Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 22 de febrero de 2002
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Cultura
El escritor Molière y el compositor Lully coadyuvaron a afianzar su poder

Corbiau recrea en Luis XIV, el Rey Sol la faceta de bailarín y mecenas del monarca absolutista

Antes de asumir su reinado primero fundó la Academia de la Danza, destaca el cineasta

Como en su largometraje Farinelli, la música vuelve a erigirse en protagonista

NURIA IBAÑEZ ESPECIAL

Como lo hiciera en Farinelli, célebre aproximación al mundo de los cantantes de ópera castrati, el cineasta francés Gérard Corbiau regresa al terreno excesivo y fastuoso de los artistas de la corte con Luis XIV, el Rey Sol. Se trata de una recreación histórica que descubre la faceta desconocida de este monarca absolutista -que reinó en Francia entre 1643 y 1715- como maravilloso bailarín y mecenas mediante su ambigua relación con el compositor de origen italiano Jean Baptiste Lully.

Al igual que en Farinelli (Globo de Oro como mejor película extranjera en 1994), la música vuelve a erigirse como protagonista que arrastra, desboca y contribuye al delirio de los personajes. Corbiau confirma así que es un exquisito y puntilloso recreador de atmósferas palaciegas que transportan al espectador a una época que rezuma todo el sabor de la leyenda, donde los hechos históricos archiconocidos se combinan con la ficción de pasiones desaforadas. Por ello, no es de extrañar que el director haya situado todo este enjambre de sentimientos arrebatados en un contexto no menos hiperbólico, el reinado del Rey Sol, para hacer una interesante reflexión, llena de vigencia, sobre la íntima relación entre el arte y el poder.

Disfrutar, no sufrir la música

-En Luis XIV, el Rey Sol la música, más allá de enfatizar los momentos más dramáticos, actúa como auténtico protagonista del filme.

-Sí, la música es un personaje más de la película y se sitúa en el centro de la trama. Y como cualquiera de los personajes, sufre una evolución: parte del ballet de la corte para convertirse poco a poco en música para teatro y finalmente desembocar en la ópera. Es verdad que me interesa la música porque fluye en paralelo con la narración y ambas se apoyan.

-¿Cuáles son los resultados?

-Lo que más me interesa es hacer un tipo diferente de cine para que el público pueda disfrutar de la música en toda su magnitud y no tenga que sufrirla como en la mayoría de películas. Las técnicas de sonido de reproducción en las salas de que disponemos en la actualidad nos permiten sacar todo el partido al poder de fascinación de la música.

-¿Por qué le interesó develar el lado oculto del rey Luis XIV como mecenas de artistas y precursor de la danza clásica?

-Hay algo formidable en esta historia porque trata de una faceta de su vida que se desconocía por completo. Desafortunadamente, cuando de pequeños estudiamos historia no nos cuentan que el Rey Sol fue un maravilloso bailarín. Quería mostrar este aspecto porque permite abrir otras perspectivas en el devenir de Francia y facilita la comprensión de la personalidad de Luis XIV. La danza, para él, fue tan importante que tres semanas antes de llegar al poder lo primero que hizo fue fundar la Academia de la Danza, que supone el origen de la danza francesa clásica, lo que explica que en poco tiempo todas las cortes europeas bailasen al son de los maestros franceses.

-Pero en su película se muestra que su mecenazgo no sólo responde a su pasión personal por el arte, sino a otro tipo de fines.

-Desde luego, Luis XIV utiliza todas las artes en su propio beneficio porque él también es un artista y soñaba convertirse en pintor, hacer teatro, etcétera. El teatro de Molière, la música de Lully o la ópera francesa son todos asuntos políticos. Así que utiliza cada disciplina artística para afianzar su poder.

Ser divino a los ojos de todos

-La relación entre el poder y el arte significa que los creadores se convierten en siervos de los poderosos.

-Estoy totalmente de acuerdo. Moliére y Lully no fueron otra cosa que esclavos a disposición del rey. Pero también hay que saber lo que en aquella época significaba ser siervo del monarca, a saber, un privilegio que los hacía formar parte de una especie de familia de intocables. Además de guardarle fidelidad extrema, los artistas lo amaban e idolatraban hasta límites insospechados. Es cierto que el rey utiliza su arte para demostrar su poder, y se deshace de ellos como si fueran trapos viejos, pero ellos nunca se oponen a esta filosofía.

-¿La relación tan destructiva entre unos y otros tiene mucho que ver con el afán de inmortalidad que se concedía y aún hoy se concede al arte?

-Sí, lo que trataba de mostrar es que el rey se consideraba un Dios y Lully, mediante su música, había magnificado todos los gestos del monarca y había contribuido a divulgar esa imagen del soberano como un ser divino a los ojos de todos.

-¿Cree que combinar hechos históricos con personajes de ficción es la fórmula más idónea para recrear una página de la historia?

-Está claro que cuando se aborda una película histórica hay dos elementos en continua contradicción. Por un lado, los históricos, que no se pueden obviar y se deben respetar y, por otro, las necesidades de creación y dramaturgia. Entonces, uno tiene que sentir la libertad de retomar esos personajes históricos y recrearlos en la ficción, siempre que, lógicamente, se respeten los hechos irrefutables.
 



 
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