Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 26 de febrero de 2002
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Cultura

Teresa del Conde

Homenaje en Coyoacán

El jueves pasado la Delegación Coyoacán rindió un homenaje al más distinguido vecino de la colonia, que no es otro que don Manuel Alvarez Bravo. Con impecable organización de Hilda Trujillo y Carlos Enríquez, un público numeroso escuchó alocuciones de Héctor García, Pablo Ortiz Monasterio y de quien escribe.

No hubo discusión posterior porque la plática de Héctor García tendía a prolongarse de manera indefinida, salpicada de un rico anecdotario que involucró a la Parábola óptica. Pablo Ortiz Monasterio abundó en ello y gracias a eso algunas cuestiones se aclararon. La toma que yo llamo ''ortodoxa'', multirreproducida siempre con los caracteres invertidos de la óptica moderna S Spirito (cosa que los hace parecerse un poco al alfabeto cirílico), no tiene su origen en un reflejo divisado desde el espejo de la peluquería. Don Manuel, entonces de 29 años, en efecto se encontraba en la silla del peluquero y miraba el espejo con actitud relajada. Decidió hacer la toma y salió de allí. Al ver la negativa (siempre se ha referido a los negativos en femenino) decidió que se imprimiera al revés, pero también quedó una impresión llamémosle ''normal''. Se decidió por la impresión que se asemeja a un reflejo especular y ésta fue la toma consagrada que provocó que Weston y otros lo emparentaran con Atget. Décadas después ocurrió algo que en su momento me hizo mucha gracia. Un impresor ibérico decidió ''recomponer'' la toma ''ortodoxa'' y la publicó al derecho, cosa que fue rememorada con hilaridad durante el homenaje coyoacanense al que no asistió don Manuel (algo perfectamente natural) ni ningún familiar o conocido suyo enviado en calidad de representante.

La idea de invitar a Héctor García y a Pablo Ortiz Monasterio a participar en esa mesa redonda fue mía y los organizadores, que hicieron imprimir un hermoso poster con la toma de la calabaza y el caracol, la aceptaron con beneplácito. Las intervenciones de ellos tocaron un asunto que reviste capital importancia: el mercado de la fotografía en todo el mundo y su todavía escasa incidencia en nuestro país. A partir de un comentario mío, Héctor García -quien asistió a la inauguración de la muestra de don Manuel en el MoMA de Nueva York (1997)- abundó sobre su visita a una galería que se encontraba en el piso 32 de un edificio para nada notable. Hizo la visita en vista de que S. Kismarik, la curadora fotográfica del MoMA y responsable de esa muestra, le recomendó que visitara el lugar. Se llevó una gran sorpresa porque allí se exhibían sólo fotos vintage y entre éstas se encontraba una de la Parábola óptica impresa con los caracteres sin invertir. Esa fue la pieza que fue adquirida en 94 mil dólares, en aquel momento. Quien la vendió, un coleccionista y dealer de fotografía, la había adquirido de forma inicial por 200 o 300 dólares muchos años ha y sucede que ha venido vendiéndola, adquiriéndola de nuevo y revendiéndola. Es muy probable que vuelva a adquirirla.

El término vintage, se dijo acertadamente, es de origen vitivinícola, pero se aplica a las impresiones fotográficas realizadas por el propio autor o supervisadas por él o ella, a partir de que la toma fue realizada y hasta cuatro años después. Las impresiones posteriores ya no son vintage. Y son sólo éstas las que alcanzan precios que hoy día pueden ser estratosféricos, de modo que casi ocurre lo mismo que con el grabado y por eso son varios los artistas de la gráfica que cancelan sus placas para controlar el número de ejemplares, de lo contrario puede suceder que se usen de nuevo y si el autor no controla las impresiones o desconoce su realización, éstas son piratas. Tal cosa ha sucedido en múltiples ocasiones.

Las impresiones vintage suelen ir firmadas por el autor, pero no hay desdoro en el hecho de que éste firme también impresiones posteriores si así lo desea. Yo poseo una Parábola óptica obsequiada por don Manuel y viene dedicada por él y por Colette Alvarez Urbajtel, toda vez que la impresión es de esta última. Se ha exhibido en el Museo Carrillo Gil. No es una impresión vintage, pero el hecho de que ostente dedicatoria del autor, la convierte en algo especial.

Lo que no me queda tan claro es una situación a la que me referiré ahora. Alberto López Cuenca, en un estupendo artículo que versa sobe el mercado del arte en Estados Unidos, publicado en la Revista Libros de la Fundación Caja Madrid, menciona que la fotografía del lienzo de Jackson Pollok, One: number 31 tomada por el alemán Andreas Gursky, se vendió en Sotheby's por 310 mil dólares y que Christie's adjudicó a Untitled # 209, de Cindy Sherman, la cantidad de 269 mil dólares. Me pregunto si esos precios crecidísimos fueron adjudicados a tales obras debido a que son ejemplares únicos , en cuyo caso el objetivo de la fotografía se perdería, analogándose al de la pintura, al de una talla directa en piedra o madera o quizá al de los monotipos.

Quedaría por elucidar en qué situación se encuentran las imágenes digitalizadas. No son pocos los artistas -pintores incluso- que están exhibiendo incluso aquí en México imágenes digitales a la par que dibujos, grabados y pinturas. El precio de las primeras quedará fijado por la demanda que exista al respecto, pero yo todavía no conozco coleccionistas mexicanos de este tipo de productos, que sin embargo están ingresando a las galerías. El costo de su impresión suele ser bastante alto, por lo que los tirajes son reducidos o se reducen a una sola impresión en cuyo caso la obra, aunque mecánica y reproductible según la conocida expresión de Walter Benjamin, adquiere carácter único. Por estas razones, cuando una de mis alumnas en la Facultad de Filosofía y Letras comentó que ''la fotografía era el arte más democrático'' me opuse a su consideración. Sí, es democrático en tanto yo puedo salir con una camarita y tomar la fuente de la Casa del Risco. Quizá esa toma pueda servirme para mis clases y nada más. No eso, ni las fotos de los familiares y amigos, ni las de los viajes tienen valor económico alguno, aunque puedan tener algún valor simbólico para quien las realiza. Que pueden tener ciertos efectos estéticos, la verdad, lo dudo mucho. Lo tendrán para el ojo de algún receptor encariñado, pero un efecto estético no equivale a un consenso estético.

A pesar de los homenajes, tan bienvenidos, que se le han rendido a don Manuel Alvarez Bravo y con todo y el hermoso libro que ya comenté en esta misma sección, editado por Turner, Cien años, cien días, todavía las investigaciones en torno del gran fotógrafo mexicano y de sus legados de indudable importancia están lejos de acercarse a la completud, pues las pesquisas en torno de las negativas de su archivo resultan, por lo menos, difíciles de realizar hoy día.

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