Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 30 de diciembre de 2001
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Política
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Néstor de Buen

En el mar la vida es más sabrosa

Mi homenaje a la decisión del secretario de Marina, almirante Marco Antonio Peyrot González, por haber expedido la Directiva 06/2001, fechada el 6 de diciembre en curso y publicada en el Diario Oficial de la Federación el pasado jueves 27.

El enunciado del contenido de la directiva es notable: "... mediante la cual el alto mando de la Armada de México ordena a los mandos navales el respeto a los derechos humanos".

En los considerandos se hace referencia a que es deber de la Armada emplear el poder militar de la Federación para la seguridad interior y la defensa exterior del país, lo que la obliga a realizar diversas operaciones y tareas, muchas de las cuales requieren el contacto directo con personas y sus bienes, para la defensa y seguridad de la nación y para prevenir actos delictivos. También se indica que la sociedad contemporánea reconoce la presencia de los derechos humanos que las instituciones del Estado tienen el deber de respetar y garantizar, a lo que lo obliga, además, la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 27 de noviembre de 2001, hace unos pocos días.

La directiva se hace consistir en la obligación a cargo de los mandos navales y de los titulares de unidades, dependencias y establecimientos de la Secretaría de Marina-Armada de México, de realizar en forma continua la revisión y mejora de los procedimientos de operación y actuación del personal, "velando en todo momento por el cumplimiento institucional de mantener el estado de derecho y al mismo tiempo por el acatamiento de un trato justo y digno hacia todo ser humano". De ello se deriva la necesidad de instruir al personal naval acerca de lo establecido en la Declaración de Derechos Humanos de la ONU y en la Constitución a propósito de las garan-tías individuales allí estatuidas.

Quizá la frase más trascendental aparece al final del primer resolutivo: "La emisión de una orden y el cumplimiento de ella no deslinda de posible responsabilidad a quien la emite y a quien la ejecuta, siendo inaceptable la culminación de un objetivo militar o de justicia tras someter a un transgresor de la ley mediante la violación de sus derechos fundamentales, por lo que cualquier abuso de autoridad será sancionado conforme a las leyes vigentes".

ƑSe acuerdan ustedes de la "obediencia debida" que invocaron los militares criminales que mantuvieron la dictadura militar en Argentina para tratar de justificar su conducta?

Fui soldado, sólo por un año, pero en aquel año de 1944, que era época de guerra, aprendí muchas cosas. Y entre ellas, que si un soldado, o clase, o un oficial, o un jefe, o un general, recibe una orden que estima violatoria de los derechos humanos, deberá exigir que se le dé por escrito, y si es así, cumplirla. De no cumplirla incurrirá en desobediencia, con todo lo que eso puede suponer en el Ejército. Pero de cumplirla sin recabar la orden por escrito será absolutamente culpable y responsable por su conducta.

Hay, por supuesto, el miedo a las jerarquías. Cuando en el Ejército alguien recibe una orden resulta muy difícil que no quiera cumplirla. Pero con toda seguridad, si se producen las violaciones a los derechos humanos a que se refiere la emocionante circular del almirante Peyrot González lo más probable será que quien dio la orden lo niegue, y la responsabilidad irá descendiendo hasta llegar al más modesto de los soldados, de tierra, de mar o de aire.

Me ha emocionado la lectura de esta directiva del secretario de Marina y comandante de la Armada. Y su referencia a los derechos humanos me ha hecho pensar mucho en el general Gallardo, preso por la sencilla razón, más que fundada, de que promovió que en el Ejército se debería instituir una comisión de derechos humanos.

Y he pensado en muchas cosas más, Tlatelolco de manera principal. Y he pensado en la gallardía -no es reiteración artificial- de aquel miembro del Ejército o de la Armada o de la Fuerza Aérea que se niegue a cumplir una orden evidentemente violatoria de los derechos humanos.

Y lo que ciertamente pasa: un nombre que en general no tiene mayor significación para nuestro mundo civil, el del secretario de Marana y comandante de la Armada, Marco Antonio Peyrot González (Ƒtendrá algo de catalán?), a partir de hoy me merece un respeto absoluto y le brindo toda mi solidaridad.

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