-------------


 

8 de marzo

Victoria Sendón de León

 

¡Qué bueno que las mujeres tengamos un día para nosotras! También lo tienen los enfermos de Parkinson, las ballenas, el reumatismo, los pingüinos, los bosques de hayas..., en fin. No sé si se sigue manteniendo para recordarnos nuestra feminidad o para que las amigas nos encontremos en alguna manifestación o fiesta ocasional para celebrar... pues eso, que somos mujeres. ¡Bravo! Se trata de un día entrañable, desde luego; lo malo es lo poco entrañables que son los 364 restantes.
Bueno, tal vez sirva para gritar al mundo que la lucha continúa, pero ¿realmente continúa? Pocas, muy pocas, son las que siguen luchando por las mujeres y lo hacen por cosas distintas. Unas pelean por la paridad en los centros de decisión política, cultural o económica; otras se organizan para mejorar la situación de las más desfavorecidas; y algunas quieren cambiar el modelo de mundo porque la igualdad con los varones no supone ninguna chamba tal como está el patio. Pero me sigo preguntando ¿para qué sirve el 8 de marzo? Una iniciativa que circula por ahí y que se va extendiendo es la de la huelga general de mujeres para ese día, pero una huelga en serio: en el trabajo, en la casa y en la cama. Serviría para visibilizar el pedazo de mundo que mantenemos sobre nuestros hombros o sobre nuestras cabezas como las cariátides del Partenón de Atenas. Sería algo similar a lo que hicieron Lisístrata y sus compañeras cuando se negaron a acostarse con sus maridos hasta que terminaran con sus malditas guerras de una vez por todas. Y lo consiguieron. Claro que esto no era más que una comedia de Aristófanes.
La comedia actual es la de creernos que este día puede solucionar algo, la de creernos que en ese día Israel no disparará contra los palestinos o que estos no irán a suicidarse en pleno centro de Jerusalem; la comedia consiste en pensar que en nuestro día Bush no incluirá a algún otro país en el eje del Mal; que los hombres no seguirán violando o matando mujeres o que los proxenetas darán vacaciones a sus chicas secuestradas. La comedia es la concesión misma de este día.
De todos modos, mi optimismo radical siempre espera que se produzca el milagro, pero ¿qué milagro? El milagro de que los estúpidos afanes y objetivos masculinos se tornen en aspiraciones, al menos, sensatas. Es absurdo el modelo de mundo que se nos trata de imponer, y más absurdo que las mujeres intentemos integrarnos o colaborar, pero el amor, la sumisión, el miedo, la necesidad, la colonización y cierta nebulosa mental nos impelen a ello. ¡Mujeres del mundo, párenlo!