cual fue precursor a partir de 1995 de la denominada "nueva cultura
laboral", la cual sigue fomentando ahora como funcionario, y que, según
sus propias palabras, tiende a eliminar "rigideces" en la contratación
y el pago de salarios para beneficio de las inversiones, y por añadidura
de los inversionistas. Con esa finalidad, el secretario anunció
que por estos días serán consultados los capitalistas maquiladores,
respecto a esas incomodas rigideces que se pretende eliminar en pro de
las inversiones, con notorio sacrificio de los trabajadores. Así
se comprueba que nuestros gobernantes, lejos de aplicar la política
social tan cacareada en tiempos electorales, pretenden justificar sus decisiones
de acuerdo con las necesidades y conveniencias del sector empresarial,
aun cuando se contrapongan a los intereses de las familias de más
de 30 millones de mexicanos en edad de trabajar.
Las declaraciones de Carlos Abascal evidencian el camino errado que se está tomando. Ignorar la escandalosa carencia de empleo, la precarización de salarios, el aumento creciente del subempleo (empleo informal) y la pervertida contratación colectiva auspiciada -y consentida- por las autoridades demuestra que el foxigobierno busca el remedio a estos males sacrificando a los que menos tienen; reduciendo sus garantías de estabilidad en el empleo, ampliando la facultad patronal para minimizar unilateralmente condiciones de trabajo, limitando el derecho de huelga y permitiendo la subsistencia del inmoral contratismo de protección, regulado según las necesidades de los empleadores.
No nos confundamos: una cosa es desempeñarse en un trabajo digno, productivo y remunerado en un ambiente laboral que contribuya al desarrollo del trabajador, su familia y la propia empresa, y otra muy diferente es laborar en un trabajo precarizado, en el que a libre voluntad del emplea-dor se fije la remuneración, el horario y se cuente con la bendición de la autoridad para separar al trabajador en cualquier momento, sin ninguna responsabilidad patronal.
Esperemos que en esta nueva faceta del secretario del Trabajo no arrecien las constantes embestidas de las autoridades laborales sobre los trabajadores, favoreciendo con desmesura al capital, aunque siendo francos, se ve difícil que no suceda. Por el momento, el titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social recarga baterías para "atender" a los trabajadores huleros y textiles, de quienes se avecinan las revisiones de sus respectivos contratos ley. Contratos de los cuales el señor Abascal se ha manifestado en público como oponente y firme convencido de su necesaria desaparición. En el futuro los trabajadores al formular sus peticiones deben poner en la balanza que el padrinazgo es una relación religiosa, sagrada y muy íntima, en la que el padrino está obligado al máximo a velar por su ahijado y sus mejores beneficios.*