Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 21 de enero de 2002
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Política
008n1pol ENTREVISTA

Erika Zamora, presa por motivos políticos

La pesadilla de una alfabetizadora a quien acusan de guerrillera

BLANCHE PETRICH ENVIADA

Chilpancingo, Gro. Erika Zamora lleva ya tres años y medio en prisión ?incluidos 20 meses de pesadilla en un penal de máxima seguridad? y mantiene a raya la depresión y el desánimo con una pequeña consigna personal: ''De mí depende sacar lo mejor de esta experiencia. ¿Cómo me van a derrotar a mí unos simples muros?''

De ella, su mamá dice: ''Así como es sensible, tampoco es débil. Si la quieren humillar, no llora; les dice de cosas a sus agresores. No, pase lo que pase ella no les va dar el gusto de verla llorar. Yo de m'ija me siento bien orgullosa''.

A sus 24 años, Erika tiene una sentencia de ocho años y medio, señalada por el Ejército Mexicano como la comandante Rosario, del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI). A pesar de todo, esta joven estudiante originaria de El Mezquital sabe mirar el lado bueno de las cosas. ''De todos los males que nos cayeron encima con la matanza de El Charco, me tocó lo menos peor. Para 11 compañeros, entre ellos mi amigo Ricardo Zavala, aquel 6 de junio fue el último día de su vida.''
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Próximamente su defensa presentará la tercera apelación directa, la última oportunidad jurídica de rectificar un proceso penal plagado de trampas e irregularidades.

Un mal día

No es inusual que un par de estudiantes con inquietudes sociales recorran el camino que va de las aulas hacia los barrios o pueblos de mayor rezago, con algún proyecto de solidaridad bajo el brazo. Erika Zamora y Ricardo Zavala tomaron esa ruta en el verano de 1998. Un par de delegados de la Organización Independiente de Pueblos Mixtecos y Tlapanecos había visitado la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y estos dos alumnos de sociología escucharon su llamado. Con los manuales del Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA) armaron su propio plan de alfabetización y mientras cientos de universitarios seguían concentrando su atención en Chiapas, ellos marcharon a Guerrero.

Llegaron a la escuelita rural Caritino Maldonado, de El Charco. Como dicen los clásicos: al lugar equivocado, en el momento equivocado.

Ricardo Zavala murió el 6 de junio en un cruce de fuego, durante un episodio que el gobierno definió como enfrentamiento armado entre el Ejército Mexicano y el ERPI. La gente de la localidad sostiene que fue un asalto militar contra una asamblea pacífica. Erika Zamora cayó presa. Bajo tortura, en el cuartel de Cruz Grande de la novena Región Militar, firmó una declaración en la que aceptaba ser jefa guerrillera: la comandante Rosario. Esa declaración fue aceptada como prueba válida por el juez y ahora, a los 24 años de edad, purga una sentencia de ocho años seis meses, sin atenuantes ni derecho a preliberación, acusada de ''conspiración e incitación a la rebelión'', y portación de un AK-47. Fue clasificada como presa ''de alta peligrosidad'' y como ''riesgo para la estabilidad nacional''. Eso le valió un año ocho meses en Puente Grande, la cárcel de máxima seguridad para varones en Jalisco.

En breve su defensa presentará una apelación directa contra la sentencia. Es la tercera apelación, su última oportunidad jurídica para rectificar un proceso al que califica de irregular e ilegal.

''Soy optimista. Tenemos muchas posibilidades de ganar esta vez; todos los demás coacusados han salido ya libres'', señala en una entrevista realizada en el Cereso de Chilpancingo. Como otros cuatro procesados en el mismo juicio ?que fueron exonerados anteriormente? espera una resolución absolutoria.

''Efrén Cortés (el otro coacusado en la misma causa, preso en el penal de Puente Grande) y yo ?reconoce? quedamos atrapados en el discurso oficial de la guerrilla buena y la guerrilla mala. El entonces presidente Ernesto Zedillo quiso diferenciar así a los zapatistas, con quienes estaba negociando, y a los del Ejército Popular Revolucionario (EPR), a quienes prometió liquidar aplicando todo el peso del Estado. El momento político nos hundió, pero hoy es otra la coyuntura.''

--¿Sabían a lo que iban cuando viajaron a Guerrero?

--Realmente no. Sabíamos por la prensa que era zona de influencia del EPR, que era una región donde había presencia de organizaciones armadas, pero no mucho más. Yo nunca había visitado ese estado. Estuvimos conociendo la zona una semana y después nos invitaron a la asamblea de mixtecos en El Charco. Ahí iban a decidir entre todos dónde nos íbamos a asentar para aplicar el programa de alfabetización que llevábamos; las opciones eran El Charco, Ocote Amarillo o El Paraíso. En los tres lugares hay mucha necesidad y son los más céntricos. Pero en esa asamblea se tocaron muchos temas y se prolongó. También nos dijeron que se iban a presentar unos compañeros encapuchados ?así dijeron? de una organización. Nos preguntaron que si estábamos de acuerdo. Dijimos que sí. Yo tenía mucha curiosidad de ver qué pasaba. Bueno, y un poquito de emoción también. Pensé que eran del EPR, porque hasta entonces no sabía de la existencia de una escisión: el ERPI.

''Los encapuchados hablaron un poco, en su idioma, y luego siguió la asamblea. Cuando anocheció resolvieron continuar al día siguiente. Nos acomodamos a dormir en los salones. Y después... todo ocurrió.''

El asalto

Lo que pasó esa noche lo ha contado muchas veces. Cerca de las dos de la madrugada del 6 de junio los pobladores de El Charco fueron despertados con disparos, gritos e insultos desde un megáfono. Estaban rodeados por el Ejército; los soldados disparaban indiscriminadamente contra la escuela. A los pocos minutos empezaron a caer los primeros heridos y muertos. Erika recuerda en especial a Fernando Félix Guadalupe, que se desangraba y suplicaba que le dieran un trago de agua. Después apareció entre los muertos.

La unidad guerrillera organizó una retirada para desviar el fuego y alejar la balacera de los civiles. Pidieron voluntarios para reforzar el operativo de distracción y Zavala se ofreció. Así, los armados lograron romper el cerco, pero atrás quedaron algunas bajas, entre ellas el estudiante Ricardo. Los soldados continuaron el acoso contra la escuela al tiempo que concentraban en la cancha a los detenidos. Erika sostiene que la mayor parte de muertos se produjo cuando los militares lanzaron en medio de los detenidos una granada de fragmentación.

Ya había amanecido cuando Erika Zamora gritó que los civiles iban a salir. El primero fue Onorio. Caminó hacia donde estaban los soldados, se arrodilló frente a ellos y ahí mismo lo remataron. Le siguió Erika. Se estaba inclinando para tirarse al piso cuando sintió las balas sobre su cabeza. Mario Chávez, un campesino, ya iba herido. A él le pegaron esos disparos. Sin poder voltear a verlo oyó sus últimos estertores.

Hubo once muertos en esa ocasión, y sólo un soldado herido. De los fallecidos, el ERPI sólo reconoce a dos como combatientes de sus filas.

La tortura

Erika Zamora, joven hidalguense e hija de padres campesinos, la única universitaria de su familia, ha librado una polémica epistolar con funcionarios de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Ella sostiene que los visitadores de la institución ?que tuvieron acceso al lugar donde fueron interrogados los presos? no quisieron registrar las sesiones de tortura.

Como única mujer detenida, fue tratada con especial agresividad. Habían transcurrido ya horas de golpes y amenazas, con el recurso del policía bueno y el policía malo, y con el general Alfredo Oropeza conduciendo personalmente el ''interrogatorio'', cuando le mostraron una venda. ''¿Sabes para qué sirve?'', le preguntaron. Lo peor estaba por venir.

Morena y pequeñita, su cara aniñada está marcada por el sufrimiento a pesar de que sonríe por costumbre, por reflejo. ''¿Que si los toques eléctricos duelen? No sé, eso no es dolor. Es algo horrible, pero no dolor... no hay palabras para describirlo.''

Además sufrió la humillación de permanecer desnuda e inerme en el baño de un cuartel lleno de soldados y agentes que la ofendían, amarrada a una silla metálica, empapada, electrificada. Tenía entonces 21 años. Permaneció así muchas horas, aguantando, negando. Hasta que se rindió. Por cada hoja que firmaba, con declaraciones que nunca hizo, le devolvían una prenda de vestir, hasta que volvió a cubrir su cuerpo a cambio de estampar con su firma los papeles que la condenaron.

''Esa declaración fue la que hicieron válida todo el tiempo, incluso ante el Ministerio Público; nunca aceptaron mis denuncias de que fue firmada bajo tortura, nunca me permitieron retractarme.''

La integraron al grupo de detenidos cuando ya había amanecido. Preguntó por uno de sus compañeros, Efrén. El general Alfredo Oropeza Garnica, burlón, se pasó el pulgar por el cuello, insinuando que lo habían matado.

--¡No le creo! ?le gritó Erika.

--¡Cállate! ?la reprimió el oficial.

Ella sintió el odio. ''En ese momento ?dice? sentí que me iban a echar la culpa de todo. Y así fue.''

Efrén, un joven de la Universidad Autónoma de Guerrero que asesoraba a la organización, no estaba muerto. Pero Ricardo Zavala, su mejor amigo, su compañero de la prepa, sí. ''Tardé días en que me cayera el veinte de esa pérdida'', recuerda la joven.

Todavía en el cuartel pretendieron fotografiar a Erika con un uniforme de la guerrilla. Pero se hacía tarde. El general Oropeza los apremió. Tenían que entregar a los detenidos a la justicia civil. Las amenazas y los golpes se repitieron en la delegación de la Procuraduría General de la República, en interrogatorios que fueron presenciados por agentes del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) de Gobernación. Cuando Erika y Efrén terminaron de firmar las mismas declaraciones que les habían fabricado cuando estuvieron en manos del Ejército, se presentaron los delegados de la CNDH.

Los filmaron, los interrogaron y finalmente, en su relatoría posterior, no dieron crédito a sus denuncias de tortura.

El 11 de junio les fue dictado el auto de formal prisión a Erika y Efrén por portación de arma; ella, un AK-47 ?''qué bueno hubiera sido que lo hubiera tenido en ese momento, pero la verdad es que nunca lo tuve"?, y Efrén un revólver. Doce días después los absolvieron de los cargos de terrorismo, asociación delictuosa y acopio de armas, y los acusaron de conspiración e invitación a la rebelión. No les dieron derecho a fianza por tener antecedentes penales. Es decir, la acusación anterior por el mismo hecho. Un truco de Kafka. Doce detenidos fueron liberados y siete consignados.

¿Y la Comisión Nacional de Derechos Humanos? Bien, gracias.

¿Villana mayor?

En el proceso, a Erika le asignaron el papel de villana mayor, con grado de comandante en el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente.
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''Yo ni sabía que existía el ERPI. Había leído acerca del EPR, pero toda mi vida mi activismo fue público y abierto'', dice. De ello hay constancia. Como estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Azcapotzalco participó en las huelgas de 1995, en contra del cambio de plan de estudios, y ya como miembro del Comité Estudiantil Metropolitano en el movimiento en contra del examen único de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Con el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) fue de las primeras en apuntarse en las caravanas de unameros.

''Luego me alejé un poco del movimiento, dedicada ciento por ciento a la escuela. Estaba por terminar la prepa, de hecho sólo me faltó presentar un examen de lógica. Pero mi conciencia no estaba tranquila. Con Ricardo platicamos, vimos que toda la atención estaba centrada en Chiapas y buscamos una zona donde poder ser más útiles. Yo iba como oyente a clases en Sociología, para aprovechar el tiempo mientras llegaban los exámenes en el CCH. Ahí fue cuando conocimos a los compas de la Costa Chica. Y me fui, pues. Lástima, del estado de Guerrero sólo he conocido las cárceles. Y de mi plan de alfabetización, pues sí lo apliqué, cómo no, pero en la cárcel de Acapulco. Se siente padre enseñar a adultos que de veras tienen ganas de aprender. Eso de educar creo que sí se me da.''

--¿Qué piensas de la lucha armada como opción?

--Sé muy poco del tema. Llegué a entender que en esa zona de la Costa Chica pues sí tienen una trayectoria muy larga. No comparto la idea de las armas, pero la entiendo. Hay pueblos que han echado mano de todos los cauces legales y no han logrado nada. Hay que ponerse en sus zapatos para entenderlos.

''Lo que me queda claro es que a nosotros no nos castigan porque piensen que sí somos guerrilleros. Saben bien que no lo somos. Nos quieren usar como escarmiento, como una lección para todo aquel que quiera acercarse a las comunidades que viven las mayores injusticias, quieren advertirle a todos que no se acerquen a ayudar, que no se atrevan a llevar la lucha a las regiones marginadas.''

Puente Grande, no apto para cardiacos

En 1999 coincidieron en el penal de Acapulco varios detenidos políticos. Formaron un comité de presos, redactaban informes sobre las injusticias en serie que se cometen en esa cárcel, llegaron a organizar una huelga de hambre y Erika, además, alfabetizaba. Pronto resultaron incómodos para las autoridades.

El 9 de noviembre los seis del comité fueron llamados a locutorios. ''Algo sospechamos. Intentamos llamar a nuestros abogados temiendo un traslado, pero no hubo tiempo''. En la puerta del penal ya había un imponente operativo de la Policía Judicial Federal. Esposados y golpeados fueron trasladados al aeropuerto, y en un avión de la PGR a Guadalajara. En el trayecto fueron sometidos a torturas, a simulacros de ser arrojados al vacío, con saña especial en contra de Erika, que se revolvía furiosa vistiendo su playera con la leyenda Aguas Blancas, justicia. Finalmente llegaron al penal de máxima seguridad de Puente Grande, los dominios de El Chapo Guzmán.

''¿Qué puedo decir de lo que es ingresar a un penal de ésos? ¿Se acuerda del escándalo que hicieron cuando pasaron por televisión el trato que le dieron a Mario Villanueva? Se quedaron cortos, la realidad es un poco más intensa, no apta para cardiacos. Es demasiado pesado, te traen todo el tiempo con la cabeza agachada, gritándote, a todo tienes que contestar sí señor, no señor. Comparado con Almoloya, esos son suavecitos.''

Llama la atención la forma de sonreír que tiene Erika para restarle dramatismo a sus palabras. ''Peor si eres mujer. Peor que en el cine. Desnuda, tienes que hacer sentadillas. Y después te hacen el tacto anal y vaginal. Con brusquedad. Te cortan el pelo al ras, un corte horrible. Había cosas más humillantes antes, pero las logramos cambiar con una huelga de hambre. Rodeadas de puros hombres, las mujeres teníamos que caminar con las manos atrás y la cabeza agachada. Prohibido saludar y hasta voltear a ver a los internos de distintos módulos, que es lo único que hay allí. Por obvias razones, por educación, muchas veces contestábamos un saludo y las perjudicadas éramos nosotras.''

--¿Cómo hiciste para resistir?

--Pues confiando en un pronto traslado. Y no dejarnos caer, para no darles el gusto de que nos vean destrozadas. Cuando te reciben te dicen que hay tres formas de morir: la muerte del cuerpo, la muerte espiritual y la muerte de la mente. Lo que te sostiene es no darles ese gusto. Otras mujeres se azotaban. Diana Patricia, una que estaba presa por homicidio, que la pasaron a Puente Grande por liderear revueltas de presas en el Distrito Federal, se la pasaba pensando en el suicidio.

La universitaria fue obligada a estudiar desde las primeras letras de la primaria. Su hermana Evelyn y su madre recuerdan que eran tan estrechos los estímulos mentales de Erika, que con el tiempo empezó a tener dificultades para expresarse.

Pero ella se aferró. Leía lo más que podía. Novelas, algunas revistas a las que tenía acceso, Arqueología, México Desconocido, no mucho más. Tomaba oxígeno de los 10 minutos de llamada telefónica a los que tenía derecho los fines de semana, sobre todo con su mamá y su hermana.

También ahí organizó una huelga de hambre entre las reclusas contra las condiciones que les parecían más humillantes. Principalmente el asunto de las toallas sanitarias, algo insoportable. Se les entregaba una sola toalla. Cuando requerían un cambio debían entregar la sucia. Y el desodorante. Les proporcionaban uno de hombres que les irritaba la piel. Con su protesta lograron cambiar mínimamente esas condiciones. Otro de sus logros fue el derecho de dejarse crecer el cabello.

En julio del año pasado la defensa de Erika Zamora ganó un amparo contra el traslado y fue llevada al penal de Chilpancingo. Los fines de semana se forman verdaderas tertulias con estudiantes de distintas facultades de la UNAM que acuden a la visita. Con algo de retraso lee periódicos y revistas, habla con sus amigos, tiene más contacto con sus padres. Algunos presos por razones políticas de Guerrero han formado una pequeña familia en torno a Erika. Ahí espera la última gestión de su proceso judicial: la apelación que podría enderezar un juicio viciado. En la Secretaría de Gobernación, en pláticas con el subsecretario Ramón Martín Huerta, se ha llegado a un acuerdo de reabrir el caso a partir de la apelación por un amparo.

Mientras, Erika estudia Lógica II para presentar el examen del último cabito que dejó suelto en el CCH.

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