Viernes 11 de enero de 2002
La Jornada de Oriente publicación para Puebla y Tlaxcala México

 
Opinión

Las absolutas formas del cero

n Alfonso Simón Pelegrí

Juan de Mairena, poeta apócrifo, nos habla de una nada creada por Dios como antesala de su creación; nada ontológica que tan poética como gráficamente nos describe el maestro don Antonio Machado en dos memorables versos. El primero lo pone en boca de Abel Martín, y dice así: Borraste en ser; quedó la nada pura. / Muéstrame ¡oh Dios! la portentosa mano / que hizo la sombra: la pizarra oscura / donde se escribe el pensamiento humano. Y más adelante, glosando a éste, nos dice a través del ya nombrado Mairena: Dijo Dios: Brote la Nada. / Y alzó la mano derecha / hasta ocultar su mirada. / Y quedó la Nada hecha.
De esta manera, la creación se constituye como un acto negativo: Un no ser pensado por Dios. Este, al levantar la mano para celar su vista, el gran ojo con el que todo lo ve por verse a sí mismo, dejó en suspenso el gran pliego de la noche y de la nada en el cual habría de escribirse el pensamiento humano: El primer versículo del Génesis con lo de "terra autem inanis erat et vacua", léase vacía y confusa, no le queda nada lejos según dije en otro lugar.
Pero en lo que sí difiere Machado, ¡cosas de los poetas metidos a teólogos!, de la ortodoxia bíblica es en su afirmación de que Dios no es el creador del mundo; su autoría se cifra en la creación de la nada, y esa nada integrada por el más absoluto vacío se asiste en la ausencia de la mirada de Dios. Y es que, nos aclara Abel Martín, el problema fundamental de la metafísica de Juan de Mairena no radica en el ser de la ontología tradicional, sino en la ciencia del no ser; de las absolutas formas del cero.
Por consiguiente, en la metafísica machadiana se busca llegar mediante la pura nada, el puro pensamiento, a la comprensión de la realidad y arquitectura del mundo; el "quedé sin saber sabiendo" de fray Juan de Yepes funcionaría de perlas como tesis provisional y metodología de trabajo... al menos hasta alcanzar el "entonces conoceré como soy conocido" de Pablo, el Apóstol, el más audaz y certero de todos los teólogos.
Pero también está en las Escrituras lo de "con mi propia carne veré a Dios": Si para ese entonces Dios también nos mira... ¿cómo serán los ojos de Dios?