Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 15 de febrero de 2002
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Política

Horacio Labastida

Consenso de Washington y empresas públicas

Las recientes declaraciones del presidente Vicente Fox y algunos miembros de la alta burocracia advirtiendo que no se buscan las privatizaciones de Pemex, Comisión Federal de Electricidad y Luz y Fuerza del Centro, y sí la asociación de estas empresas en esquemas de coinversión con capitales privados extranjeros o locales, traen a cuento algunas consideraciones fundamentales.

Rememoro en primer lugar los estudios que muestran las determinaciones que el poder económico impone a las más importantes decisiones del poder político, o sea que en el caso examinado el peso específico del capital privado al interior de las empresas públicas generaría de inmediato un cambio sustantivo central: los negociantes particulares, sobre todo los trasnacionales, purgarían los intereses nacionales que representan esas empresas al sellar su lógica de ganancia y acumulación de riqueza en la modelación de sus operaciones.

Durante la administración de Gustavo Díaz Ordaz, siendo director de Pemex Jesús Reyes Heroles, se cancelaron los llamados contratos de riesgo, muy aleccionadores por los agudos perjuicios que causaron al país. En los contratos de riesgo participaban compañías extranjeras vinculadas directa o indirectamente a las Siete Hermanas -los poderosos monopolios petroleros planetarios- comprometiéndose con Pemex en planes, con financiamiento propio, de localización, exploración e industrialización de hidrocarburos, autorizándose la recuperación de los gastos a base de sustanciales tajadas del pastel producido, habida cuenta de que en estas operaciones y repartos Pemex ocupó siempre un segundo lugar al confrontarse a la soberbia de capitalistas privados protegidos por la presión de sus embajadas, muy especialmente de la Casa Blanca. ƑAcaso existen ahora garantías que impidan la indeseable repetición de lo ocurrido antes?, Ƒla naturaleza depredadora del capitalismo trasnacional y sus gobiernos se habrá transformado en ánimo redentor de las empresas públicas que aún perviven en México?

El viejo apotegma del amanecer burgués estadunidense fue, según Benjamín Franklin, the time is money, transfigurado ahora por las grandes empresas en the men are money, connotante del carácter superexplotador de los señores del dinero.

En segundo lugar evaluemos aquellos puntos de vista presidenciales en el marco del llamado Consenso de Washington o conjunto de instancias imperativas que el Tío Sam inyecta en las venas de Latinoamérica con la excepción de Cuba, a fin de excluir su libre autodeterminación y subordinarla a la hegemonía del capital trasnacional formalizada en el gobierno estadunidense. La asfixiante deuda que soportan México y el resto de las naciones latinoamericanas, observa John Williamson en célebre ensayo (What Washington Means by Policy Reform, Washington, 1990), exige que pongan su casa en orden, con objeto de habilitar el puntual servicio de la deuda y continuar siendo aceptables sujetos de crédito, en armonía y sin remilgos con las reclamaciones de los acreedores, reformas éstas que puntualmente reflejan el Consenso de Washington y no las demandas de los pueblos deudores, a saber: eliminar el déficit fiscal, reducir o excluir subsidios, restringir el gasto social, aumentar impuestos, dejar que el mercado establezca las tasas de interés e intercambio monetario (tasas fluctuantes), respeto absoluto al derecho de propiedad, desregulación de las actividades económicas, y las tres medidas torales: libre comercio, apertura cabal a la inversión extranjera y, a mata caballo, integración de financiamientos, capitales y empresas latinoamericanas con empresas trasnacionales fuera o dentro de pactos de libre comercio y previsibles mercados comunes.

Meditemos, preguntemos: Ƒestamos o no en la atmósfera del Consenso de Washington al hablar de coinversiones entre el capitalismo privado y las empresas públicas? Sí, no, Ƒusted qué piensa?

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